¿Qué pesa más, el miedo al fracaso o la pasión por el éxito?

Artículo realizado por: José Luis Zunni, director de ecofin.es, y Eduardo Rebollada, miembro de la Junta Directiva de Governance2014.

 

El miedo puede ser un elemento paralizador o un factor motivante en el mundo de las organizaciones. José Luis Zunni y Eduardo Rebollada, analizan en este artículo como este arma de doble filo puede ser ventajosa o un inconveniente para un buen líder.

Partimos de la base que por lo general, sea en el plano profesional o personal, la gente complica las cosas más de lo que debiera, incluso algunas que jamás se hubiera imaginado podrían generar un problema o un conflicto. Entonces al hacernos hoy la pregunta de qué pesa más, el miedo al fracaso o la pasión por el éxito, debiéramos antes que nada saber si podemos transformar el miedo en éxito, así de sencillo. El miedo puede ser un elemento paralizador, pero también un factor altamente motivante. La cuestión es ver si podemos reencaminarlo de manera racional (no visceral) hacia la consecución de los objetivos que tenemos propuestos, evitando que produzca en la gente parálisis o peor que esto, que estimule acciones de tipo irracional.

Si para la gran mayoría este efecto paralizante es verdad (en la esfera individual), los grandes líderes saben cómo controlar y gestionar sus dudas, sus miedos, y usarlos de manera de obtener ventaja. Es más, el miedo será el motor de propulsión de su pasión, que si bien cuenta con ella porque forma parte de su estructura de personalidad, la activará aún con más fuerza porque estos líderes efectivos están hechos más de pasión que de dudas y miedos, aunque es natural que también los tengan. Los grandes líderes jamás han ocultado o negado sus miedos, lo que han sabido hacer por encima de la media de los mortales, es gestionarlo de manera tal de no apagar su pasión en el camino hacia la meta. Esta es la diferencia.

Por eso en los cuerpos de élite (fuerzas especiales) les preparan para todo tipo de acción (supervivencia, mantener una posición aún en desventaja numérica frente al enemigo, etc.), pero se ocupan de cómo formales en el “vencimiento” del miedo no negándolo, sino sabiéndolo administrar. Y esta es una grandísima diferencia.

Hemos abordado reiteradamente en el tratamiento de la inteligencia emocional y el liderazgo, que la clave está en controlar las emociones, pero que en esencia éstas no tienen por qué ser negativas, excepto que se las descontrole, que se tomen decisiones en base a supuestos no fundados, o lo que es peor, a tópicos y prejuicios, cuando dichas acciones versan principalmente sobre personas.

El miedo, gran motivador 

Kevin Daum, uno de los grandes líderes del Management actual norteamericano, afirma: “Para mí, el miedo es un gran motivador. Me conduce o me lleva como si fuera un compañero de ruta, hacia mi pasión, ya que a uno le viene al cuerpo cierta excitación sobre las nuevas oportunidades y desafíos que el mismo miedo nos pone delante y a su vez nos motiva para ser diligentes y planificar como es debido”.

Sentimientos vs. Inteligencia 

Los actores que concurren para que esto sea posible: ambiente distendido, transparencia y buena comunicación interna, lealtad y compromiso entre empleados y organización como un camino de doble dirección, pero fundamentalmente, un claro liderazgo que reconduzca la parte emocional que es el más alto componente de las personas, mucho más que el intelecto. Porque vivimos las experiencias a diario con los sentimientos en prevalencia sobre nuestra capacidad para que sean inteligibles. Esto es así por nuestra naturaleza humana.

Y la neutralización del miedo a través de la acción decidida del líder en guiar al grupo a pesar de las dificultades, transmitirles esa energía positiva y facilitar ese ambiente especialmente agradable, pone en marcha el camino hacia el éxito.

¡Pero cuidado! El éxito no lo entendemos únicamente como culminar la meta, como el deportista que corta la cinta en primera posición. ¡No! El éxito es un proceso que desde el mismo momento en que se articulan los mecanismos para que se implementen las acciones necesarias, estará siempre delante de nosotros y jamás se alcanza como culminación final de un proyecto, sino que es un escalón más de la escalera de la vida, al que solamente podemos aspirar a aproximarnos.

Bien es cierto que hay una minoría de personas que se ha aproximado muy por encima de la media, pero nadie llega a gozar del éxito final porque siempre se está en camino de éste. Satisfacción por logros parciales, objetivos cumplidos y consciencia de haber hecho bien las cosas. Esto es lo que llamamos “pasión por el éxito” aunque sabemos que seguiremos transitando siempre en su búsqueda, haciendo las cosas de la mejor manera posible.

