Con más de 160 años de historia, Santa Teresa ha sabido transformar una confitería tradicional de Ávila en una compañía de alimentación que combina productos emblemáticos, como las Yemas de Santa Teresa, con nuevas propuestas adaptadas a las demandas del consumidor. La Flor de Castilla, empresa reconocida en los Premios ECOFIN 2026, representa un modelo empresarial que apuesta por la innovación, la calidad y el arraigo territorial sin renunciar a sus orígenes. Daniel Martínez de Castro, director de Administración de Santa Teresa, repasa la evolución de la compañía, su estrategia de internacionalización y los retos de futuro de una marca histórica de la gastronomía española.
PREGUNTA.- La historia de La Flor de Castilla y Santa Teresa se remonta a 1860 y está estrechamente vinculada a uno de los productos más emblemáticos de Ávila, las Yemas de Santa Teresa. ¿Cómo se consigue mantener viva una tradición de más de 160 años y, al mismo tiempo, adaptar la compañía a los gustos y necesidades del consumidor actual?
RESPUESTA.- Seguramente la clave sea tener claro que hay que evolucionar e innovar pero sin renunciar nunca a aquello que constituye tu esencia. Las Yemas de Santa Teresa son probablemente el mejor ejemplo, llevamos más de 160 años elaborándolas con la misma receta, únicamente yema de huevo y azúcar y conservando su elaboración artesanal. Podemos complementar con nuevas variedades pero manteniendo la esencia de un producto que forma parte de la historia gastronómica de Ávila.
Pero preservar la tradición no significa permanecer inmóviles. A lo largo de nuestra trayectoria hemos sabido evolucionar desde una confitería tradicional hasta convertirnos en una empresa de alimentación con una gama mucho más amplia, incorporando productos que responden a las nuevas necesidades del consumidor.
Nuestra apuesta ha sido mantener unos principios que consideramos irrenunciables: calidad, ingredientes naturales, respeto por las recetas y autenticidad. Y, sobre esa base, innovar tanto en productos como en procesos. En definitiva, no se trata de elegir entre tradición e innovación, sino de conseguir que ambas se complementen.
P.- Las Yemas de Santa Teresa siguen siendo uno de sus productos más reconocibles, pero con el tiempo la compañía ha ampliado notablemente su oferta. ¿Cómo ha evolucionado el negocio y qué peso tienen hoy la innovación y el desarrollo de nuevos productos dentro de la estrategia de la empresa?
R.- Nuestra evolución ha estado marcada por la diversificación. Partimos de un producto tan emblemático como las Yemas de Santa Teresa, pero hay que señalar que el desarrollo de la venta de membrillo fue lo que supuso un punto de inflexión en la transformación de la compañía.
Durante una década fue el verdadero motor de la compañía y aún sigue siendo la categoría con más peso en facturación. A partir de ahí fuimos ampliando nuestra oferta, primero con productos que seguían teniendo su origen en el mundo dulce como el huevo hilado y más tarde gazpachos, cremas de verduras, salsas y otras especialidades, siempre manteniendo una misma filosofía de producto: elaboración tradicional, ingredientes naturales y una calidad diferencial.
La innovación ha sido fundamental en este recorrido. Y no entendemos la innovación únicamente como el lanzamiento de nuevas referencias, sino como una cultura que debe estar presente de forma permanente en la organización. Innovar exige invertir, incorporar talento, colaborar con agentes externos y aceptar que no todos los proyectos llegan a buen puerto. Lo importante es que esa capacidad de experimentar y mejorar forme parte del funcionamiento habitual de la empresa. Incluso en productos tan tradicionales como el membrillo hemos tenido que innovar para encontrar nuevas formas de consumo y llegar a nuevos públicos.
P.- Santa Teresa pone especial énfasis en los ingredientes naturales y en combinar tradición, alimentación y bienestar. ¿Ha cambiado la forma en la que los consumidores se relacionan con los productos de repostería y alimentación tradicional? ¿Qué tendencias están detectando actualmente?
R.- Hace muchos años que en Santa Teresa anticipamos una tendencia que hoy está plenamente consolidada: la preocupación del consumidor por lo que come y por la composición de los alimentos. Nuestra apuesta por los ingredientes naturales no nació como una respuesta oportunista a una moda. Forma parte de nuestra filosofía desde hace décadas, cuando todavía no existía la sensibilidad actual hacia las etiquetas y los ingredientes. Durante mucho tiempo uno de nuestros eslóganes más reconocibles era “Somos lo que comemos”. Y vamos más allá, el consumidor ya no sólo busca un etiquetado “limpio” sino una experiencia de consumo y valora que el producto, además de ser saludable le permita disfrutar de lo que come, le proporcione placer.
P.- La compañía comenzó su expansión internacional en 2012 y actualmente comercializa sus productos en numerosos mercados exteriores. ¿Qué importancia tiene la internacionalización para Santa Teresa y qué productos o elementos de la gastronomía española tienen mejor acogida fuera de nuestro país?
R.- La internacionalización es una apuesta estratégica para Santa Teresa, porque nos permite ampliar nuestro mercado y llevar nuestra propuesta de alimentación natural y de calidad a consumidores de otros países. Comenzamos este proceso de manera estructurada en 2012 y hemos conseguido estar presentes en más de veinte mercados. Ahora bien, la exportación exige paciencia, inversión y capacidad de adaptación. No basta con tener un buen producto; hay que conocer los mercados, encontrar los socios adecuados y construir relaciones comerciales a largo plazo.

