El magnate Elon Musk podría estar contando sus últimas horas como mano derecha del presidente Donald Trump. ¿Qué pasará si Musk se distancia de Trump en plena guerra comercial? ¿Quién gana y quién pierde? El talento de Fernando Corella ilustra en su caricatura a un Elon Musk que se da un tiro en el pie al promover una Presidencia que atenta contra sus intereses empresariales. ¡Espadas en alto!
Hay rumores de sable en La Casa Blanca. Parece que una disputa ha escalado entre dos de los principales asesores de Donald Trump: Elon Musk y Peter Navarro. La pelota que disputan son los nuevos aranceles que desde hoy penalizan en un 104% a los productos de China y en un 25% a los de Europa.
Musk llamó a Navarro un “idiota” después de que éste descalificara al fundador de Tesla como un “ensamblador de autos”. Mientras, Trump disfruta con la pelea de sus vasallos. La Casa Blanca ha afirmado que dejará que la “disputa pública continúe”. Mientras, Leavitt mira desde el tendido y comenta que “los chicos serán chicos”.
De la motosierra a las trincheras
La Casa Blanca es un ejemplo de empresa americana al más estilo salvaje Oeste. Donald Trump siempre ha sido un empresario de Manhattan y le gusta el estilo del “Lobo de Wall Street”. Y de esos paradigmas de Wall Street y de Manhattan es de donde nace el management del canibalismo capitalista que impulsó el mito del Sueño Americano.
Es un modelo puesto en entredicho por la nueva Economía Digital de la Costa Oeste: Sillicon Valley, San Francisco, Seatle…
Trump, Navarro y los suyos promueven la competencia interna se cultiva, se estimula, se propaga y se premia con vencedores y vencidos. Y el empresario de la motosierra, por muchos dólares que lleve en los bolsillos, puede ser la primera víctima del canibalismo interno de La Casa Blanca.
Musk es el hombre Tesla, el ensamblador de piezas que llegan de América, pero también de China, de Europa y de México. Un exportador, pero también un importador. Y ahora tendrá que pagar aranceles por importar y por exportar. ¡Vaya negocio!
Y en esa batalla interior por el servicio público y los intereses privados, parece que no le acompañan el resto de la tribu instalada en el Pretorio de los Estados Unidos, la única gran potencia mundial por poder militar; pero sólo un Primus ínter parís en el concierto exportador, innovador y empresarial del planeta.
El Hombre más rico del Mundo
Elon Musk (Pretoria, Sudáfrica, 1971) es el hombre más rico del planeta y uno de los empresarios más polémicos del mundo. El típico nombre que pasa a la historia por su propia historia: fundador y posterior vendedor de varias compañías de tecnología, amasó una gran fortuna que, a base de fundar y vender más compañías de tecnología, se ha terminado encumbrando hasta el puesto del ‘hombre más rico del mundo’.
Polémico hasta el extremo, el nombre de Musk empezó a resonar con más fuerza a raíz de la fundación de la marca de vehículos Tesla, pionera en el desarrollo de coches eléctricos y autónomos; o más tarde con SpaceX, una de las primeras compañías espaciales privadas. La compra de la red social Twitter en 2022 fue, acaso, la guinda a una carrera que, no tenemos duda, continuará.
Pero algo se cruzó en el camino de este polifacético emprendedor: la política. Movido por su aversión a lo ‘woke’ y, supuestamente, la defensa radical de la libertad de expresión, Musk se convirtió rápidamente en adalid de la extrema derecha estadounidense, que se veía a sí misma marginada en una sociedad donde primaban la diversidad, la búsqueda de un capitalismo inclusivo con las minorías y los peor tratados por la globalización, y el progresivo desterramiento de discursos más o menos superados.

Elon Musk se debate entre sus intereses empresariales y los aranceles que sus compañeros de La Casa Blanca quieren imponer a propios y extraños, comenzando por Tesla y Musk.
Bajo su batuta, X se convirtió en el epicentro del Trumpismo 2.0, aquel que, precisamente, fue expulsado años atrás de la propia Twitter y de redes como Facebook por el torticero uso de la libertad de expresión para convertirla en ‘libertad para engañar’ y, con ello, ganar elecciones. Se llegó a demostrar la existencia de un complejo y más o menos orquestado entramado de bots encargados de difundir bulos y desinformación para beneficiar a Donald Trump, y otras opciones extremistas o, como mínimo, contrarias a los intereses de Occidente, a través de redes sociales, con contenidos que mezclaban lo real y lo irreal para generar miedo, odio y rechazo entre votantes generalmente poco informados de la realidad sobre el terreno y de las dinámicas que subyacen al titular llamativo y esotérico.
