La Unión Europea se mueve para desbloquear el proyecto de Euro Digital, del que empezó a hablar en 2020, con la vista puesta en el horizonte de 2029 como posible fecha de entrada en vigor. Pero, ¿qué es el Euro Digital y qué supondrá para los ciudadanos? Explicamos las claves.
El proyecto de Euro Digital ha dado un paso de gigante: el Parlamento Europeo arrancará conversaciones con el Consejo y la Comisión para empezar a definir el marco normativo que regulará este nuevo ecosistema de pagos de la Unión Europea.
El objetivo es arrancar pruebas en entornos controlados tipo Sandbox ya en 2027, con la esperanza de que el Euro Digital sea una realidad en 2029. Un horizonte de fechas muy ajustadas que contrasta con los casi seis años que lleva transitando el proyecto por sus diferentes fases.
Para aclarar dudas y conceptos, analizamos qué es exactamente este proyecto y qué supondrá para ciudadanos y empresas.
Qué es el Euro Digital
El Euro Digital es la conversión del dinero actual en un activo digital, en un modelo 1 a 1: si tengo un euro en mi cuenta bancaria, puedo convertirlo a euro digital en una wallet que tendrán los ciudadanos. Por ello, el Euro Digital no es una criptomoneda ni una stablecoin que replica el valor del euro, sino que es exactamente el mismo euro de curso legal que ya existe, que pasará a tener tres posibles formas: efectivo (monedas y billetes), dinero bancario (el que tiene el usuario en su banco, que ya está parcialmente digitalizado) y el nuevo Euro Digital.
De hecho, los ciudadanos podrán ‘transformar’ sus euros en Euro Digital con solo transferirlos de su cuenta bancaria a su wallet, que seguramente estará integrada en las propias apps de los bancos. Es una tercera vía que busca coexistir con los métodos de pago actuales (efectivo y bancario).
Pero hay un matiz importante: el dinero bancario actual es un pasivo de una empresa privada (el banco), mientras que el Euro Digital será dinero del Banco Central Europeo (BCE) al mismo nivel que un billete o una moneda. Transformar un euro de la cuenta bancaria en un Euro Digital trasladará el riesgo de una empresa privada a un organismo público.
¿El Euro Digital no es como pagar con tarjeta o transferencia?
En cierto modo, pagar con euros digitales no será muy diferente a como lo hacemos ahora. En la actualidad, el usuario puede pagar con tarjeta de crédito o débito, que detrae las cantidades del saldo que tenga en su cuenta bancaria.
Pagar con Euro Digital será similar: bastará con acercar el móvil al datáfono (o el dispositivo equivalente) para realizar el pago, detrayendo la cuantía de la wallet de euros digitales. El cambio está detrás: los pagos actuales tardan tiempo en completarse, aunque el usuario no lo perciba. Con el Euro Digital, cada transacción se liquidará al instante.
¿Para qué se crea el Euro Digital si ya existen los pagos digitales?
Esa es la gran pregunta. Y tiene una respuesta bastante sólida: lo que busca la Unión Europea es crear y ofrecer un ecosistema de pagos digitales de titularidad pública y europea para no depender de operadores extranjeros, que son los que actualmente dominan en este mercado.
Y es que el ecosistema de tarjetas está en manos de Visa y Mastercard, mientras que los pagos móviles dependen principalmente de Google y Apple. Incluso soluciones intermedias como PayPal son estadounidenses, de manera que el ecosistema de pagos digitales o sin efectivo depende de compañías no europeas.
Y esto, en un contexto de guerras comerciales y erosión del vínculo transatlántico, supone un menor margen de maniobra para Europa, que busca incrementar su soberanía financiera con este movimiento.
¿Es el fin del efectivo?
En principio, no. El Euro Digital nacerá como tercera vía: una opción para coexistir con el efectivo (que será de obligada aceptación en todos los Estados miembros) y con las soluciones actuales (pagos con tarjeta, Bizum o pagos a través de apps de transferencia de dinero, como los que ofrecen neobancos como Revolut y aplicaciones específicas). Será discrecional para el usuario, que podrá elegir convertir su dinero a Euro Digital para utilizarlo en sus pagos.
Sin embargo, habrá una limitación: parece que la Unión Europea baraja que cada usuario solo pueda tener hasta 3000 euros digitales en su wallet. Es una de las normas a definir, pero que evidenciarían que el proyecto no busca sustituir al dinero tradicional, sino servir de complemento.
Algo que puede convertirse en un arma de doble filo, porque si el incentivo para usar euros digitales es prácticamente inexistente respecto a las opciones tradicionales, tanto los usuarios como las empresas no tendrán necesidad de sumarse al proyecto.
No obstante, se prevé que el Euro Digital tenga algunos beneficios evidentes. Uno de ellos es que se podrá pagar sin necesidad de disponer de conexión a Internet, lo cual será un avance a la hora de ofrecer una herramienta más resiliente en situaciones específicas en las que los actuales sistemas de pago no se pueden defender.
Lo que no está previsto es que usar el Euro Digital elimine las comisiones bancarias para comercios, como las que ahora pagan por cobrar con tarjeta: la Unión Europea contempla unas tarifas para que los comercios paguen por aceptar euro digital. Los ciudadanos no tendrán que pagar nada por usarlo como divisa.
Sea como sea, el proyecto de Euro Digital está en marcha y puede que estemos pagando con estos activos antes de lo que pensamos.














