La Silver Economy se ha convertido en el nuevo terreno de juego de inversores, empresas y visionarios que ven en la longevidad la gran oportunidad del siglo XXI, el mercado en expansión, el futuro brillante donde la tecnología, los servicios y la innovación transformarán la vida de las personas mayores.
Suena bien, ¿no? Pero aquí va la pregunta incómoda: ¿estamos realmente construyendo una economía que respete y dignifique a las personas mayores o simplemente estamos montándonos en la ola del envejecimiento para sacarle rentabilidad? Porque si algo ha dejado claro la historia es que cada vez que aparece una “gran oportunidad de mercado”, el riesgo de que se nos olvide la dimensión humana es altísimo.
El problema no es la Silver Economy en sí, sino la manera en que se está abordando. En este frenesí de conferencias, foros y promesas de innovación disruptiva, se habla mucho de modelos de negocio, de inversiones millonarias, de proyecciones de crecimiento, pero muy poco sobre la ética de todo esto. La longevidad no es solo un número que crece en las gráficas, es una realidad humana que involucra identidad, memoria, vínculos, historia de vida. Y lo que estamos viendo es que, en lugar de centrarnos en cómo mejorar la calidad de vida de las personas mayores desde un lugar genuino, estamos convirtiéndolas en un target de mercado, en un segmento al que venderle productos, en un pretexto para levantar fondos.
Nos encontramos con empresas que diseñan productos para mayores sin haber hablado con una sola persona mayor, con innovaciones tecnológicas que buscan hacer la vida “más fácil” pero que, en el fondo, terminan aislando aún más, con discursos sobre inclusión que terminan siendo solo palabras bonitas en una presentación de PowerPoint. Nos encanta hablar de la revolución de la longevidad, pero seguimos viendo cómo los espacios laborales discriminan por edad, cómo la narrativa sigue enfocada en la dependencia y la carga en lugar del potencial y el valor, cómo seguimos llenando eventos de consultores que hasta ayer vendían coaching motivacional y hoy son expertos en economía plateada.
Si la Silver Economy va a significar algo más que una tendencia de negocios, tenemos que empezar por lo esencial: reconocer la dimensión humana, entender que cada proceso de cambio debe partir desde el respeto a lo que ya existe, que no podemos llegar con la arrogancia de querer reinventarlo todo como si antes no hubiera habido historia, que la clave está en integrar en lugar de sustituir, en escuchar en lugar de imponer, en entender que la intergeneracionalidad no es un término bonito para vender diversidad, sino la única manera real de avanzar sin perder lo que importa. Porque al final, si no somos capaces de construir desde un lugar de ética y respeto, lo que estamos haciendo no es innovación, es solo otro modelo de negocio más disfrazado de progreso.
Y sí, sé que hablar de ética en los negocios suele generar la misma reacción que hablar de impuestos en una cena familiar, pero aquí estamos, tratando de recordar que el hecho de que algo sea rentable no significa que sea bueno. Si la Silver Economy se basa únicamente en venderle cosas a las personas mayores mientras seguimos tratándolas como si fueran invisibles en las decisiones importantes, entonces todo este movimiento es una farsa. Si seguimos con esta dinámica donde parece que la longevidad es solo una excusa para conferencias y paneles donde los mismos de siempre se aplauden entre sí, entonces más que una economía de la longevidad, estamos construyendo un teatro de la longevidad, con sus personajes, su guion ensayado y su ovación final mientras la realidad sigue igual.
Así que ahí lo dejo, con la esperanza de que en algún punto de este boom de la Silver Economy nos acordemos de que, al final del día, no se trata solo de mercado, sino de personas. Y si vamos a hablar de longevidad, al menos asegurémonos de hacerlo con la madurez que el tema merece, que si algo nos ha enseñado la historia es que de discursos vacíos y negocios disfrazados de buenas intenciones ya estamos bastante llenos.
Erik Díaz Fuentes, consultor y Embajador de la Comisión de Silver Economy del clúster MAD FinTech














