Paul Krugman, un ‘catastrofista’ de Nobel

Artículo realizado por: José Luis Zunni, director de ecofin.es

El Premio Nobel y también Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales Paul Krugman (1953) es considerado por muchos analistas y medios de comunicación como el más destacado economista de su generación.

Es un analista brillante sobre la realidad no sólo económica sino política, que ha trabajado con la precisión de un orfebre, tanto en el plano nacional de los Estados Unidos, como en el internacional. Es en este ámbito en donde contribuye en las últimas dos décadas a innumerables análisis sobre la teoría del comercio internacional y obviamente el campo de las finanzas también globales.

Pero ha sido a partir de la crisis internacional 2008-2009 cuando junto a Nouriel Roubini y Joseph Stiglitz ha compartido el reconocimiento de haber sido quienes anticiparan en qué iba a derivar la burbuja que se estaba gestando y que desembocara en Lehman Brothers y la onda expansiva hacia Europa que aún nos está haciendo daño.

Respecto a sus críticas permanentes tanto a las políticas monetarias como de austeridad que emanan de Bruselas, ha sido quizás el más crítico de todos y no le ha faltado razón.

Se le critica desde algunos sectores porque se le considera un poco catastrofista, pero la crisis del euro en 2011 y 2012 no sólo era puesta bajo su aguda lupa, sino por una cantidad de institutos de investigación social y económica europeos que eran absolutamente independientes las opiniones de expertos norteamericanos. Coincidían con Krugman en cuanto a la extrema gravedad de la situación por la que atravesaba la Eurozona.

Krugman representa a un amplísimo sector de economistas y analistas políticos cada vez que habla del estado y su papel en la economía. Crítico contra los desmanes de un capitalismo que se saltó todos los controles (que no es lo mismo que decir que el sistema capitalista no funciona). Tiene el convencimiento de que con un poco más de política económica intervencionista (que tampoco significa que el estado tenga que intervenir en todo) y regulaciones cuando se las necesite se hubiesen evitado no todos; pero sí una parte importante de los perjuicios provocados por la gran crisis financiera internacional de 2008-2014.

Su tribuna de opinión en el New York Times ‘The conscience of a liberal’, según sus propias palabras, es con la que desea llegar a ciudadanos, estudiantes y cualquier persona que quiera entender cuestiones de política y economía de manera directa y sencilla. Lo siguen millones de personas en todo el mundo y su influencia en gobiernos y políticos de todo color es incalculable.

De concederse los Premios Nobel y de Asturias en función del grado de influencia de los galardonados, no cabe duda que Krugman debería repetir ambos por la trascendencia de sus opiniones y especialmente como uno de los más influyentes pensadores económicos y políticos de las últimas décadas.

Para una Unión Europea que está casi estancada económicamente por el bajo nivel de crecimiento, Krugman alertaba cada año durante los últimos siete, que la cuestión no era la inflación, sino la deflación. Como siempre se llegó en Bruselas “mal, tarde y nunca” y estamos pagando aún las consecuencias, especialmente en la más sangrante de todas: el nivel de paro.

Krugman no entiende por qué tanto miedo a la inflación cuando lo que debe preocuparnos es la deflación. Quizás deberían pensar los líderes europeos en fomentar junto a Estados Unidos y las grandes economías emergentes del G20 una comisión de expertos en cuestiones de desigualdad de riqueza, cambiarias, inflación, fiscales, crecimiento económico, etc. cuyas recetas pudieran ser tomadas como auténticas directivas para la conducción de la política económica.

Seguramente Paul Krugman tendría sillón honorario y qué bueno sería para todos.

La obra de Krugman es importantísima, destacando su último libro ‘Acabad ya con esta crisis’ (2012). Pero ningún hijo es menos importante, por lo que también recomendamos: ‘Fundamentos de Economía’ (2008), ‘Economía Internacional’ (2006), ‘El gran engaño’ (2004 ) y especialmente destacamos ‘Vendiendo prosperidad’ (1997). Además, los que le descubran a partir de hoy, les aconsejamos su tribuna permanente en ‘The New York Times’, que es seguida por todos los líderes políticos mundiales como una especie de maná de la economía y la política.

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