Businessman Wearing Cape

Si por ejemplo, miramos nuestro entorno, en concreto el sector de mercado en el que actúa nuestra empresa, no es raro que uno pueda sentir cierto temor por las acciones del que consideramos un buen y duro competidor. Sí…lisa y llanamente….MIEDO.

Al mismo tiempo que preocuparnos por los factores externos, debemos pensar en cómo se debe actuar, qué decisiones deben tomarse en función de los productos que nuestro competidor está comercializando y los cambios (esto es decisivo) que ha ido haciendo dicha competencia para llevar razonablemente bien la crisis.

Se han producido en el mercado auténticos agujeros negros de nichos de libre disponibilidad, simplemente por el miedo que muchos han tenido durante la crisis o que su pulmón financiero le limitaba las acciones, pero dejaron consciente o inconscientemente campo libre a la competencia porque la inseguridad y la incertidumbre se convirtieron de factores externos de mercado que obviamente no son controlables, en sentimientos personales y de equipo, que sumados a lo mejor a un liderazgo un poco deficiente, generaron el miedo al fracaso y una cultura de “no podemos librar esta batalla” o “nos bajamos del tren” o “esta no es nuestra guerra”.

Cuando surge el buen liderazgo que neutraliza el miedo 

Nosotros sabemos que cuando se está mirando con obsesión al competidor directo, pueden surgir miedos, es algo natural, pero no los de índole individual, sino aquellos que afectan a la organización como un todo, lo que hace que uno trabaje más duro y apele a su creatividad más que nunca. Pero especialmente, es en estos momentos de dificultades y cierta incertidumbre, en los que tiene que surgir la capacidad de liderazgo de esos directivos que evitarán que ‘el barco zozobre’.

No decimos que no tengan miedo, porque es humano. El gran atributo personal para los líderes efectivos, es que el miedo les impulsa a reaccionar antes de lo que lo hubiesen hecho si no lo hubieran sentido. No es un galimatías, sino la realidad de lo que significa capacidad de anticipación, característica de los buenos líderes.

Porque habrá que buscar con inteligencia y con fuerza nuestro nicho de mercado, aquel espacio, que aunque pequeño al principio de nuestra nueva acción, nos permita seguir compitiendo en los próximos meses en condiciones aceptables y no estar con el miedo de ser expulsados del mercado porque no hayamos sido capaces de dar respuesta a las acciones comerciales e industriales de este competidor.

Algunos consejos útiles para neutralizar el miedo y convertirlo en un impulsor hacia el éxito 

1º No dejar que el miedo se convierta en un virus que todo lo contagia.

El buen líder trabaja siempre controlando y gestionando la incertidumbre, tratando de que no se convierta en un flagelo que desmorone los sentimientos y predisposición de su gente.

2º Saber cuál es la raíz de nuestro miedo.

Un experto como Lee Colan lo explica de manera sencilla pero eficaz: “Si usted tiene miedo a volar puede ser un síntoma de tener una gran necesidad de control, y cuando usted no lo tiene, como es el caso de estar metido en un avión que es como haber dejado en tierra dicho control, le produce una fuerte ansiedad”. Pero va a más: dice que el miedo a hablar en público, que es estadísticamente el más numeroso de todos los miedos en el ambiente de las organizaciones, puede reflejar un síntoma de inseguridad.

Por eso Lee Colan dice que si usted puede dejar de pensar en el miedo por un instante, puede determinar si sus primeras reacciones son o no de inseguridad, quizás el sentido de la pérdida, la necesidad de control o la disconformidad con el nivel de incertidumbre. Y cuando las haya identificado cuál es la raíz del miedo que le afecta, usted podrá conocer más íntimamente esos temores, lo que le permitirá gestionarlos mucho mejor.

3º Miedo y recompensa.

Estamos inmersos en una sociedad del miedo porque la incertidumbre de la ciudadanía que se ha visto incrementada con la crisis, también la sienten las personas dentro de las organizaciones.

Si he efectuado bien la tarea, si el equipo y el jefe me reconocen como es debido, cuál es la línea que la organización está siguiendo para afrontar el futuro, si voy a tener alguna oportunidad de desarrollo personal y profesional o tengo que limitarme a cuidar que no me echen en los próximos meses, todos ellos son argumentos que pasan por nuestra mente y nos producen miedo y ansiedad.

De ahí que el líder efectivo tenga que lograr que su gente deje fuera los miedos y entregue todo su potencial para la organización. La mejor solución es la recompensa, que asume las formas más diversas según las políticas de RRHH de cada organización, pero que una de ellas tiene que ser común a todo buen liderazgo: preparar a los empleados para que superen los miedos y saquen de dentro todo el talento que empujará al éxito a la organización.

La pasión que mueve a los grandes líderes también la enseñan y transmiten a su gente. Logran que pese mucho más esa lucha encarnizada entregándolo todo (la pasión), que aquel miedo al fracaso.

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