Tecnología y futuro del trabajo

Artículo realizado por: Salvador Molina, presidente de ECOFIN, José Luis Zunni, director de ecofin.es, Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Eduardo Rebollada Casado, miembro del blog Management & Leadership de ECOFIN.

Cuando hacemos referencia a una investigación o a un grupo de discusión como es el caso de hoy, le advertimos a nuestros lectores que si bien dicho estudio o debate esté referido a un país concreto como los Estados Unidos, la importancia de lo que se aborda tiene efectos en el resto del mundo, especialmente para nosotros los europeos que miramos con mucho celo, atención e incluso preocupación, lo que se está haciendo en materia de investigación tanto en China como, obviamente, en Norteamérica.

Hoy nos parece de interés para ECOFIN Business Schools el debate abierto realizado recientemente en el que McKinsey reunió a un grupo de expertos, moderados por el socio de McKinsey Global Institute, Michael Chui y el director de MGI James Manyika. Los participantes fueron Martin Baily, investigador principal de estudios económicos de la Brookings Institution; Richard Cooper, profesor de la cátedra Maurits C. Boas de Economía Internacional de la Universidad de Harvard; Curtis Carlson, ex presidente y CEO de SRI International; Reid Hoffman, cofundador y presidente ejecutivo de LinkedIn; Tim O’Reilly, fundador y CEO de O’Reilly Media; Matt Slaughter, decano asociado de la Tuck Business Shook; Laura Tyson, profesora de administración de empresas y economía, de la Haas Business and Public Policy Group, University of California, Berkeley; Vivek Wadhwa, de Arthur & Toni Rembe Rock Center for Corporate Governance, Stanford University.

La finalidad era debatir sobre si los avances tecnológicos podrán automatizar tareas con mayor rapidez de la que Estados Unidos pueda crear puestos de trabajo. Y este planteamiento es de gran interés en Europa, ya que se añade a nuestra pobrísima recuperación económica, las rigideces del mercado europeo que en materia laboral nada tienen que ver con el estadounidense. La cuestión que abordan los expertos no es en materia legal, sino las consecuencias del impacto tecnológico en la destrucción de puestos de trabajo.

Afirman que el tema de la pérdida de trabajo a lo largo de la historia de Estados Unidos siempre ha encendido la mecha de la frustración por los avances tecnológicos y su tendencia a convertir en obsoletos trabajos tradicionales. Especialmente en los últimos años la creación de empresas y la industria de alta tecnología se han convertido en el foco de esta discusión. No debe ser ajena a ésta, nuestro entorno europeo.

En la reunión se hace referencia a un estudio reciente del Pew Research Center, que encontró que los expertos en tecnología, están divididos casi al 50% sobre si los robots y la inteligencia artificial desplazarán a un número significativo de puestos de trabajo durante la próxima década, por lo que hay mucho espacio para el debate. Aquí la pregunta implícita es si por ejemplo en la Unión Europea estamos en condiciones de dar formación especializada hacia las Nuevas Tecnologías, de manera tal que se puedan absorber sin dificultad la inmensa cantidad de puestos de trabajo totalmente nuevos que se crearían como consecuencia de este desplazamiento que la tecnología provoca.

Repensando la creación de empleo

Tim O’Reilly hace mención a William Gibson, escritor de ciencia-ficción, que afirma: “el futuro está aquí, sólo que no está distribuido uniformemente aún.” Evidentemente hace referencia a una temática que está siendo materia de discusión periódica en Europa, en particular en países como España, que están sufriendo los problemas de una desigualdad en la distribución de la riqueza preocupante.

Aunque estos expertos lo que dicen es que el conocimiento científico y tecnológico está ahí disponible, creciendo a una velocidad casi imparable, pero que es casi seguro que provocará distribuciones inequitativas en dichos avances. Esto es casi normal en el comportamiento de la evolución de la industria y la tecnología. Los desarrollos económicos y sociales no son democráticos. Hay desigualdades.

Reid Hoffman introduce un elemento interesante, que es tomar nota de que la mayor parte de la automatización se reduce a combinaciones hombre-máquina. Cuando la productividad aumenta implica que cada persona está haciendo (dando) más. Y por tanto, la unidad-el número de personas para hacer esta cantidad de trabajo- se reduce. Pero inmediatamente después se habilitan los recursos para crear otro trabajo. Señala el caso de la transformación de la economía agrícola norteamericana que comprendía el 41% del empleo y que en la actualidad es menos del 2%. ¿Qué es lo que ha sucedido con el 40% de la población? Pasaron a otros trabajos.

La pregunta que se formulan los expertos es si se puede hacer menos doloroso el trauma del cambio hacia las nuevas tecnologías en cuanto a coste en puestos de trabajo.

Reid Hoffman relata una experiencia de la que aprendió en un reciente viaje a Shenzhen, China, porque es uno de los centros de fabricación más interesantes. Pensaba Hoffman, con la mente de un experto en nuevas tecnologías de Silicon Valley, que sería una línea completa de robots y que todo estaría automatizado. Pero fue el 60% que se automatizó y el 40% restante todavía estaba realizado por personas. Y entonces se puede pensar, según Hoffman, que el hecho que determina la cantidad de personal en relación a los robots es una cuestión de bajo coste. Pero no es así, ya que en realidad, en este caso es personal de alta cualificación y remuneración.

La respuesta es que en el futuro la clave será la capacidad de adaptación, así como que la gente tenderá (y tendrá por fuerza) que ser más adaptable. Hoffman señala también que cuando se pasó de una línea de maquinaria automática a otra requirió un enorme coste de reequipamiento, mientras que las personas son mucho más fáciles de cambiar (nosotros decimos que formándolas adecuadamente son adaptables a nuevos puestos de trabajo).

