Por qué seguir al líder. La gente cree en el líder que crea en lo que la gente crea

Artículo realizado por: Salvador Molina, presidente de ECOFIN, José Luis Zunni, director de ecofin.es, Eduardo Rebollada Casado.

En este año de elecciones es muy importante saber qué busca la sociedad en un buen líder, que es lo mismo que busca en otros líderes en la empresa, la asociación, el grupo deportivo, etc. Desde este blog de management defendemos hoy que el líder que muestre una mayor empatía con los votantes, será el mejor posicionado en un proceso electoral. Pero, ¿cómo conseguirlo?

Al referirnos a que la gente (empleados de una organización o ciudadanos) cree en el líder, que a su vez cree en lo que su gente (ciudadanos) creen, no es un galimatías. Es una realidad palpable. Basta verificar los sondeos de intención de voto actuales para ver que existen muchas personas que están creyendo que nuevos líderes van a ser mejores que los actuales, porque creen en lo que los ciudadanos creen. Vamos a destripar hoy esta parte interesantísima del liderazgo actual.

En el mundo del management y el liderazgo, cuando se pronuncia la palabra “creer” no es una cuestión de fe, sino de compartir valores y principios. En el ámbito político, por ejemplo, la gente cree más en el líder del cual están convencidos de su valía profesional y cuyos principios de actuación responden a lo que la sociedad requiere en ese momento. Repetimos: ¡no es cuestión de fe, sino de creencia en los mismos principios!

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¿Cómo se llega a un mercado (consumidores) o a una ciudadanía (electores)?

Sólo cuando el líder demuestra que se preocupa y protege a los suyos. ¿Implica esto una sobreprotección exagerada, sobre todo del personal de una organización? O en el ámbito político, ¿un apadrinamiento exagerado sobre la ciudadanía? De ninguna manera. Lo que queremos decir es que la protección no implica cuidar al otro, sino compartir valores con los demás. Desde el momento en que se genera un sentimiento de que ambas partes (organización o dirigencia política) tienen la misma sintonía respecto a cuáles son las acciones que se deben acometer, automáticamente se genera una sensación de seguridad y protección. Porque se cree (empleados y ciudadanía) que las soluciones que se están poniendo en marcha son las que corresponde aplicar.

Durante años el management ha sido una disciplina que se caracterizó por explicar cuál había sido el grado de desarrollo de las organizaciones y su forma de gestionarse, estableciendo parámetros y normas de comportamiento. Esto ha funcionado así hasta hace muy pocos años, en el inicio de la globalización.

Coincidiendo con este proceso de transformación de las organizaciones y sus procedimientos gracias a las nuevas tecnologías, se produce un cambio que predetermina también una actitud distinta desde la alta dirección. Las exigencias del tiempo presente, amén de la última crisis de la cual aún estamos saliendo, obligan a una manera de gestionar diferente: lo que hace que el management, especialmente el estudio del liderazgo, se centre en los cambios que deben hacerse hacia delante, como la evidencia en organizaciones punteras a escala mundial así lo ha puesto de manifiesto. O sea, nuevos principios de actuación en el liderazgo antes de que nuevas transformaciones ocurran: anticiparse a los cambios.

Pero también implica un cambio de pensamiento, fundado en que hay que servir al otro y el resto también tiene que servir a los demás. Y para que este camino multidireccional se transite con éxito, se deben compartir valores.

Simon Sinek, uno de los más importantes pensadores del liderazgo actual, ha hecho un estudio de campo, consistente en visitar decenas de organizaciones y analizar cuál había sido su comportamiento para superar la crisis, descubriendo un patrón común: todas las personas que trabajan en ellas se sentían seguras.

Lo que se deriva de esta constatación es que toda esta gente creía en lo que los respectivos líderes organizacionales hacían. Creían que seguían la dirección correcta, lo que terminaba siendo un factor de seguridad para sus propias carreras personales.

¿Cómo se produce una brecha en el pensamiento para cambiar una creencia? ¿Es posible que una creencia nos lleve a un avance personal, organizacional, o en la sociedad en su conjunto?

