8 reglas de oro para hacer un buen compliance

La reforma de la ley Orgánica de 2010 ha provocado un lío en los departamentos jurídicos de las empresas al introducir la figura anglosajona de la responsabilidad penal de las personas jurídicas. En los casos de delitos económicos, “responde la persona jurídica por los actos de sus empleados, de sus personas físicas”, explicó Edmundo Bal, abogado del Estado y jefe del Departamento Penal de la Abogacía del Estado, en el X Congreso ECOFIN.

Por otra parte, la sentencia del Tribunal Supremo de fecha 29 de febrero de 2016 (año bisiesto), establece la diferencia entre beneficio directo e indirecto, un matiz importante a la hora de determinar la posible culpabilidad penal de una organización.

Edmundo Bal

Edmundo Bal

Para adaptarse a la nueva situación, las empresas están incorporando protocolos de ‘compliance’ o modelos de organización y gestión con el objetivo de eludir o minimizar los riesgos. Para ello, encargan costosos protocolos de compliance a las consultoras. Pero, “eso, ya lo avanzo de antemano, no vale para nada”, afirma rotundo Edmundo Bal, abogado del Estado y jefe del Departamento Penal de la Abogacía del Estado.

Con esta afirmación, Bal parece contradecir al propio Código Penal, que establece la necesidad de tener implementado un protocolo de cumplimiento normativo o complace penal en cada empresa. Pero argumenta: “No es imprescindible, la empresa puede probar de otras formas que se ha comportado de forma correcta; no hace falta tener el ‘papelito’ de los modelos de organización y gestión”. Incluso se planteó el debate sobre los protocolos estandarizados por las grandes consultoras y firmas de abogados que los venden como quien vende libros, que luego se personalizan en cada organización.; pero que se comercian a precio de oro y cuyo valor es puesto en cuestión por el abogado del Estado.

Y ello es así porque, según la postura mayoritaria del Tribunal Supremo, lo que se castiga o se premia es la existencia de “una cultura de cumplimiento del derecho”. O, como dice Bal, “en un pleito penal, si un empresario demuestra que en su empresa son cuidadosos, que dicen a sus comerciales que cumplan con las normas, etc., no es necesario ese documento”.

Medida a implementar

En las grandes empresas hay que incorporar la figura del complace officer, el oficial de cumplimiento normativo. Pero Bal avisa que “debe seleccionarse muy especialmente; ya que no puede ser una persona sin responsabilidad orgánica, tiene que ser alguien que, cuando reclame información a un departamento, no se lo vayan a denegar”.

Además, en el caso de que un empleado cometa un delito, Bal recomienda adoptar la postura anglosajona: despedirlo, denunciarlo, colaborar en la investigación y, al menos formalmente, no compartir abogado con el denunciado. “La empresa tiene que demostrar que ha puesto todo de su parte para que no se cometiera el fraude”. Porque, según destaca, “lo importante es la actitud frente al delito”

¿Qué medidas hay que implementar para demostrar esta actitud? La recete en ocho medidas de Edmundo Bal es ésta:

  1. Identificar el mapa de riesgos. Analizar los posibles delitos en función del objeto social de la empresa.
  2. Aclarar los poderes. Evitar que pueda haber poderes yuxtapuestos.
  3. Procurar que los poderes sean mancomunados.
  4. Establecer procedimientos de control.
  5. Establecer canales de denuncia.
  6. Adoptar sistemas de disciplina laboral.
  7. Revisar periódicamente los protocolos.
  8. Establecer cursos de formación periódicos.

Con estos buenos principios y la mostración de una cultura corporativa legalista y respetuosa con las normas, cualquier pleito está ganado.

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