Las pulsiones automatizadoras de muchas empresas contrastan con la verdadera naturaleza de la inteligencia artificial: sin talento, sirve de poco. Podríamos estar asistiendo al inicio del declive de las empresas que no logren entender que los recortes a corto plazo derivados de las capacidades de la IA se convertirán en un coste en el futuro… si el talento no lo remedia.
A veces hacen ruido y a veces hacen menos ruido, pero las noticias sobre recortes y despidos ejecutados por empresas de toda índole (aunque, especialmente, del sector tecnológico) son una constante desde hace varios años.
Una de las causas es el sobredimensionamiento que adquirieron esas plantillas durante la pandemia, que, simplemente, se han reducido hasta sus cifras necesarias. Pero hay otra causa que no ocultan quienes aprueban estas medidas: la automatización derivada de la inteligencia artificial.
Las cifras dicen que un tercio de los españoles utilizan IA diariamente, una cifra ganada en el poquísimo tiempo que ha transcurrido entre finales de 2022 (cuando vio la luz ChatGPT) y el momento presente. Pocas tecnologías han adquirido tal popularidad en tan poco tiempo.
Pero no es para menos, dado que la IA no es una tecnología cualquiera ni una más: es ‘LA’ tecnología; la que probablemente nos llevará a la ‘singularidad’, el momento en el que las máquinas superarán en capacidades a los humanos. Y es ahí, precisamente, donde se están apoyando las empresas que acometen despidos. Pero ¿son realmente conscientes de lo que está en juego?
Un mundo sin humanos
Ejecutar recortes de plantilla para sustituir a esos empleados (o sus tareas) por una IA es una tentación. El hecho de poder ahorrar unos cuantos salarios delegando en un chatbot actividades que puede realizar con razonable maña puede ser comprensible desde un punto de vista que solo tenga en cuenta el balance. Algo demasiado frecuente en una parte del tejido productivo: la que no cree en la innovación, el crecimiento o la sostenibilidad del negocio en el tiempo, sino en el beneficio del próximo trimestre.
Si bien cualquier negocio tiene la obligación de ser rentable, algunos estudios ya están cuestionando que despedir a humanos para sustituirlos por una IA sea realmente rentable.
Quizás en el corto plazo dejar de pagar salarios de 2000 0 3000 euros al mes para sustituirlos por suscripciones de poco más de 20 euros pueda sonar rentable, y ciertamente lo es. Pero las consecuencia de despreciar el talento humano se hacen evidentes cuando se comprende cómo funciona la inteligencia artificial.
No somos nada… sin las personas
A día de hoy, y hasta que su propia evolución demuestre lo contrario, una IA solo es realmente útil cuando un humano que comprende su funcionamiento la utiliza con rigor. Pedir que ChatGPT que genere un texto, una imagen o una hoja de Excel puede hacerlo cualquiera.
La cuestión de fondo es si una empresa se puede permitir contentarse con el resultado que arroje un chatbot que ha respondido a una petición plana, sin la profundidad que solo un profesional entrenado puede dar.
Hay una historia que demuestra que ningún profesional es innecesario: la del conductor que lleva su coche al taller por una supuesta avería y ve cómo para arreglarlo tan solo había que apretar un tornillo, a pesar de lo cual la factura es más elevada de lo que piensa. “¿Me vas a cobrar 100 euros por apretar un tornillo?”, dice, extrañado, el usuario. “No”, replica el mecánico, “por apretar el tornillo no te cobro nada: los 100 euros son por saber qué tornillo debía apretar”.
Esta historia nos ayuda a comprender que todos podemos pedir a un chatbot que haga el trabajo de ese empleado, o el nuestro propio. Pero el verdadero poder de la IA se desbloquea cuando es un profesional con talento, tanto en su ámbito como en el conocimiento de la IA, el que utiliza al chatbot en su propio beneficio.
Las empresas que están despidiendo para ahorrarse unos euros ni comprender ni quieren comprender que, cuando no queden ya empleados por despedir, será el último de la fila el que deberá pedir al chatbot que haga todo el trabajo.
Y esa precariedad no solo hará inviable asumir nuevos proyectos, sacar adelante las tareas en marcha o innovar, sino competir en un mercado en el que únicamente llegarán a la meta quienes comprendan que es la combinación de talento humano equipado con IA el caballo ganador, de manera que es el reskilling la verdadera medida de ahorro a largo plazo que tiene sentido en estos momentos: formar a los empleados para que sean ‘ninjas’ en el uso de la IA a su favor y el de su empresa para convertirse en ‘súperempleados’.
Todo lo demás es pan para hoy y hambre para mañana. Buena suerte.
Miguel Ángel Ossorio Vega es doctor en periodismo especializado en tecnología y redactor jefe de ECOFIN.es y responsable de contenidos del clúster MAD FinTech.














