Ética, escuelas de negocio y sociedad

Artículo realizado por: Salvador Molina, presidente de ECOFIN, José Luis Zunni, director de ecofin.es, Javier Espina Hellín. exdirector de relaciones internacionales de ESIC y miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Eduardo Rebollada Casado.

Las escuelas de negocio tienen la obligación de velar no sólo por la transmisión de conocimientos y formación en habilidades directivas a sus alumnos, sino en formarles también en lo concerniente a los comportamientos éticos que deberán observar como profesionales que a la brevedad asumirán responsabilidades directivas.

Es bueno que prestemos especial atención a algunos movimientos en este sentido, que como es habitual y en una gran cantidad de cuestiones, Estados Unidos y sus instituciones académicas toman la delantera en casi todas.

En el Stanford Report del pasado 10 de octubre, en un encuentro en la prestigiosa Universidad de Stanford, el escritor Dave Eggers aprovechando la temática que abarca su última novela ‘The Circle’ hace un llamamiento hacia los comportamientos éticos en el mundo digital. Aclaramos a nuestros lectores que iremos hoy más allá de lo digital: pretendemos dar un toque de atención sobre qué se debe hacer para que podamos lograr sociedades cada vez más abiertas y democráticas, lo que implica cuidar tanto los principios de actuación de personas, organizaciones y clase política.

Afirma Eggers que sigue siendo optimista sobre la naturaleza humana (lo cual es mucho decir en un escritor de éxito actual), sobre todo cuando se trata de las decisiones éticas que todos tomamos en relación con la tecnología digital. Pero matiza sus palabras con la siguiente reflexión: “La gente va a hacer lo correcto cuando hay leyes y parámetros y si se produce una discusión al respecto”. O sea, marco legal y debate de ideas fieles a los principios y valores que se supone se respetan y siguen en una cierta comunidad.

El hecho de ser creyente le permite afirmar “que estamos bien” (como sociedad se refiere) y que “sólo tenemos que hablar de cómo ser buenos”. Respetable es este punto de vista, aunque un poco en línea con Rousseau por aquello de que “el hombre es bueno… la sociedad lo pervierte”.

Su contrapunto en este diálogo abierto lo lleva Tobías Wolff, profesor de Stanford y autor como Eggers. Ambos utilizan ‘El Círculo’ como piedra de toque para discutir la falta de ética clara en los medios digitales y la complacencia acerca de la cantidad de empresas de metadatos personales, además de que los gobiernos suman y recopilan datos de los ciudadanos. El gran hermano del que siempre se habla pero que en realidad existe.

Eggers citó ejemplos de la tecnología digital actual, donde la “necesidad de saber” triunfa por sobre el derecho a la intimidad, siendo todos ellos la materia prima de esta última novela.

Un ejemplo pertinente que ofreció fue cómo los padres rastrean las ubicaciones físicas de sus hijos a través de sus teléfonos móviles. Y se formula una pregunta: “¿Por qué confiar cuando se puede realizar un seguimiento?”, que si bien lo decía con un tono de broma, inmediatamente se volvió más seria su exposición cuando formuló la pregunta: “¿Qué sucede cuando se aplica esta tecnología fácil, barata a nuestro gobierno o a un gobierno menos iluminado?”.

Como reflexión de ciudadano normal al darse cuenta, al menos en un instante, de en manos de quién estamos.

Wolff también describió este tipo de seguimientos de padres a hijos como que no es de buen gusto, citando conversaciones que ha tenido con los estudiantes que no ven nada malo en ser monitoreados de manera constante y omnipresente. Según Wolff, algunos estudiantes parecen tener la actitud de que “si no estaban haciendo nada malo, cuál es el problema”.

Fue en este punto de debate en dónde surge la pregunta de quién es el que decide lo que está bien o lo que está mal en un momento dado. Podría ser que una posición política que tiene una persona de repente se convierte en algo malo.

Dejar de ser vidas anónimas

Wolff es de los que piensan que estamos acostumbrados a ser vigilados, por lo que hemos desarrollado una piel resistente a la manipulación. Le faltó decir quizás que esto no justifica por sí mismo a que tales hechos se produzcan, porque es aquí en donde entra el comportamiento ético de personas, políticos e instituciones.

Muy de destacar es la aportación de Eggers en cuanto a sugerir que debe crearse un centro para la ética digital, lo cual podría ser, ya que hay centros para la ética, la bioética, la ética médica, la ética legal, pero aún no hay un estudio oficial de la tecno-ética o ética digital.

Las generaciones más jóvenes aceptan como casi un derecho todo gratis en Internet. Sin embargo, no son sensibles a la cantidad de información personal que tienen en los móviles, portátiles, que piden para su uso la geolocalización, ni tampoco se percatan del rastro que dejan búsquedas en Internet, ya que todos los datos se almacenen en formatos de un GRAN HERMANO (cedemos una cuota personal muy alta).

