Grupo Valía: «La eficiencia asegura el impacto positivo»

Grupo Valía sigue creciendo año a año en su apuesta por la gestión patrimonial personalizada y sin riesgos. Alberto Alonso, su fundador, reivindica una gestión profesional e integral del patrimonio de sus clientes: deportistas, empresarios y empresas. Su última apuesta exitosa son las instituciones religiosas, que combina sostenibilidad económica, continuidad de sus obras y respeto a su misión. La filial Valía Instituciones Religiosas aborda los retos de los inmuebles, las finanzas y la planificación a largo plazo. Un negocio de confianza que se ha extendido por toda España y comienza a dar sus pasos en numerosos países. Por todo ello, Valía Instituciones Religiosas figura entre las candidaturas a los Premios Titanes de las Finanzas 2026 de Foro ECOFIN. Hablemos con el financiero Alberto Alonso.

PREGUNTA.- Para quienes todavía no conozcan Grupo Valía, ¿cómo definirían la compañía y cuál es el valor diferencial de un modelo que combina asesoramiento patrimonial, financiero, empresarial e inmobiliario?

RESPUESTA.- GRUPO VALÍA es un grupo español de asesoramiento especializado, con más de 20 años de actividad, que acompaña a empresas, familias e instituciones en la gestión de sus decisiones económicas y de su patrimonio global. Nuestro rasgo diferencial es integrar, bajo una misma visión estratégica, el asesoramiento financiero, empresarial, patrimonial e inmobiliario. No vemos los activos de forma aislada: analizamos cómo se relacionan entre sí, qué objetivos deben cumplir y qué decisiones generan más valor a largo plazo.

Trabajamos con equipos multidisciplinares que reúnen economistas, expertos financieros, profesionales inmobiliarios, juristas y especialistas sectoriales. Esto nos permite pasar del diagnóstico a la ejecución, desde la planificación y la financiación hasta la gestión y la materialización de operaciones. Aportamos independencia de criterio, cercanía y capacidad de respuesta en situaciones complejas.

Nuestro primer objetivo es ser útiles al cliente. Entendemos la eficiencia y la excelencia profesional como la combinación de resultados económicos, capacidad, compromiso, confianza, prudencia y continuidad de esfuerzo día a día. Esa filosofía explica nuestra especialización en ámbitos tan distintos como las empresas familiares, las instituciones educativas y las instituciones religiosas.

P.- Una de sus áreas de especialización es el asesoramiento a instituciones religiosas. ¿Cómo surge esta línea de actividad y cuáles son actualmente las principales necesidades de congregaciones, fundaciones y otras entidades vinculadas a la Iglesia?

R.- Esta línea surge de una convicción: las instituciones religiosas desarrollan una labor espiritual, educativa, sanitaria, cultural y social extraordinaria, pero necesitan estructuras profesionales que ayuden a sostenerla en el tiempo. Encontramos una gran afinidad entre sus valores y los nuestros: honradez, confianza, dedicación, respeto, discreción y compromiso de largo plazo. Por eso no planteamos una relación de proveedor convencional, sino equipos de trabajo conjuntos, adaptados al carisma, las prioridades y los órganos de gobierno de cada institución.

Las necesidades son cada vez más transversales: inventariar y optimizar inmuebles, gestionar tesorería e inversiones, asegurar presupuestos y liquidez, atender obligaciones contables, fiscales y laborales, financiar proyectos y administrar donaciones, herencias y legados. También es fundamental acompañar la continuidad o transformación de colegios, residencias, hospitales, obras sociales y actividades culturales.

La amplitud de nuestros servicios refleja esta realidad: asesoramiento financiero, financiación, gestión de activos inmobiliarios, valoracion de activos, control de gestión, análisis y cobertura de riesgos, prevención de blanqueo de capitales, gestión de recursos humanos, acompañamiento en adquisiciones y desinversiones, y gestión de donaciones y herencias. La clave no es ofrecer servicios aislados, sino coordinar cada decisión con el conjunto de necesidades de la institución. Acumulamos más de 20 años de experiencia, más de 600 operaciones y servicios profesionales a más de 50 instituciones religiosas, con experiencia en España y otros mercados internacionales. El propósito es claro: proteger su misión asegurando la viabilidad de sus recursos y de sus obras.

