Gurús vs. “el Fulanismo”

Eva Prats es analista financiera, consultora, miembro de Governance2014 e integrante del departamento de análisis de e Latam.

Ximo Salas, miembro de la Junta Directiva de Governance2014. Autor del libro “Mejora y Gana”, primer manual práctico de marca personal para la búsqueda de empleo. Experto y formador en redes sociales y community manager. Conferenciante. Analista de la realidad actual.

José Luis Zunni es Director Edición Online ECOFIN. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014. Coordinador académico de la Red e Latam. Conferenciante. Ponente de Seminarios de Liderazgo y Management de la EEN y coordinador del FORO DE MANAGEMENT Y NUEVA ECONOMÍA DE LA EEN. Analista de la realidad actual y especialmente en los aspectos económicos, políticos y sociales, Experto en Management y formador de directivos y profesionales en las técnicas de liderazgo.

Eduardo Rebollada Casado es miembro de la Junta Directiva de Governance2014. Autor y conferenciante. Consultor y analista de la realidad social, política y económica. Co-autor con José Luis Zunni de más de 100 artículos de Management y liderazgo.

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En ocasión de un simposium de economía, un asistente formuló una pregunta a la mesa de ponentes, basada en las reflexiones de un autor que cuestionaba algunas ideas de Keynes y de un discípulo intelectual de éste, John Kenneth Galbraith. Entonces, el ponente que había explicado algunas de las ideas de aquellos autores, le respondió a quién interpelaba de la siguiente forma: “Mire Ud….John Maynard Keynes tiene un busto de bronce de este tamaño (haciendo un gesto con su mano sobre la importancia de su esfinge)…John Kenneth Garlbraith tiene un busto de bronce de este tamaño (con su nuevo gesto transmitía que el busto de Galbraith era menor que el Keynes)…entonces dígame Ud. quién es y qué representa este autor…¿Cuál es la medida de su busto?”.

 

Con esto queremos significar, que en las redes sociales si tuviésemos que aplicar la moraleja de esta anécdota en una universidad americana, deberíamos tener muy presentes que la gran mayoría de los autoproclamados gurús, expertos, etc. no tendrían representación material alguna como el autor de nuestra anécdota.

 

Últimamente hemos venido observando en las redes sociales un fenómeno que podríamos llamar de manera prosacica “el Fulanismo”,  entendido como “porque lo dice fulanito de tal”.

 

La red nos ha aportado más -muchísimo más- bueno que malo, pero no por ello debemos obviar ciertos hábitos que hemos adquirido y que dicen muy poco de quien los practica. Hábitos que por otra parte no son nuevos, son tan viejos como el ser humano, incluso inherentes a él, pero que en la red han dado lugar a lo que llamamos “gurús” y que para hacer comprensible de este análisis que hacemos hoy hemos dado en llamar “fulanismo” (lo cual permite sustituir “fulano” por el nombre que Ud. quiera).

 

Tal y como lo vemos, esta nueva característica de las redes sociales traspasa el concepto de gurú, aunque está estrechamente relacionada con él: normalmente “fulanito de tal” es -o está en ciernes de ser- un gurú y no siempre es un experto, es más bien “famoso”, muy visible, es un líder… también era un líder Jim Jones y todos conocemos la historia.

 

Es justamente el avance en todos los campos del conocimiento y análisis histórico, fruto de los que fueron capaces de discrepar, de cuestionar al maestro, al líder, al gurú -el hinduismo enfatiza la entrega del discípulo al gurú: un refrán relacionado dice que «la puerta de la iluminación es muy baja, y nadie puede entrar sin agachar la cabeza» (controlar el propio ego). Wikipedia-. Cuestionar al maestro no sólo es positivo sino deseable, un buen maestro, un líder, un gurú, debería invitar a sus alumnos, a sus subordinados, a sus seguidores a cuestionarle, a ser curiosos y leer, investigar, discrepar, disentir… ¿se imaginan cuántas cosas no se habrían inventado si todo el mundo hubiera dado por sentado lo que era ampliamente aceptado?

 

El líder debería además ser humilde hasta el punto de no sólo animar a disentir, sino también escuchar a quien disiente, incluso estar dispuesto a cambiar de opinión. Rectificar es de sabios, al fin y al cabo.