¿Es realmente gratis? O es que a cambio de aceptar una libertad enorme en nuestra esfera personal estamos aceptando juegos y programas que pueden chocar de frente con el anonimato y la intimidad.

¿Qué puede hacerse desde las escuelas de negocio para abordar los comportamientos éticos en general en la sociedad actual? ¿Existe un debate académico sobre la ética en estos momentos?

De acuerdo con un informe emitido por el Institute of Corporate Ethics (Instituto de Ética Corporativa) de Estados Unidos, existen en la actualidad dos escuelas de pensamiento en cuanto a la enseñanza de la ética en las escuelas de negocio.

Algunos profesores, como Thomas Piper de Harvard Business School, creen que los estudiantes deben asistir a cursos específicamente diseñados para el aprendizaje de los comportamientos éticos. La otra corriente, que incluye al prestigioso profesor también de Harvard, Joshua Margolis, argumenta que la mejor forma de enseñar ética a los alumnos es a medida que se va desarrollando cada asignatura y que entonces deben resaltarse y explicarse dichos comportamientos éticos que exige la materia.

Pero descubrimos que también existe una tercera posición que sostiene Dean Krehmeyer, presidente de la Mesa de Negociaciones del Institute for Corporate Ethics, que ha editado un informe muy influyente que focaliza en los principios que deben prevalecer en cuanto a curso, programa y comunidad, que se convierten en necesarios para construir un enfoque ético en los negocios.

En concreto, se enfatiza en un ‘entrenamiento ético’ que debe ser incorporado en los programas con el mismo peso que tienen otras asignaturas. Lo destacable es que afirma que debe ser enseñado con los más altos estándares de calidad académica, no como la típica asignatura optativa de la cual nadie se preocupa porque es un relleno.

Finalmente es la comunidad en su conjunto la que debe consustanciarse con la causa de la ética, apoyando así como patrocinando cursos y demás eventos en este sentido.

Últimas tendencias académicas

Una corriente de pensamiento muy actual, por encima de los propios principios éticos, es la aproximación empírica a la realidad empresarial. Ya hace varios años que la observación de principios éticos por parte de los cuadros directivos de las organizaciones hace que éstas tengan mejores resultados a medio y largo plazo. Y esto es un principio de actuación que los nuevos líderes deben incorporar desde la misma base de sus estudios y formación.

A pesar de que existe una presión muy grande por el cumplimiento de objetivos de corto plazo en todas las empresas, que los propios directivos apliquen estos principios les hace mucho más humanos, porque estarán contemplando sin perder de vista los objetivos y metas propuestas, cuestiones tales como la biodiversidad, la discriminación, la exclusión, las desigualdades, etc.

Como ocurre en la estrategia militar con los movimientos en pinza, la tendencia de los últimos años y que se está haciendo cada vez más potente, es que a los conocimientos técnicos se les viene incorporando con ritmo vertiginoso por ser un campo de conocimiento muy actual y novedoso, el que se conoce como de las competencias o habilidades directivas.

Esto provoca cambios en el hacer y en la política de proximidad, caso de la atención a los clientes ante incidencias en el servicio, que sean más cortas en el tiempo, si se observan comportamientos éticos, que si únicamente se avienen a comportamientos corporativos y legales.

Lo que importa es la persona que es cliente y no escudarse en vericuetos legales ni letra pequeña. La ética tiene letra grande y está más próxima a este tipo de procesos de humanización en las organizaciones que caracterizan a un liderazgo moderno, próximo y efectivo.

Conclusiones

La ética empresarial es la aplicación de valores éticos para todos los comportamientos y operativas de los negocios. Trata acerca de la conducta de los individuos, así como la organización, lo que llamamos la forma de hacer negocios.

Una organización no puede ser verdaderamente “responsable” sin una cultura corporativa seria y si no se basa en valores éticos, como la confianza, la transparencia, el respeto y la integridad.

Más recientemente el término sostenibilidad se ha convertido en un valor importante en el concepto de negocio ético y responsable. Cuestión que nos lleva a una dimensión de largo plazo. Sin embargo, en la práctica, el término se utiliza para implicar la viabilidad de un negocio, la protección de los recursos naturales, el bienestar ecológico o a largo plazo la salud social y económica.

Y esto es lo que debe cuidarse desde la formación en las escuelas de negocio. No por insistir en cuáles son factores fundamentales a tener en cuenta en ciclos económicos más largos, debemos prescindir de la ética por su eminente valor intangible, aunque desde  visto los resultados de muchas organizaciones punteras, un valor seguro de sostenibilidad económica y generación de beneficios económicos y sociales futuros.

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