P.- Las instituciones religiosas cuentan en muchos casos con un importante patrimonio inmobiliario, pero también con edificios históricos, colegios, residencias o comunidades que deben mantener y gestionar. ¿Cuáles son los principales retos que encuentran a la hora de optimizar este patrimonio sin perder de vista la finalidad y los valores propios de cada institución?

R.- El primer reto es comprender que no estamos ante un patrimonio meramente inmobiliario. Muchos bienes tienen valor histórico, cultural, espiritual y comunitario, además de un valor económico. Por eso una decisión acertada no siempre es vender al mejor precio: puede consistir en conservar, rehabilitar, alquilar, compartir usos o transformar un inmueble para sostener una actividad de la institución. Es esencial disponer de un inventario patrimonial actualizado, conocer la situación registral y urbanística, estimar costes de mantenimiento e inversiones necesarias y evaluar el rendimiento económico y social de cada activo. A ello se suman la protección del patrimonio histórico, la eficiencia energética, la accesibilidad y las autorizaciones que correspondan conforme al ordenamiento civil y, en su caso, al derecho canónico.

Nuestro criterio es formular planes patrimoniales individualizados y sostenibles, con análisis técnico, jurídico y financiero, órganos de decisión bien informados y procedimientos transparentes. La finalidad no es mercantilizar el patrimonio eclesiástico, sino evitar su deterioro y ponerlo responsablemente al servicio de la institución, de sus miembros y de la sociedad.

P.- Grupo Valía defiende la necesidad de profesionalizar la gestión de estas entidades. ¿Qué margen de mejora existe todavía en aspectos como la planificación financiera, la gestión de inmuebles, el control de costes o la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos?

R.- Existe un margen de mejora muy relevante y, sobre todo, una oportunidad de liberar recursos para dedicarlos a la misión de cada entidad. Con frecuencia, el salto cualitativo comienza por cuestiones básicas: presupuestos plurianuales, previsiones de tesorería, indicadores de gestión, inventarios fiables, análisis de costes por actividad y sistemas de control interno. Sin información ordenada es difícil anticiparse a problemas o asignar bien los recursos.

Profesionalizar no significa perder identidad ni autonomía. Significa dar a los responsables de la institución mejores herramientas para decidir y, cuando convenga, incorporar especialistas externos bajo su supervisión. En la gestión inmobiliaria se pueden mejorar ocupaciones, contratos, mantenimiento y usos. En finanzas, ordenar liquidez, inversiones y riesgos. En actividades económicas, medir la sostenibilidad de colegios, residencias y obras sociales. Y en ingresos, explorar fórmulas compatibles con los fines institucionales, desde el arrendamiento responsable de inmuebles hasta la captación y buena administración de donaciones y legados.

Nuestro modelo de trabajo busca reducir costes, optimizar procesos, mejorar la agilidad organizativa, evaluar adecuadamente los servicios externalizados e incrementar la productividad, sin que ello suponga renunciar a la misión fundacional. Trabajamos sobre tres ámbitos relacionados: activos inmobiliarios, activos financieros y actividades económicas, con protocolos de gestión y control de las inversiones. Todo ello exige transparencia, cumplimiento normativo, prudencia financiera y rendición de cuentas. La eficiencia no es un fin en sí mismo: es un medio para ampliar y asegurar el impacto positivo de las instituciones.

P.- El envejecimiento y la reducción del número de miembros de algunas congregaciones están transformando sus necesidades patrimoniales. ¿Está provocando esta realidad un aumento de operaciones de venta, alquiler, transformación o reutilización de inmuebles? ¿Qué tendencias están observando en el mercado?

R.- Es importante comprender que en la mayoría de los casos es preferable no tener que vender e intentar que los inmuebles se queden en las Instituciones, pero generando ingresos a través de derechos de superficie o alquileres. O sino en alguna otra Institución de la Iglesia. Observamos una mayor necesidad de revisar la adecuación del patrimonio a la realidad actual de algunas congregaciones. El envejecimiento de las comunidades, la evolución de las vocaciones, los costes crecientes de conservación y los cambios demográficos obligan a preguntarse qué inmuebles siguen siendo necesarios, cuáles pueden compartirse y cuáles requieren un nuevo destino. No existe, sin embargo, una solución única ni una tendencia uniforme para todas las instituciones.