 

Jamás se debería criticar a nadie por haber cambiado de opinión ni por haber estado equivocado. Si alguien reconoce que se equivocó y expone los argumentos que le han llevado a cambiar de opinión, debería añadirse que el derecho a cambiar de opinión debería formar parte de la declaración de derechos universales, ya que de otra manera el progreso sería imposible. Al fin y al cabo el liderazgo implica mejorar la acción y “fracasar” cada vez mejor.

 

Imaginemos que tenemos un proyecto y nos hemos equivocado… y no podemos cambiar de opinión. El líder debe dar ejemplo, no puede comportarse como aquellos que le siguen con los ojos cerrados y no son capaces de discrepar, de crecer con otros argumentos.

 

No se puede pedir a los demás lo que no se ha sido capaz de demostrar antes con un comportamiento adecuado.

 

Así, en ocasiones los seguidores de una determinada tendencia, opinión o liderazgo en las redes, son arrastrados por la manipulación -o si hablamos de personas- de la impostura de los generadores de contenidos. Algunos se auto-proclaman expertos en campos que ni siquiera son colaterales a su formación o experiencia.

 

Algunos medios de comunicación, en las redes, son capaces de manipular las noticias, los artículos o reportajes, con tal de tener la máxima repercusión en este medio, sin importar la veracidad de las fuentes de su información. Dada esta situación, estos supuestos “prescriptores” no deben pedir “fidelidad” o “credibilidad” a sus “followers” ya que ellos ni la tienen, ni la practican.

 

Internet y las redes sociales se han convertido en el campo de cultivo perfecto para este tipo de personajes, y sus seguidores. Aunque no toque hablar de los seguidores, nos gustaría hacer un pequeño inciso y llamar la atención sobre los trolls y los “haters”, todos conocemos casos de gente que ha tenido que irse de Twitter -por ejemplo- ante un ataque de estos. De hecho, las redes promueven una falsa libertad (in)cívica en muchos actores intervinientes, que navegan lapidando incuestionados, mientras los gestores de servicios se ven incapaces de depurar comentarios e impedir el vertido de odio gratuito y descontrolado en temas en ocasiones absolutamente banales. Todo ello con un lenguaje de agresividad latente, provocativo y que hace chirriar cualquier norma lingüística.

 

El fenómeno del “fulanismo” llega a tal punto que hay gente que tan sólo con haber leído el blog, el libro y/o los artículos de fulanito de tal es capaz de dar toda una lección de economía en 140 caracteres, ¿y por qué?, porque lo dice fulanito que es muy leído y piensa como Ud….

 

¿No será que Ud. piensa como él y ni se ha molestado en interesarse por lo que piensan los demás? -siendo “los demás” un montón de autores que han escrito al respecto, que Internet también lo ha “socializado” y ahora se cuenta con bibliografía del tamaño de la Biblioteca de Alejandría a un clic-. Hay otro tipo de gente que se agarra a un hashtag, a una idea, una campaña y se lanza a disparar contra todo aquél que no piense como él y su fulanito, lema, campaña, o movilización de turno.

 

Somos masa y actuamos como tal por eso nos aferramos a un líder, una idea, un periódico, un autor, etc. y ni nos molestamos en mirar más allá, pero el progreso se lo debemos a los que se salieron del grupo y cuestionaron al líder. No sean fulanistas, sino curiosos.

 

Así, este fulanismo que hoy intentamos comprender mejor es un retablo de personajes enmascarados que buscan identidad o con los que una gran mayoría querría identificarse, pues el ser humano tiende al adoctrinamiento y al padrinazgo absurdos.

 

Buscamos en Internet un amarillismo que ya se ha apoderado de gran parte de la sociedad y de sus sistemas de comunicación. Quizá por esta razón un verdadero gurú utiliza con moderación las redes, intenta no estar constantemente en el candelero, apreciando más la calidad que la cantidad.

 

La libertad de expresión debería ser, ante todo, la libertad de expresarse sensatamente y no de dogmatizar. Ese fulanismo del que hablamos hoy es el de los seguidores, auténticos hinchas desatados de la charlatanería, a los que su teórico gurú debería liderar si realmente se considera como tal.

 

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