Mangonear, no gobernar

Reza el refrán: “quien parte y reparte, se lleva la mejor parte”. Eso es mangonear, no gobernar. Cuando los directivos se comportan así, los demás acaban por enterarse. Entonces, cada uno a su nivel, repetirá semejantes comportamientos. De esa cascada de chapuzas y corrupciones, tiene la culpa la Alta Dirección, si no actúa.

Sucede como con el ciego de el Lazarillo de Tormes. Precisamente porque él cogía dos uvas cada vez -a pesar del pacto de tomarlas de una en una- y el Lazarillo no alegaba nada, dedujo el invidente que el muchacho las agarraba de tres en tres. Cuando los de arriba no actúan en situaciones como éstas, es que algo tienen que ocultar (quizá su propia incapacidad de recto gobierno).

 

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