En nuestro caso, el gazpacho y el membrillo han sido los principales protagonistas de la actividad internacional. El gazpacho ha tenido una buena acogida en distintos mercados, mientras que el membrillo presenta una dificultad añadida porque no existe la misma tradición de consumo en otros países. También hemos tenido que afrontar dificultades derivadas del encarecimiento de determinadas materias primas o de la logística, que han afectado a nuestra competitividad y nos han obligado a revisar algunos acuerdos comerciales.
Por eso, uno de nuestros objetivos es recuperar el impulso internacional, reforzando nuestra estructura comercial y buscando nuevas oportunidades en los mercados donde ya estamos presentes y en otros nuevos.
P.- Una empresa con tanta historia debe afrontar también retos relacionados con la producción, la tecnología y la sostenibilidad. ¿Cómo han evolucionado sus procesos de fabricación para ganar eficiencia sin perder el componente artesanal y la identidad que caracteriza a productos como las Yemas de Santa Teresa?
R.- Uno de nuestros grandes retos ha sido demostrar que la tecnología y la elaboración artesanal no son conceptos incompatibles. Nuestra evolución industrial ha estado orientada a incorporar tecnologías que nos permitan mejorar la eficiencia, la seguridad alimentaria y la conservación de los productos, sin renunciar a las características que los hacen diferentes. La inauguración de nuestras instalaciones de Ávila en 2018 supuso un salto importante en este sentido, al dotarnos de una fábrica moderna y de una mayor capacidad productiva.
Un ejemplo especialmente significativo es el desarrollo de tecnologías de envasado y conservación que permiten prolongar la vida útil de nuestros productos sin necesidad de incorporar conservantes. Esta innovación resulta fundamental para nuestra propuesta de alimentación natural y para poder acceder a mercados más amplios.
Asimismo, revisamos permanentemente nuestros envases y materiales, buscando soluciones que nos permitan no solo preservar la calidad de nuestros productos, sino también reducir su impacto ambiental y avanzar hacia una mayor sostenibilidad.
En definitiva, utilizamos la tecnología allí donde aporta valor, pero preservamos la elaboración artesanal cuando es precisamente esa forma de trabajar la que determina la singularidad y la calidad del producto. Se trata de evolucionar sin renunciar a nuestra esencia.
P.- La Flor de Castilla ha sido premiada en los Premios ECOFIN 2026, dentro de la categoría de Productos y Servicios. ¿Qué significa para ustedes este reconocimiento y qué aspectos de su trayectoria o de su modelo empresarial consideran que han podido contribuir a recibirlo?
R.- Es un reconocimiento a una trayectoria que no ha sido sencilla y a un modelo empresarial que no es solo una declaración de intenciones, sino que forma parte del ADN de la compañía y en el que creemos firmemente. No debemos olvidar que hace 40 años, cuando Julián Gil inició la transformación de Santa Teresa, se encontró con una empresa histórica que atravesaba importantes dificultades económicas. Desde entonces hemos recorrido un largo camino, demostrando que es posible combinar una tradición gastronómica de más de 160 años con un proyecto empresarial moderno, innovador y con una enorme capacidad de adaptación.
En ese recorrido hemos tenido siempre muy claras nuestras líneas rojas. Hemos apostado por la calidad, la innovación y el respeto por nuestras raíces, incluso cuando mantener esos principios suponía asumir mayores costes o renunciar a determinadas oportunidades.
Pero si hay algo que consideramos verdaderamente diferencial son las personas. Detrás de nuestra trayectoria, de nuestra capacidad de innovar y de nuestra evolución como compañía hay equipos comprometidos, capaces de adaptarse, reinventarse y hacer suyo un proyecto que va mucho más allá de fabricar y comercializar productos. Porque, al final, son las personas quienes consiguen que los valores de una empresa dejen de ser una declaración de intenciones y se conviertan en una realidad cotidiana. Las personas son el alma de la empresa.
P.- Mirando a los próximos años, ¿cuáles son los principales retos y oportunidades para La Flor de Castilla y Santa Teresa? ¿Dónde esperan que esté la compañía dentro de cinco o diez años?
R.- Nuestro objetivo es seguir construyendo una empresa capaz de crecer sin renunciar a los principios que nos han permitido llegar hasta aquí. Tenemos por delante distintas oportunidades de desarrollo y el reto es saber aprovecharlas sin dejar de crecer y consolidar nuestra posición en los mercados y categorías en los que ya estamos presentes.
Para ello, esperamos continuar creciendo en el mercado nacional, reforzando nuestra presencia en gran consumo y ampliando las posibilidades de nuestras distintas categorías de producto, al mismo tiempo que potenciamos nuestros canales de relación directa con el consumidor. Nuestra red de establecimientos propios y el comercio electrónico nos permiten acercarnos al cliente, conocer mejor sus necesidades y construir relaciones que van más allá de la simple venta de un producto.
La internacionalización seguirá siendo otro de nuestros grandes desafíos. Tenemos experiencia, presencia en distintos mercados y productos diferenciados, pero necesitamos recuperar competitividad y reforzar nuestra capacidad comercial para aprovechar mejor esas oportunidades. También queremos continuar innovando, tanto en productos como en procesos, y seguir apostando por el talento y por nuestro compromiso con Ávila.
Y aspiramos a que dentro de cinco o diez años, al mirar atrás, podamos comprobar que hemos sido capaces de seguir creciendo, de abrir nuevas líneas de negocio y de consolidar las actuales, pero, sobre todo, que lo hemos hecho siendo fieles a nuestra forma de entender la empresa. Que Santa Teresa siga siendo una referencia de calidad, innovación y autenticidad, una compañía capaz de generar empleo, oportunidades y riqueza en nuestro entorno y un proyecto del que las personas que forman parte de él se sientan orgullosas.













