Lo que Estados Unido te da, Estados Unidos te lo quita

La visita de Carlos Cuerpo, ministro de Economía del Gobierno de España, a Estados Unidos no ha conseguido arrancar un compromiso para aparcar la guerra comercial en uno de los frentes en los que los estadounidenses salen ganando. Repasamos las cifras para poner contexto.

Hay dos formas de hacer la guerra. Una más profesional, por decirlo de algún modo, que supondría lanzar un misil de precisión contra un objetivo muy específico en un ataque de tinte quirúrgico que permita batir al enemigo sin causar daños colaterales. La otra, brutal y salvaje, sería la estrategia de ‘tierra quemada’ que arrasa con toda una ciudad para garantizar la eliminación del objetivo, sin importar si por el camino las víctimas colaterales se cuentan por decenas.

En las guerras militares en curso hemos visto ambas estrategias, usadas indistintamente por las partes atacantes. Pero estas estrategias también se pueden aplicar a las guerras comerciales. Y parece que Donald Trump ha optado por una combinación de ambas: tierra quemada, con aranceles generalizados, pero con un componente quirúrgico que se los incrementa a aquellos países a los que quiere penalizar de forma específica, en base a la balanza comercial que los una.

Sin embargo, los ataques de precisión no necesariamente son justos, ya que la guerra, por su naturaleza, no necesariamente es justa. A decir verdad, una guerra solo podría ser concebible si se sustenta sobre el pilar de la autodefensa, si bien es más un ‘ojo por ojo’ en muchas ocasiones.

En este caso, es Estados Unidos quien ha desatado la guerra arancelaria, pero su justificación descansa en un ‘ataque’ previo y sostenido de esas naciones castigadas por perjudicar con sus importaciones a las exportaciones estadounidenses. Pero ¿qué pasa cuando el atacante basa su legítima defensa en una amenaza inexistente? Podríamos preguntar a Rusia, pero no es eso de lo que hablamos.

Estados Unidos gana a España

La visita de Carlos Cuerpo, ministro de Economía del Gobierno de España, a Estados Unidos para reunirse con el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, es un claro intento por tender una mano europea a unos estadounidenses atrapados en su propia contradicción, pero con la irresponsable capacidad de desestabilizar el mundo. Contradicción porque, para empezar, el capitalismo globalista que ahora critican ha sido el sustento de su hegemonía durante décadas. Y contradicción porque, entre otras razones, algunos de los castigados parten de una posición perdedora. Es el caso de España.

En 2024, la balanza comercial entre España y Estados Unidos registró un déficit de 10.013 millones de euros para España, lo que representa un aumento del 6,9 % respecto al año anterior.

Las importaciones de España procedentes de Estados Unidos representaron 28.192 millones de euros, un 0,3 % menos que en 2023, mientras que las exportaciones de España a Estados Unidos se situaron en 18.179 millones de euros, un 3,8 % menos que el año anterior.

Esto significa que, si los aranceles buscasen realmente reequilibrar las balanzas comerciales, España debería quedar exenta de ellos, pues Estados Unidos sale ganando.

Scott Bessent, secretario del Tesoro de los Estados Unidos, y Carlos Cuerpo, ministro de Economía del Gobierno de España. / Imagen: agencias.

Pero España forma parte de la Unión Europea y, en realidad, los aranceles se adoptan contra el conjunto de la UE, y no tanto de forma específica contra sus miembros, como parte del sueño húmedo de la actual Administración estadounidense, y de sus adláteres, de perjudicar a la entidad supranacional que durante décadas contribuyeron a forjar porque les venía bien como apéndice seguidista de sus aventuras a lo largo y ancho del mundo.

Al igual que con China y la alimentación sin límites de su entramado productivo para inundar el mundo de productos diseñados en América, pero fabricados a bajo coste para hacerlos asequibles e irrebatibles en todos los mercados del mundo, en el momento en el que el pupilo gana autonomía, sale el Tío Sam para cortársela.

Sí, pero…

Como en todo, siempre hay un ‘pero’. Y, en lo que respecta a la balanza comercial entre Estados Unidos y España, hay muchos peros. Uno de gran importancia es que, si bien España y Estados Unidos no son precisamente aliados comerciales estratégicos, sí concentran en algunos productos muy concretos su relación.

Para España, Estados Unidos es uno de los principales mercados importadores de aceite de oliva, vino o medicamentos, por lo que cualquier tipo de medida contra estos productos supondría un duro golpe para España independientemente de que ya pierda la batalla comercial antes de jugarla por su saldo negativo global. Basta un ejemplo para verlo con cifras: en la campaña 2023/2024,

España produjo 850.000 toneladas de aceite de oliva, de las cuales exportó a Estados Unidos 128.000 toneladas. O sea, el 15 % de su producción total. La típica estrategia de poner muchos huevos en una única cesta, aunque aquí no sea culpa de nadie (porque los productores españoles tampoco tienen culpa de que los consumidores estadounidenses quieran su aceite y los de cualquier otro país, no).

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la República Popular China, Xi Jinping. | Pool Moncloa/Fernando Calvo. Casa de Huéspedes Nacional de Diaoyutai, Pekín (República Popular de China).

En todo caso, aunque España está a años luz de la capacidad estadounidense de apretar palancas para forzar una negociación, lo está intentando, quizás con mejores intenciones que resultados. La tercera visita en menos de tres años de Pedro Sánchez a Pekín, con alharaca y discursos a favor de una mayor relación de Europa y China, ha irritado a Estados Unidos, pero quizás sirva de poco con un Gobierno que ha hecho de la venganza, el chantaje y la presión con tintes mafiosos su seña de identidad y, sobre todo, su espita negociadora.

Sin embargo, España cuenta con, al menos, dos palancas para bloquear el zarpazo yanki. Una de ellas también es comercial, y está en China: un mayor acercamiento entre ambas naciones permitirá a España convertirse en el primer exportador de carne porcina al gigante asiático, dejando en segundo término a Estados Unidos.

La segunda es militar: España alberga dos importantes bases militares estadounidenses, Rota y Morón. Ni que decir tiene que pueden servir de carta en una negociación no solo económica, sino también militar en plenas presiones estadounidenses a países como España para que cumplan con la inversión pactada con la OTAN, del 2 % del PIB.

La duda es si España jugará o querrá jugar esta carta en una negociación que pierde de partida y en la que participa en una veintisieteava parte, porque el juego va a Europa, y no tanto de España.

Del mismo modo que hay dos formas de hacer la guerra, hay al menos dos formas de padecerla: con una estrategia defensiva buscando el desgaste del enemigo o con una ofensiva que demuestre al enemigo que amilanarse no es una opción.

Y aunque Estados Unidos sigue siendo un amigo (uno enfadado, pero amigo a fin de cuentas), quizás imitar a los amigos no sea tan malo: por qué no una estrategia defensiva y ofensiva al mismo tiempo, teniendo en cuenta que la relación está tan imbricada que todos tienen tanto que perder como por ganar.

 

Miguel Ángel Ossorio y Salvador Molina, consejo editorial de Foro ECOFIN.

, , , ,

Descubre el mejor bono sin depósito casino en España, visita este sitio restaurantedonmauro.es y empieza a ganar hoy mismo.

Pin It on Pinterest

Share This