Sobrevivir con éxito en un mundo VUCA

Una de las cosas que intento transmitir cuando trabajo con equipos directivos es que las organizaciones deben cuestionarse permanentemente lo que están haciendo. Hago mucho énfasis en cuestionarse y no digo cambiar por cambiar. Para sobrevivir hay que innovar.

Cuando hablamos de innovación, existen una serie de creencias que, si bien no son erróneas, son demasiado parciales. Solemos creer que la innovación es hacer cosas distintas, que solo se produce en tecnología y en producto y que solo las empresas grandes pueden innovar; por supuesto que hacer cosas distintas es innovar y por supuesto que innovar en tecnología y producto es innovación. Pero te das cuenta de que al final, en la inmensa mayoría de las ocasiones, la innovación no es hacer cosas distintas, sino hacer lo mismo de forma distinta y que las innovaciones más radicales se producen en modelos de negocio, lo que está al alcance de cualquier empresa y muchas veces no cuesta dinero.

En los mercados actuales, nos encontramos con una serie de tendencias imparables y que toda organización debe gestionar, entre las que se puede destacar la competencia insaciable.

Los mercados son una guerra sin tregua. Nuestros competidores intentaran quitarnos cuota de mercado y nosotros a ellos.

Y en esta reflexión aparece el dilema productividad vs competitividad.

El gran objetivo de una empresa es la competitividad. La productividad es un factor muy importante, pero no suficiente. La productividad es la mirada interna de la empresa, pero lo fundamental, donde nos jugamos nuestro destino será en la mirada externa, es decir cuando el mercado nos compara con nuestros competidores y decide a quien compra. Por desgracia, muchas organizaciones únicamente están focalizadas en la productividad, en la reducción de costes y acaban siendo organizaciones anoréxicas, incapaces de competir.

La competitividad es mucho más que la eficacia operativa (buen producto, precio adecuado, distribución eficaz). La competitividad es el resultado de la suma de dos variables la eficacia operativa y la diferenciación percibida, la imagen que se transmite, es decir el posicionamiento percibido.

Por supuesto que esa percepción debe ser confirmada con productos o servicios que satisfagan, o mucho mejor, superen sus expectativas.

Hay una serie de factores que intervienen en la competitividad en todas las organizaciones. Podríamos afirmar, que la receta es única, pero lo que cambia radicalmente es el peso específico, la ponderación de cada uno de ellos. Toda empresa deberá definir el equilibrio que desea conseguir, ya que sin esta definición, resultara extremadamente difícil el alinear todas las decisiones con los objetivos pretendidos.

Hay que partir de la idea que si normalidad la entendemos por estabilidad, esta ni existe ni existirá.

Las empresas suelen pagar mucho más las decisiones que no toma que incluso alguna decisión errónea. Cuando una empresa toma una decisión, aunque esa decisión se pueda considerar errónea, siempre contiene un aprendizaje, sí, siempre. Cuando no tomo una decisión, aparte de que no hay ningún aprendizaje, alguien acaba tomándola por mí. ¿Quién? mis clientes y mis competidores. El mercado seguro que va a continuar tomando decisiones, por lo que más vale que yo tome mis decisiones, antes que otro lo haga por mí. Al final o inventas tú tu futuro o alguien lo va a inventar por ti. En este entorno que ahora se ha puesto tan de moda y que denominamos VUCA, concepto que procedía del mundo militar y que ahora se ha reconvertido al empresarial, en que las iniciales corresponderían a (Volatily, Uncertainty, Complexity, Ambiguity), es muy difícil disponer de toda la información para poder tomar decisiones. Si esperamos a tener toda la información, será demasiado tarde. Tenemos que encontrar un equilibrio entre la rapidez en la toma de decisiones y por supuesto en el acierto, lo que he denominado “saber incierto, decisiones acertadas”. Pero no es fácil, porque en el mundo de la empresa y la estrategia, a diferencia de otros mundos, no juegas solo. Puedes tomar tus decisiones estratégicas pero cada vez que lo haces el mercado responde y actúa, siempre hay acción-reacción, y esto nos obliga a estar permanentemente en movimiento.

Existen los límites, pero nunca son la primera visualización que tenemos de ellos e imposible solo es una opinión.

Artículo realizado por: Marcos Urarte, profesor invitado en el Área de Estrategia del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

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