Fernando Mairata: “La ciberseguridad comienza en el sofá de casa”

Fernando Mairata es presidente del Grupo Armora y CEO de DLTcode, además de uno de los mayores expertos y divulgadores sobre ciberseguridad en España. Acaba de publicar ‘Ciberseguridad en Familia’ (Ed. Palabra), un libro donde desgrana las claves para proteger a toda la familia en el mundo digital. El autor firmará ejemplares en la Feria del Libro de Madrid el domingo 7 de junio de 17:00 a 19:00 horas en la caseta número 54, de Librerías Paulinas. Hoy, responde a las preguntas de ECOFIN.

PREGUNTA.- “Ciberseguridad en familia” parte de una idea muy clara: que la seguridad digital no es solo un problema técnico, sino de hábitos, y nada mejor para fomentar buenos hábitos que el núcleo familiar. ¿En qué momento te das cuenta de que la ciberseguridad debía abordarse desde el hogar y no solo desde la empresa o la escuela?

RESPUESTA.- Desde hace tiempo vengo observando que la ciberseguridad no solo es una cuestión técnica. En la gran mayoría de casos, el fallo comienza en pequeños actos del día a día: un niño compartiendo demasiada información en sus redes sociales, unos padres que utilizan las mismas contraseñas constantemente o unos abuelos que no distinguen las estafas por SMS. Ahí entendí que la primera línea de defensa no era la empresa ni el colegio, sino la familia. En el libro insisto mucho en eso: la seguridad digital empieza en las conversaciones que tenemos en casa y en los acuerdos familiares sobre cómo usamos la tecnología. Es decir, la ciberseguridad en familia comienza en el sofá de casa.

P.- En el libro planteas que muchas conversaciones sobre privacidad, riesgos o redes sociales llegan “demasiado tarde”. ¿Qué señales deberían alertar a una familia de que necesita empezar a hablar ya de ciberseguridad? ¿Debe ser de padres a hijos o de hijos a padres?

R.- Normalmente llegamos tarde porque hablamos de privacidad o de riesgos cuando ya ha pasado algo. La realidad es que las señales aparecen mucho antes: cuando un menor empieza a usar las redes sociales o videojuegos online que tiene a su alcance, cuando alguien en casa hace compras online sin tener cuidado de los datos personales que ofrece o cuando los mayores empiezan a usar la banca digital sin conocimientos básicos de seguridad. En el libro explico que la conversación tiene que ser bidireccional. Los padres tienen que enseñar, pero también escuchar. Y muchas veces son los hijos quienes detectan antes ciertas amenazas o ayudan a proteger a sus padres y abuelos frente a fraudes digitales.

P.- Uno de los valores del libro es que adapta la prevención a cada edad. ¿Cuáles son los errores más comunes que cometen los adultos y cuáles los que comenten los niños y adolescentes?

R.- Los adultos suelen cometer un error muy peligroso: pensar que controlan. Hay mucha gente que cree que por llevar años usando tecnología ya sabe protegerse. Y precisamente esos perfiles suelen bajar la guardia. Los menores, en cambio, pecan más de impulsividad: comparten demasiado, aceptan retos virales, publican contenido sin pensar en las consecuencias futuras. Por eso en “Ciberseguridad en familia” intento adaptar el mensaje a cada edad, porque no se protege igual a un niño de ocho años que a un adolescente o a una persona mayor.

P.- A menudo se asocia la ciberseguridad doméstica con controles, prohibiciones o miedo. ¿Cómo se puede fomentar un uso seguro de la tecnología sin caer en la vigilancia constante o el alarmismo, en ambos sentidos (de adultos hacia sus hijos y de hijos adultos hacia sus padres mayores)?

R.- Ese era uno de los retos del libro: alejar la ciberseguridad del miedo. La tecnología no es el enemigo. El problema es usarla sin criterio. Debemos hacer un uso responsable de ella. Yo siempre digo que no se trata de vigilar constantemente, sino de acompañar. Igual que enseñamos educación vial, tenemos que enseñar educación digital. Por eso propongo herramientas como el Acuerdo Familiar Digital para ayudar a fijar normas claras y consensuadas. Cuando los menores entienden por qué se necesitan esas normas dejan de verlas como un castigo. Y con las personas mayores ocurre lo mismo. Necesitan apoyo y paciencia y, sobre todo, formación constante.

P.- El libro insiste en la importancia de los hábitos digitales saludables. Si tuvieras que recomendar solo tres hábitos clave que cualquier familia debería adoptar desde hoy, ¿cuáles serían?

R.- Si tuviera que resumirlo en tres hábitos serían muy sencillos. Primero, usar contraseñas distintas y activar siempre el doble factor de autenticación. Segundo, desconfiar de cualquier mensaje urgente, alarmista o demasiado bueno para ser verdad. Y tercero, hablar más en casa sobre tecnología. Parece simple, pero muchas familias hablan de horarios, estudios o dinero, pero nunca hablan de privacidad, redes sociales o estafas digitales. Y hoy eso ya forma parte de la educación familiar.

Fernando Mairata, CEO de DLTCode y autor de ‘Ciberseguridad en Familia’, junto a Nicolás Marchal, director del Departamento de Seguridad y Defensa de la Universidad Nebrija.

P.- Desde tu experiencia como formador y perito, ¿qué amenazas digitales están más infravaloradas en el ámbito familiar y, sin embargo, tienen un mayor impacto real en el día a día?

R.- Creo que el phishing sigue siendo la amenaza más infravalorada. La gente sigue pensando en ciberdelincuentes encapuchados. Sin embargo, la mayoría de ataques llegan por un SMS, un correo o una llamada manipulando emocionalmente a la víctima, es lo que hoy llamamos uso de la ingeniería social. También debe preocuparnos mucho la exposición excesiva en redes sociales. Hay familias que publican absolutamente todo de sus hijos sin pensar en la huella digital que están creando para el futuro.

P.- Más allá de proteger a los menores, el libro también interpela a los adultos. ¿Son los padres y madres el eslabón más débil de la ciberseguridad familiar?

R.- Sí, muchas veces los padres son el eslabón más débil, pero no por falta de inteligencia, sino por exceso de confianza y falta de tiempo. Además, los hijos aprenden observando. Si ven a sus padres compartir contraseñas, publicar cualquier cosa o aceptar enlaces sin revisar, entenderán que eso es normal. La ciberseguridad familiar como mejor funciona es desde el ejemplo. Por eso el libro interpela tanto a adultos como a menores. Todos formamos parte del mismo ecosistema digital.

P.- ¿Crees que algún día se logrará cerrar la brecha de desconocimiento sobre ciberseguridad en la sociedad española, a todos los niveles? ¿Cómo podemos saber más sobre ciberseguridad, conocer qué estafas están de moda en cada momento, qué estrategias y técnicas utilizar, qué herramientas instalar…? ¿Dónde podemos formarnos y estar al día?

R.- Yo creo que sí podemos reducir muchísimo la brecha de desconocimiento, pero tenemos que asumir que la formación en ciberseguridad debe ser continua. Las amenazas cambian constantemente. Lo importante es desarrollar pensamiento crítico y curiosidad responsable, dos ideas muy presentes en el libro. Para estar al día recomiendo seguir organismos como INCIBE, acudir a charlas, leer libros divulgativos, escuchar a profesionales del sector y, sobre todo, hablar de estos temas en familia. Y es que, en ciberseguridad, la mejor herramienta sigue siendo el sentido común.

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