En todo caso, Musk no es el inventor de la desinformación con la que ahora gana dinero directa e indirectamente, pero sí la personificación de un fenómeno más profundo: el de la élite que se revuelve contra la élite. Un Trump 3.0 en toda regla, clamando contra un sistema que han contribuido a configurar y perpetuar, y que les ha beneficiado en lo social, económico y, también, político. Aunque renieguen de ello para ganarse el favor de los verdaderamente excluidos del sistema, que quizás piensan que dos multimillonarios velarán por sus intereses a golpe de arancel que muy probablemente terminarán pagando sacrificando su poder adquisitivo (en el caso de Trump) o a golpe de recorte en el gasto público del que seguramente dependen en mayor o menor medida (en el caso de Musk).
La Derecha y la Otra Derecha
La Derecha no es un todo. Existen muchas derechas dentro de la Derecha. Nada tiene que ver el Liberalismo Capitalista con la Autarquía arancelaria del nuevo Gobierno de La Casa Blanca. Libertad y Liberalidad siempre juegan a favor del más fuerte. Y por eso ha sido la bandera ondeada por distintas presidencias norteamericanas que en paralelo promulgaban una “América para los Americanos”, en un expansionismo colonialismo imperialista económico.
La nueva bandera de los Republicanos de los Estados Unidos es más atrincherada, autárquica, jugando a un enroque defensivo ante enemigos económicos poderosos de Oriente y Occidente, ante los que pide una negociación bajo las armas de los aranceles. Parecen gritar en Washington aquello de “si vis pacem, para bellum” (si quieres la paz, prepara la guerra). ¡Y vaya si hay Guerra Comercial en el mundo dinamitada por las amenzas y aranceles!
Porque el papel de Musk como símbolo de la extrema derecha estadounidense pro-Trump, aglutinada en torno a un lema tan atractivo como vacío de objetivos específicos (Make America Great Again), terminó incrustándolo en la mismísima Casa Blanca al frente de un departamento de nueva creación cuyo nombre evoca a una shitcoin, o ‘moneda meme’, por decirlo finamente: DOGE, o Departamento de Eficiencia Gubernamental. Un pseudoorganismo encargado de sacar a paseo la motosierra, al más puro estilo Javier Milei (otro que tal baila), para implementar una agenda ultraliberal que casa más con su verdadero perfil que la careta tras la que quieren ocultarlo.

El talento de Fernando Corella ilustra en su caricatura a un Elon Trump que se da un tiro en el pie al promover una Presidencia que atenta contra sus intereses empresariales. ¡Espadas en alto!
La entrada triunfal de Elon Musk en el Gobierno estadounidense, sin cargo ni sueldo, ha chocado frontalmente con su papel de empresario. Las acciones de Tesla, la cara visible de su entramado empresarial no vinculado a esa misma extrema derecha que vitorea las medidas trumpistas, han caído un 40 % desde principios de 2025, incluyendo el ‘crack’ causado por la declaración de Guerra Comercial contra el mundo por parte de su jefe y señor, Donald Trump.
Precisamente ahora que los números empiezan a indicar que no estamos para bromas, Elon Musk parece alejarse poco a poco del Despacho Oval. Hay varias razones que lo pueden explicar. Una legal, pues un cargo como el suyo tiene una limitación temporal que expira ya mismo.
Y otra económica, pues un empresario cuyo objeto de negocio es diseñar coches en Estados Unidos, fabricarlos en Europa y China para abaratar costes y venderlos en medio planeta para engrosar su fortuna quizás sea incompatible por principios con el establecimiento de aranceles que gravan a los consumidores que compran productos como el suyo. Porque, ya lo hemos dicho, los aranceles son un impuesto al consumidor, no a un país, a una empresa o a un producto.
El propio Musk ha pedido este fin de semana un acuerdo de libre comercio entre Europa y Estados Unidos. Quizás sea un mensaje realmente pronunciado por Trump a través de Musk, pero la realidad es que una guerra comercial al último al que puede beneficiar es a un multimillonario empresario que no ha llegado al primer puesto en la lista de los más ricos del mundo por fabricar y vender sus productos en Estados Unidos, sino por conquistar el mundo (y el espacio, y el ciberespacio) de forma global.
Por Miguel Ángel Ossorio y Salvador Molina, consejo editorial de Foro ECOFIN