En nuestra experiencia están ganando importancia los estudios de viabilidad previos a cualquier decisión y las alternativas a la venta inmediata: arrendamientos a largo plazo, cesiones de uso, reconversión de edificios, rehabilitación y alianzas con operadores especializados. En los activos educativos, por ejemplo, la caída de la natalidad en determinados territorios obliga a replantear formatos y proyectos. En otros casos se buscan usos residenciales, asistenciales o sociales compatibles con el origen del inmueble.

ECOFIN ha destacado recientemente nuestra participación en la planificación de una cartera de más de 1.700 inmuebles y en proyectos de transformación de activos infrautilizados. Nuestro enfoque es evaluar primero la misión, después las necesidades reales y finalmente la mejor solución económica, jurídica y patrimonial, siempre con respeto a los tiempos de decisión de cada institución.

P.- Grupo Valía mantiene desde hace años una relación estrecha con Foro ECOFIN y ya ha sido reconocido anteriormente en los premios Titanes de las Finanzas. ¿Qué ha supuesto para la compañía este tipo de reconocimientos y qué evolución ha experimentado Grupo Valía desde aquellos primeros galardones?

R.- Los reconocimientos de ECOFIN han sido, ante todo, una motivación para seguir trabajando con rigor y una ocasión para visibilizar un modelo de asesoramiento independiente e integrado. En 2012 fue reconocido el ámbito de asesoramiento financiero de GRUPO VALÍA y, posteriormente, la trayectoria del grupo también recibió distinciones vinculadas al asesoramiento de empresas familiares y pymes. Más allá del premio, valoramos especialmente la relación continuada con el Foro ECOFIN y su capacidad para reunir profesionales, empresas e instituciones en torno a la mejora de la gestión económica.

Uno de los hitos que recordamos con especial satisfacción es el Premio ECOFIN 2014 a la Mejor Consultora Empresarial y Financiera en España, recogido en nuestro folleto corporativo. Es un reconocimiento que nos anima a mantener la profesionalidad, la adaptación a cada institución y la confidencialidad en cada mandato. Desde aquellos años hemos ampliado equipos y especializaciones, y evolucionado hacia un acompañamiento más completo: financiación corporativa, inversiones financieras, patrimonio inmobiliario, operaciones empresariales y servicios a instituciones educativas y religiosas. Hemos fortalecido una cultura de colaboración entre disciplinas y una visión de continuidad en las relaciones con los clientes.

La selección de VALÍA INSTITUCIONES RELIGIOSAS entre las candidaturas de Titanes de las Finanzas 2026, en la categoría de productos y servicios, representa un estímulo especial porque ayuda a mostrar que una buena gestión patrimonial también puede preservar colegios, residencias, obras sociales y un legado de enorme valor para la sociedad.

P.- Mirando hacia los próximos años, ¿cuáles son las principales oportunidades de crecimiento para Grupo Valía y cómo creen que evolucionará la gestión profesional del patrimonio de instituciones religiosas, empresas y familias?

R.- Nuestro crecimiento debe apoyarse en aquello que mejor sabemos hacer: integrar capacidades especializadas y acompañar a los clientes durante muchos años. Vemos oportunidades en la gestión patrimonial integral, la planificación financiera y sucesoria, la financiación de proyectos, la transformación de activos inmobiliarios y el asesoramiento estratégico a empresas familiares e instituciones. También en la educación, donde los cambios demográficos y regulatorios hacen cada vez más valiosa una gestión profesional.

En instituciones religiosas prevemos una mayor demanda de soluciones globales que combinen patrimonio inmobiliario, inversiones financieras y sostenibilidad de sus actividades. Ganarán peso los planes patrimoniales a largo plazo, el control de riesgos, la eficiencia operativa, la transparencia y la búsqueda de usos viables para inmuebles que han perdido su función original. La tecnología permitirá mejorar datos, procesos y seguimiento, pero no sustituirá el criterio profesional ni la confianza.

Nuestro compromiso es continuar desarrollando equipos multigeneracionales, independientes y especializados, capaces de acompañar a las instituciones durante décadas. Queremos crecer sin perder nuestra esencia: crear valor, ofrecer soluciones concretas y contribuir a que empresas, familias e instituciones preserven su patrimonio y puedan cumplir sus proyectos y su misión a largo plazo.

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