Hábitos para el buen liderazgo

El estudio del liderazgo nos da a menudo sorpresas interesantes, como es el caso de la vinculación entre la agilidad mental de un líder y su éxito, del mismo modo que partiendo en sentido inverso, o sea analizando decisiones e implementación de acciones de un líder, se evidencia su nivel de eficiencia, amplitud de criterio, flexibilidad, etc.

La sentencia aristotélica de que “somos lo que hacemos repetidamente”, nos lleva a concluir con el maestro de Alejandro Magno que “la excelencia, entonces, no es un acto sino un hábito”. Es muy elocuente al considerar que los seres humanos tienen tendencia a adquirir tanto buenos como malos hábitos. En todo caso, la visión que debemos tener de este pensamiento de Aristóteles es que dependiendo de qué conductas sigamos en la vida así serán nuestros resultados finales, lo que caracteriza la forma de ser de una persona.

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Pero en el día a día, el alcance de este pensamiento aristotélico también tiene consecuencias prácticas: los hábitos terminan negando nuestra creatividad y capacidades, pudiendo a veces malograr todo un talento por incurrir en conductas negativas que hay que erradicar.

Esto vale, para los prejuicios, tópicos y toda forma de pensar negativa sobre otra u otras personas, o también sobre la empresa, su cultura, filosofía o los métodos que aplica. Pero estos tópicos están en un nivel casi automático, surgen del inconsciente y son tremendamente negativos.

Aunque se agrava la circunstancia, cuando ya el mal hábito, por ejemplo, la falta de orden y disciplina en un puesto de trabajo que requiere ser minucioso, mucha atención y responsabilidad, terminan siempre en un mismo resultado: o se erradican los malos hábitos o se cambia de puesto o incluso se le despide. No es menos grave, cuando en el ámbito de trabajo se generan rumores acerca de determinadas personas o jefes, que cargan de negatividad el espacio que comparten tantas horas los miembros de un equipo y/o departamento.

Nuestra actividad mental (el sustrato fundamental de un individuo) está vinculada de manera absoluta al de las emociones, formando una estructura indivisible de mente-cuerpo-sentimientos.

Cada vez que observamos el comportamiento de líderes efectivos, puede concluirse que no son cautivos del cultivo de buenos hábitos y rutinas de otras personas, incluso a las que admiran, por la sencilla razón de que no quieren quedarse atrapados en la forma en que éstos últimos ven el mundo y la manera de vivir de estas personas. Quieren sentir, por el contrario, que al no tener la rutina o la estructura como copia o reflejo de los hábitos de otros – por más destacados que sean-, son muchos más libres en cuanto a la actividad mental independiente, afectando de manera positiva también, el amplio campo de las emociones. Les otorga seguridad en sí mismos, lo hacen formar parte de su interior (internalización) incorporándose a sus valores y principios, pero especialmente lo gestionan como una emoción que da respuesta automática a la forma de ver las cosas, de relacionarse con las personas y de implementar las acciones. Es beneficiosa esta forma de actuar para todos los miembros del equipo.

Los líderes que eligieron el camino de escucharse a sí mismos y no a los demás, reflexionando y meditando, lograron la creación de un espacio de excelencia en sus vidas mediante el establecimiento de una rutina diaria positiva. Que las voces del exterior  no les perturben.

Para que se entienda también el alcance de estas afirmaciones, significa que si bien practican la escucha activa para que sus equipos y sus miembros vean que su líder les reconoce, presta atención a sus sugerencias en cuanto a cambios o ajustes que hay que hacer, etc., ello no implica que queden presos de una forma de actuar que han estructurado otros, sea la cultura de la organización, el líder que anteriormente ocupaba su puesto, un consejo de administración que impone ciertas normas, etc. Estos líderes efectivos siempre eligen el tono, forma y contenido de lo que dicen y cómo lo dicen. Tienen patente de propiedad sobre esas rutinas que han convertido en buenos hábitos.

Al establecer este tipo de personalidad su propia rutina diaria, es altamente positiva, porque no sólo es una mejor auto-inversión en la gestión de su tiempo, sino que es una manera de hacer también lo mejor para el resto de personas que están trabajando a su lado, de manera más directa o aquellas que lo hacen muy indirectamente. Porque impulsa la construcción de buenos hábitos con beneficios adicionales que mueven siempre personas y organización hacia delante, nunca dejan de estar en movimiento y tienen la sensación de que se están haciendo las cosas como se debe.

