La economía está envejeciendo… ¿estamos preparados?

Vivimos en una paradoja. Cada vez vivimos más, pero nuestros sistemas financieros siguen operando como si la longevidad fuera una anomalía, en lugar de la norma. Durante décadas, las reglas del juego económico han ignorado que una gran parte de la población seguirá activa y necesitando estabilidad financiera mucho más allá de la edad tradicional de jubilación.

Y aquí está el reto: seguimos tomando decisiones financieras con una mentalidad de corto plazo en un mundo donde la vida es cada vez más larga, lo cuál genera como resultado una desconexión brutal entre lo que necesitamos y lo que el sistema actual nos ofrece. Así nacen las Finanzas Plateadas, un concepto que no se trata solo de diseñar productos para personas mayores, sino de replantear cómo funciona el sistema financiero en su conjunto.

El sistema de pensiones: una bomba de tiempo.

Si queremos hablar en serio de esto, hay que empezar por aceptar que las reglas actuales del sistema financiero están diseñadas para un mundo que ya no existe. Desde hace años sabemos que los sistemas de pensiones no son sostenibles y, sin embargo, seguimos pateando el problema hacia el futuro, como si el tiempo fuera a solucionarlo solo. Pero el tiempo es inexorable y no perdona. En un escenario donde cada vez hay más personas mayores y menos contribuyentes jóvenes, el equilibrio es imposible, por lo tanto el colapso del modelo actual es inevitable ya que nunca estuvo diseñado para sostener la longevidad que hoy es nuestra realidad.

Para entender la magnitud del problema basta con observar los patrones globales, dónde la longevidad de la población es una tendencia irreversible y las tasas de natalidad en muchos países han caído a mínimos históricos. Esto significa que el número de personas en edad de retiro seguirá creciendo mientras que la base de cotizantes disminuirá progresivamente. La ecuación es bastante simple “menos trabajadores activos financiando a más personas jubiladas”. No es necesario ser un experto en macroeconomía para darse cuenta de que esto es insostenible.

Si no se generan modelos híbridos que combinen ingresos públicos y privados, incentivos reales para el ahorro complementario y productos financieros diseñados para generar ingresos sostenibles en la longevidad, las futuras generaciones enfrentarán un panorama – por decirlo menos – incierto. Sin embargo, en la mayoría de los países aún no hay consenso sobre cómo reformar los sistemas de pensiones sin generar rechazo político o social. El miedo a hacer cambios impopulares nos ha llevado a una situación en la que la inacción es el peor enemigo.

Sin educación financiera no hay inclusión real.

No podemos hablar de finanzas sin hablar de educación. Esto me recuerda a una conversación con mi hijo de 8 años en dónde me decía “papá porque en el colegio no tengo una clase dónde me enseñen como se usa el dinero o cómo pagar los impuestos”, lo que dicho de otra manera, es que nos enseñan a ganar dinero, pero no a administrarlo. Nos dicen que ahorremos, pero no nos explican cómo funciona realmente el sistema financiero. La mayoría de las personas entran a la longevidad sin haber entendido nunca las reglas del juego, y esto las hace vulnerables a malas inversiones, deudas impagables y crisis económicas personales que podrían haberse evitado con un poco de educación financiera.

La educación financiera no puede seguir siendo un tema opcional ni un privilegio reservado para quienes tienen acceso a asesores especializados. En un mundo donde las personas deben tomar decisiones económicas cada vez más complejas, entender cómo funcionan las inversiones, los créditos, los seguros y los sistemas de pensiones es tan importante como saber leer o escribir.

La digitalización del sistema financiero es inevitable, pero si no diseñamos con inclusión, lo único que lograremos es ampliar la brecha. Las FinTech han revolucionado el acceso a productos financieros, pero muchas veces sin considerar que la experiencia de usuario no es igual para todos. La tecnología no es el problema, el problema es cuando asumimos que las personas mayores deben adaptarse a la tecnología en lugar de que la tecnología se adapte a ellas. Soluciones digitales más intuitivas, el uso de inteligencia artificial para personalizar productos financieros y sistemas de seguridad más robustos son esenciales para garantizar que la digitalización no se convierta en una barrera más.

En este sentido, la educación financiera debe ir más allá de los conceptos básicos y abordar realidades específicas de la longevidad. ¿Cómo diversificar ingresos después de la jubilación? ¿Qué tipo de inversiones son más seguras en una etapa de vida donde la estabilidad es clave? ¿Cómo protegerse de fraudes financieros que afectan desproporcionadamente a las personas mayores? Son preguntas que rara vez tienen respuesta en los programas tradicionales de educación financiera y que deben ser parte central de cualquier estrategia de inclusión.

Planificación económica del cuidado: el gran ausente en la conversación

Luego está el gran tema del que pocos quieren hablar: la planificación económica del cuidado. Vivir más significa que en algún momento necesitaremos apoyo, y el costo del cuidado es una de las mayores amenazas económicas de la longevidad. El sistema financiero sigue tratando este tema como algo secundario, cuando debería ser prioritario.

Muchas familias asumen que el cuidado será algo que podrán resolver cuando llegue el momento, sin darse cuenta de que la falta de planificación puede convertirse en un golpe financiero del que es difícil recuperarse. Los gastos asociados al cuidado – desde asistencia domiciliaria hasta estancias en centros especializados – pueden drenar rápidamente el patrimonio de una persona si no se han previsto con antelación. Y aunque existen seguros de dependencia en algunos mercados, la realidad es que la mayoría de las personas no los contrata porque simplemente nadie les ha explicado su importancia ni cómo funcionan.

Aquí es donde las Finanzas Plateadas pueden marcar la diferencia. Seguros de dependencia, hipotecas inversas diseñadas realmente para beneficiar a quienes las usan y modelos de financiamiento para el cuidado de largo plazo son solo algunas de las soluciones que deben ponerse sobre la mesa. Pero para que funcionen, deben diseñarse con transparencia, flexibilidad y un enfoque centrado en la persona.

El reto es enorme, porque además del factor económico, hay un componente cultural que no se puede ignorar. En muchas sociedades, el cuidado de las personas mayores sigue viéndose como una responsabilidad familiar, lo que hace que la planificación financiera del cuidado sea postergada hasta que se convierte en una urgencia. Cambiar esta mentalidad requiere educación, acceso a información y políticas públicas que fomenten la corresponsabilidad entre individuos, instituciones y el sector financiero.

¿Estamos listos para una economía que priorice la longevidad?

Las Finanzas Plateadas no son un nicho, son el eje de la economía del futuro. Y mientras sigamos actuando como si la longevidad  fuera un problema en lugar de una transformación estructural, el sistema seguirá fallando. Este es el momento de cambiar la narrativa, es decir, dejar de ver la longevidad como un peso y empezar a tratarla como una oportunidad.

Si el sector financiero, los gobiernos y la sociedad en su conjunto no empiezan a repensar la manera en que gestionamos el dinero en la longevidad, las desigualdades seguirán creciendo y los sistemas seguirán colapsando bajo su propio peso. Porque al final, la verdadera pregunta no es si debemos adaptar el sistema financiero a la longevidad, sino cuánto tiempo más podemos permitirnos ignorar el cambio.

 

Erik Díaz Fuentes, consultor y Embajador de la Comisión de Silver Economy del clúster MAD FinTech.

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