La educación activo emocional

La Real Academia de la Lengua, en su Diccionario, define EDUCACIÓN como la acción y efecto de educar, y EDUCAR como enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía.

Nos sería imposible hablar de EDUCACIÓN, si esta previamente no la incardinamos con la CULTURA. Así que vuelvo a hacer referencia a la Real Academia y a su significado de CULTURA como conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos, en una época o grupo social.

De ambas definiciones colegimos que la EDUCACIÓN no es un término absoluto sino relativo a una cultura determinada. Así para lo que en algunas culturas un comportamiento puede ser de buena educación, en otras por el contrario lo será de mala educación.

Recapacitar sobre cómo nos hace sentir el  trato educado o maleducado dispensado por  los demás y por nosotros mismos, experimentar como este simplifica o complica nuestras  vidas, es lo que nos lleva a profundizar sobre el grado de educación que poseemos  y a adoptar las  medidas necesarias  para afianzar o corregir nuestro comportamiento.

Todos podemos, de forma puntual, en un momento dado y ante situaciones complicadas reaccionar de forma incorrecta y expresarnos utilizando palabras y gestos inadecuados, pero ello exige que a continuación, según el protocolo de los usos y buenas costumbres, manifestemos nuestro arrepentimiento balbuceando “un lo siento, no era mi intención.” Es lógico y natural trasmitir nuestras demandas a los demás pero  siempre desde la educación y el respeto sin exigir, obligar o censurar. Convertir  la pérdida de buenos modales en un  hábito de vida es lo que daña el vivir en paz y en buena convivencia.

La cortesía amplía nuestras oportunidades de futuro. Un trato exquisito en la relación personal, resultado de  aplicar buenos modales, es lo que da pie a que nuestras actitudes y comportamientos sean aceptados, estimados y no rechazados en el ámbito social, profesional y empresarial. Un buen currículum no son solo títulos académicos, experiencias e idiomas, es también el tener aquella educación necesaria que nos permita comportarnos adecuadamente en función de las circunstancias y del contexto en el que nos encontremos.

La educación no solo implica ser cortés con algunas personas, implica ser cortés con todas.

La educación no solo implica ser cortés con algunas personas, implica ser cortés con todas.

La educación de las personas no va unida al estatus social, profesional o económico, es inherente a cómo somos como personas y de cómo vivimos la vida junto a los otros. La educación no solo implica ser cortés con algunas personas, implica ser cortés con todas.

Sobrellevar la mala educación del entorno no es fácil.Todos conocemos y hemos sido víctimas alguna vez de  la dificultad que presentan algunas personas, obviamente sin educar, en introducir un “Buenos días” en su rutina diaria o en mostrar agradecimiento por la ayuda prestada en un momento puntual. Pero la responsabilidad de que esto no vuelva a suceder es nuestra. Es responsabilidad de la sociedad el hacer ver a las personas los  deficientes modales y lo que ello lleva implícito, para que reflexionemos y cambiemos de actitud. La educación nutre al ser de respeto y admiración frente a los demás.

Continuamente nos quejamos de la mala educación que invade nuestras vidas,  pero somos incapaces de asumir responsabilidad sobre ello. Ser educado conlleva valores, y el respeto es uno de ellos. Es lo que hace que el otro se sienta seguro, tranquilo y comprendido a nuestro lado.  Sin él nunca seremos capaces, de convivir y negociar con lo imposible, de entender lo que es verdaderamente importante para los demás y de  comprender lo que lleva implícito la palabra educación. Seamos pues  disciplinados en trabajar este valor, denunciemos las situaciones donde se infrinja el ser considerados con los demás de pensamiento u obra.

La educación gana en esplendor en situaciones de conflicto. Son en ellas donde la persona pone su voluntad y forma de actuar al servicio de sus impulsos, secuestrado por sus emociones, fijando la atención en la conducta de su agresor  sin pensar con lógica. Dar muestras de amabilidad y consideración ante los  conflictos muestra la excelencia de una buena educación y nos exonera de ser víctima del que nos agrede.

Elsa Martí Barceló, médico de familia y directora de la Escuela de Liderazgo Emocional (ELE).

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