Además, en esta rutina surgida de los buenos hábitos de los líderes, cabe la formación y capacitación de las personas, a las que les dedicará gran esfuerzo, porque toda la inversión que haga en ellos redundará en beneficio del equipo y también en la propia acción del líder. Le liberará a corto plazo de un exceso de tiempo de dedicación a cosas que no son importantes, porque su personal ha estado aprendiendo a priorizar decisiones y acciones.

A esas otras personas que a veces sienten que no tienen fuerza en determinado día para llevar adelante la carga de trabajo que tienen, esta manera de actuar del líder les impulsará también a perseverar a pesar del cansancio, agotamiento u otras circunstancias. Comprenderán las ventajas de conducirse con estas nuevas maneras de actuar que se establecerán con criterio estructural de buenos hábitos. Porque aquí sí vale nuevamente la filosofía de Aristóteles: a medida que se mejore por el cambio de hábito, las nuevas rutinas estarán determinando un comportamiento de personas y equipos. Seguirán en el camino hacia el éxito porque la constancia en los hábitos, les han ido llevando hacia actitudes y acciones de excelencia.

Siguiendo una rutina diaria, una vez aprendidos la fijación de prioridades y objetivos, facilita que cada persona establezca las suyas en relación a su puesto de trabajo y a todo el equipo, lo que ayudará a evitar dilaciones innecesarias, mantener bien focalizada cuál es la meta a alcanzar, revisando de vez en cuando la misión que tiene la organización.

Ventajas de la rutina de buenos hábitos

No exageramos si decimos que por este motivo también se logra una mejora o al menos, no perjudicar en exceso la salud de las personas, cuando están sometidas a mucha presión por el trabajo. Una forma de desinflar la presión es la estructuración en la vida laboral de determinados buenos hábitos que ayudarán a prevenir enfermedades.

O sea, que el contraste entre el mal hábito y el buen hábito, radica en la capacidad que éste último tiene de optimizar la actividad mental, buscando esa excelencia referida.

Los hábitos son las acciones que se toman de forma repetida con poco o ningún esfuerzo del pensamiento. Pero cuando entran de lleno a formar parte de las rutinas positivas, por más automáticas que sean, ayudan también a liberar actividad mental para otras tareas y responsabilidades.

Tener más empuje, motivación y pasión, es lo que hace llegar a las metas fijadas, de manera más fácil y también la que brinda más satisfacciones.

Brian Tracy, un reconocido experto en liderazgo y motivación hacia el éxito, afirma que los buenos hábitos son difíciles de adquirir pero fáciles de vivir con ellos. Los malos hábitos son fáciles de adquirir, pero difíciles de vivir con ellos”.

Es importante considerar algunas de las cosas que pueden hacer de la rutina diaria, un camino para alcanzar niveles mentales superiores, más fuerza mental y claridad en el análisis y percepción de las cosas. Pero un detalle: el enfoque no es depender de cuáles son las prioridades de otras personas, sino cómo se fijan las propias.

Las personas por lo general no saben reaccionar bien ante las cosas que les pasan, lo que les lleva a reaccionar generando emociones negativas. También, y esto es preocupante, hay personas que por sistema no reaccionan ante nada. La única eximente para esta forma de inacción, será cuando las circunstancias hayan sido extremas, caso de una crisis, que como hemos dicho en alguna ocasión, paraliza por el miedo a casi todas las personas en una organización.

Ante la adversidad las personas suelen ponerse a la defensiva, a veces de manera agresiva, pero lo mejor es acostumbrarse a dar respuestas inteligentes, para evitar caer en la misma conducta negativa que nos transmiten los demás. La negatividad del mal hábito puede perfectamente ser neutralizada por la capacidad de cambio, impulso y motivación que otorga el buen hábito a rutinas y personas.

La consecuencia que trae al organismo las emociones negativas, afecta directamente a la salud, con problemas estomacales, acidez, eleva la tensión arterial, etc.  Las investigaciones han puesto de manifiesto que el sistema nervioso es importantísimo para nuestro sistema inmunológico y que ambos se relacionan profundamente haciendo que la mente, las emociones y el cuerpo, estén íntimamente comunicados.

También se descubrió que las emociones negativas como la ira, la depresión, la ansiedad y el estrés, liberan hormonas y otras sustancias que deteriora la función del aparato inmunológico por lo que el organismo, está más expuesto a enfermedades.

 Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es, en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

 

 

 

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