Iberoamérica siempre ha sido una quimera. Los reyes taifa que lideran los gobiernos locales siempre han defendido sus privilegios desde los orígenes de la descolonización criolla. Nuestro común denominador: un orgullo de pertenencia centrado en los valores, la cultura, la religión y la lengua común. Pero el concepto de la Madre Patria atrajo a muchos y distanció a otros. Ahora, una última oportunidad se nos brinda. La bandera común de la Unión Iberoamericana es viable gracias a la IV Revolución Tech. Es un revulsivo de riqueza para todos, sin hipocresía ni argumentos de parte. ¡El oro Tech está al alcance de todos!
Sin lugar a dudas, vivimos hoy un tiempo de constantes y continuos cambios en el marco de la geopolítica mundial. La irrupción de las nuevas tecnologías en la denominada cuarta revolución industrial y la dependencia de esta a la necesaria producción de las denominadas tierras raras vienen a determinar en la actualidad un marco de relaciones estratégicas, conflictos y luchas por los recursos que, lejos de rebajarse, van en aumento.
No por menos, la dependencia de los tejidos productivos de las tierras raras es un factor crucial para el crecimiento económico, ya que estos elementos son esenciales en diversas industrias clave, incluyendo la tecnología, la energía renovable y la carrera aeroespacial o la industria de defensa.
Así, la creciente demanda de dispositivos electrónicos, vehículos eléctricos y sistemas de energía limpia han venido a impulsar el crecimiento exponencial y acelerado de la necesidad de estos materiales, convirtiéndolos en un recurso estratégico para muchas naciones.

Muchas banderas que aseguran Diversidad, Mestizaje y Pluralidad. Nada mejor para una democracia federada y rica por su Cultura, Recursos Naturales y Talento creativo.
Es aquí donde Iberoamérica puede irrumpir con fuerza desde la unificación de sus capacidades y alianzas en la construcción de un modelo de cohesión industrial, económica y productiva regional que podría posicionar a la región como uno de los principales territorios del mundo en la carrera por la producción, fabricación y diseño tecnológico.
Siendo la primera clave de esta visión la necesaria construcción de un espacio de unión de las diferentes naciones que conforman la realidad iberoamericana, emulando incluso para ello aquello que en los años 50 en Europa sirvió a través de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) para la configuración del germen de lo que posteriormente seria la Unión Europea.
Y los datos vienen a presentar la oportunidad que supone hoy para la región iberoamericana la dependencia de estos materiales únicos.

La Cumbre Iberoamericana no es más que una llama encendida para no perder una identidad común que nos haría más libres, ricos y fuertes con una federación supranacional y un parlamento común.
De esta forma, España se sitúa como el país europeo que alberga hoy entre el 25% al 35% de las tierras raras que la totalidad del continente europeo necesitaría en la próxima década para potenciar su desarrollo tecnológico y productivo, siendo así el país fundamental en la no dependencia de China, esa que hoy arroja que el 97% de tierras raras que Europa consume proviene de manera directa del país asiático.
España es clave
Pero si sumamos la potencialidad que España representa a la capacidad productora de los países de América Latina que podrían conectarse desde esa Unión Iberoamérica, los datos arrojan impactos irrefutables en materiales como:
- Litio: con el 35% de la producción mundial y el 50% de las reservas del planeta.
- Cobre: con el 45% de la producción mundial y el 38% de las reservas del planeta.
- Tierras Raras: con el 17% de las reservas del planeta.
- Níquel: con el 10% de la producción mundial y el 17% de las reservas del planeta.
- Grafito: con el 22% de las reservas del planeta.
Todos ello viene a determinar el posicionamiento de liderazgo que la región iberoamericana tiene ante sí en la necesaria apuesta por la generación de un espacio único de conexión e integración regional.
No obstante, son varios los retos que por delante se presentan. En primer lugar, el impulso real de la construcción de la Unión Iberoamericana como un espacio único de libre movimiento de capitales, personas y producciones; pero, por otro lado, si bien América Latina se posiciona como un actor clave en la cadena de suministro global de minerales críticos, tiene, sin embargo, para maximizar su potencial una necesidad esencial invertir en infraestructura, fortalecer las capacidades institucionales y promover políticas sostenibles que equilibren el desarrollo económico con la protección ambiental y los derechos de las comunidades locales.
El tiempo dirá si Iberoamérica quiere participar así en este cambio de la geopolítica mundial como líder o vasallo de quienes hoy participan en el tablero económico global.
Josu Gómez Barrutia, presidente de la Asociación Internacional de Startups y CEO de la Red Business Market.