Tim O’Reilly sostiene que debemos fijarnos en la idea de que se trata de una combinación de hombre-máquina, poniendo de ejemplo el caso de Uber o de Apple, en que los seres humanos se hacen más potentes e imprescindibles con estos nuevos escenarios, creando una mejor experiencia del cliente, lo que a su vez crea nueva demanda.

En última instancia hay que prestar especial atención en cuáles serán las mejores experiencias para los consumidores, que no serán necesariamente automatizables.

Interesante punto de vista de O’Reilly al afirmar: “cuando decimos que queremos crear puestos de trabajo, bajo la premisa de que le voy a contratar a usted y va a trabajar para el hombre” (se refiere a la empresa contratante de manera filosófica), “es una pauta cultural que ya requiere ser actualizada”.

La era de la red

Debemos pensar que el escenario optimista es que tenemos no sólo una creación de nuevas industrias y nuevos puestos de trabajo, que son esencialmente un tipo de trabajo con salario a tiempo completo. Lo que realmente importa para los nuevos escenarios derivados del impacto tecnológico, es la creación de una gran cantidad de diferentes oportunidades económicas, donde la gente puede ser microempresario con la capacidad de hacer todo tipo de cosas. Y que se puede facilitar porque estamos en una nueva era: la de la red, con una capacidad más rápida de tener invenciones, al mismo tiempo que ampliarlas y multiplicar las que realmente funcionan.

Jóvenes sin futuro

Estos expertos pusieron de manifiesto uno de los problemas principales de la economía, el grave problema del desempleo juvenil. Porque cuando un gran porcentaje de jóvenes desempleados piensan que no tienen futuro, por lo general conduce a algún tipo de inestabilidad civil, la cual puede agravarse y crear reacciones que luego en realidad bloquean ese futuro optimista en el cual todos creyeron alguna vez.

En el caso particular de España se ha producido una sangría tremenda que es la llamada “fuga de cerebros”, que pone de manifiesto la incapacidad en las circunstancias actuales del país para retener el talento, en clara referencia a los nuevos talentos de las jóvenes promesas profesionales.

Matt Slaughter plantea un escenario preocupante que se adecua perfectamente a lo que nos preocupa en la UE: trabajos buenos vs precarios. Y según los datos macroeconómicos, en Estados Unidos el 96% de la fuerza laboral desde 2000 genera ingresos que ajustado a la inflación, han estado cayendo, no aumentando.

Laura Tyson sostiene que al vivir en una economía de mercado, es la oferta y la demanda la que determinan en última instancia el nivel de empleo. Así se creará un número de puestos de trabajo, aunque es la calidad del empleo la que debe ser también una de las principales preocupaciones.

Eliminación de puestos de trabajo de bajos salarios no de altos

Cuando analizamos que está pasando con la tecnología, que es la habilidad de ahorro parcial de recursos combinándolos con la fuerza de trabajo, se están eliminando empleos de ingresos medios, aunque la tecnología termina siendo complementaria a las altas capacidades y elevados ingresos. Porque son las personas más formadas e inteligentes las que terminan trabajando por y para la tecnología. Pero siempre existirá un número muy grande de personas que estén siendo empujados hacia abajo en empleos de condiciones precarias e ingresos reducidos.

Esto nos lleva también a otro problema derivado: sobre la productividad y los salarios. Lo que afecta por igual a Estados Unidos como a Europa, es la brecha entre ambos. Más y mejores máquinas por un lado y cómo se distribuyen los incrementos de productividad en materia de salarios.

Señalan con preocupación, que las políticas públicas se están moviendo hacia atrás y existe una gran cantidad de trabajadores desplazados y también gran cantidad de familias estadounidenses afectadas. Estamos hablando de máquinas-máquinas desplazando a la gente, porque las máquinas cambian las formas en que la gente trabaja.

Quién es el dueño de las máquinas

Entonces el debate da un giro inesperado y se pregunta: ¿quién posee las máquinas? ¿Quién debe ser el propietario de las máquinas?

Tal vez lo que hay que pensar es la forma en que los trabajadores que están trabajando con las máquinas tengan parte de la propiedad de éstas. En nuestra opinión, creemos que este requiere un capitalismo en nueva fase, pero no vemos por ahora posible un cambio en las relaciones contractuales entre trabajadores y parte propietaria. Pero es probable, como se ha planteado en este debate, que sea la tecnología la que finalmente introduzca este cambio.

Toda inversión en educación es poco

En el corto plazo, el número de oportunidades que existirán en Estados Unidos no tendrá precedentes, aunque un problema es la educación. La buena noticia es que, una vez más, la tecnología está comenzando a crear planes de estudio que puede transformar la educación.

Así que esto ha derivado en un problema de desigualdad en la sociedad norteamericana. Porque también se observa que las personas que no pueden obtener un buen trabajo, en realidad están decidiendo no trabajar en absoluto. Así que terminan desempleados y peor aún, dejando la fuerza laboral y no formando más parte de la estadística.

Tal vez haya una manera de que se pueda tener una iniciativa tecnológica que sea más fácil de cambiar o adaptarse. Si los trabajadores que han tenido por destino trabajos pésimos, de repente pueden encontrarse con nuevas oportunidades, lo que genera más motivación, estando entonces dispuestos a buscar colocación en nuevos sectores de actividad que les estén exigiendo también otras habilidades. Como siempre la cuestión termina pasando por la formación.

Necesitaríamos en la Unión Europea y muy especialmente en España debates serios como este que hemos analizado hoy, no dejando sólo para la discusión si la reforma laboral del gobierno ha sido positiva o negativa. Vemos por todo lo dicho que aún en España estamos muy lejos del verdadero debate que debe tenerse en este sentido. Y es aquí en dónde debe entrar la ALTA POLÍTICA.

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