La fuerza para impulsar cualquier cambio personal proviene desde el interior de la persona. Su mapa mental, o sea sus creencias y principios. Pero en medio de una recesión como la que hemos tenido, no es suficiente con apelar a los valores, porque el entorno está castigando a las personas.

O sea, que está bien que los valores se compartan, pero también hay que favorecer el cambio para que las personas sigan creyendo y compartiendo esos mismos principios. Esta es la clave del fracaso de la política de austeridad practicada desde Bruselas y también seguida por el gobierno español. No era cuestión sólo de equilibrios presupuestarios y déficit, sino de tener la firme convicción y creencia (de parte de la gente) de la inutilidad de los sacrificios a los que se les exponía. Independientemente de algunas mejoras a escala macroeconómica, la creencia ciudadana directamente ha calificado con un “suspenso” estas estadísticas porque no cree que mejorara su situación personal. Esta es la clave que debe interpretar el buen líder.

En la vida y en las organizaciones, para crear un gran avance, tenemos que tener en cuenta tres cosas:

  • Saber cuándo hay que cambiar de estrategia.
  • Saber cuándo se puede cambiar de relato (historia).
  • Saber cómo y cuándo cambiar el estado de las cosas.

En cuanto al cambio de estrategia, es fácil de entender. Si se está analizando cómo crear un cambio de dirección en la organización, o también en su vida personal (practicar ejercicio, no fumar, bajar de peso, etc.), significa que en el enfoque actual (tanto organizacional como personal) algo no está funcionando. Porque si hubiese funcionado se habría logrado lo que se quería.

Ante esta circunstancia se tiene que revisar el entorno, el enfoque y la estrategia. Es conveniente, en el plano personal, por ejemplo, encontrar a personas que ya hayan resuelto su problema (o están próximas a hacerlo) y hacer lo que ellos hicieron. En el plano político, si un país líder como Estados Unidos ha utilizado estrategias de políticas monetarias expansivas -pruebas evidentes en cuanto a la creación de empleo- debería la Unión Europea no enrocarse en su filosofía de austeridad, porque se está viendo que otros, como Estados Unidos, que no han seguido sus prácticas, han obtenido magníficos resultados.

Cambiar la historia es igual de sencillo, porque cuando alguien tiene la estrategia correcta delante de sus propias narices y aún no han obtenido el éxito buscado, igualmente han creado un conjunto de creencias, una historia acerca de por qué no va a funcionar determinada acción que se tome en la empresa, o por qué tal o cual política no podrá funcionar en el estado actual de la economía, etc.

En otras palabras: en lugar de abrazar la estrategia probada y fallida, dejar de poner obstáculos cuando las creencias de una mayoría de gente (también los líderes de la oposición, analistas independientes, etc.) se están resquebrajando porque visto los resultados no se pueden compartir esos mismos valores.

El cambio de relato es a veces complicado, pero lo que no puede hacer un líder es inventar historias para que la gente “compre”, cuando la creencia indica que no tienen sentido o que conducen a una peor situación.

En cuanto al cambio de estado, si se siente que está en el infierno, poco puede pensar en los valores. Los estados emocionales internos le van a estar dictando su percepción de las cosas, en el plano personal, laboral o cómo se siente como ciudadano. Sí, en cambio, si se siente bien, percibe la sensibilidad del líder en su organización, estará en condiciones de probar nuevas experiencias y de seguir esas nuevas creencias que la dirección de la empresa quiere que comprenda y siga.

Si los líderes políticos se preocupasen más en cuáles son los valores y principios en los que la gente cree, se acortarían distancias (a veces infinitas) entre las medidas de política que se toman y una buena contestación ciudadana. La pregunta que nos formulamos hoy, es: “¿Por qué se sigue en una línea en la que todos los indicadores gritan que la gente no cree en lo que están haciendo?”. Es imperativo que esto se comprenda. El líder político que mejor comprenda las creencias de las personas (electorado), al mismo tiempo que transmita a la ciudadanía que está en sintonía con esas creencias, sin duda será el que mejores opciones tenga para cualquier proceso electoral.

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