Expresiones erróneas

“Si al hablar no has de agradar, más vale callar”. Una vieja lección del gran Wall Disney a través de la boca del conejo Tambor, el amigo íntimo de Bambi. Sin embargo, qué difícil es no deslizarse por la delicada pendiente de la incontinencia verbal, el despiste congnitivo y la incongruencia de expresiones hechas que nos traicionan. Veamos algunos ejemplos que deberíamos llevar como luces rojas sobre nuestra cabeza.

silencio

La vieja expresión de que las personas somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras, cobra mucho sentido en el ámbito del liderazgo y equipos de trabajo, en los que hay que cuidar muchísimo lo que se dice y cómo se dice. Un desliz tanto en las palabras como en los gestos, puede malograr la buena dirección que una conversación entre dos o más personas están teniendo.

El problema es que este tipo de expresiones y/o alguna palabra en solitario, las utilizamos a diario casi sin darnos cuenta. ¡Y he aquí el peligro para las relaciones interpersonales! Porque sea entre los miembros de un equipo o entre éstos y su líder, la palabra dicha, aunque parezca verdad de Pero Grullo, ya fue dicha. ¿Y saben una cosa? Es casi siempre más incómodo tratar de justificar lo que no se debió de haber dicho o no se quiso decir de la manera que se dijo, que haber sido más cauto y esforzado más en lo que se tenía que decir.

Noam Chomsky, uno de los lingüistas más destacados del siglo XX y lo que va de XXI, por sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva, lo explica de una manera coloquial que no da lugar a malas interpretaciones. Dice Chomsky que cuando un marido le dice algo inconveniente a su mujer en una discusión, e inmediatamente después ante la reacción de ella le dice “perdona querida…no quería decirte esto”, en realidad sí es lo que quería decir porque estaba en su mente, consciente o no, siendo lo único que ocurrió que el mecanismo que tienen los humanos a través de la boca, cuerdas vocales y lengua para poder emitir los sonidos en forma de palabras, fue realizado de manera automática. El pensamiento era lo que dijo, por lo que lo dicho tiene el valor que tiene y es muy difícil justificarlo.

Problemas que genera el uso inadecuado de las palabras

No cabe duda que hay dos planos distintos: el de la consideración si la persona que utilizó determinada palabra o expresión se equivocó o no fue acertado ni oportuno expresarse así; la que pone en duda la credibilidad de la persona que lo ha dicho. Hay expresiones que podrían ser totalmente inofensivas en el contexto correcto, probablemente entre dos miembros de un equipo y/o departamento que tienen muy buena relación y en cierto aspecto una amistad. Pero cuando el ámbito es otro, en el que concurren personas, opiniones y gestos, la mala utilización de las palabras y expresiones son las que comprometen la credibilidad referida y pueden generar tensiones entre las personas, sencillamente por una cuestión de confianza o de no compartir para nada determinado punto de vista. Quizás el contenido de lo dicho no está bajo la lupa, pero sí las formas y la manera de expresarlo.

No debemos olvidar que la comunicación gestual es un porcentaje elevadísimo de nuestra comunicación diaria, algunos expertos le atribuyen el 80% de todo nuestro espectro comunicacional. No creemos que pueda atribuírsele un porcentaje concreto, porque depende de en qué circunstancias se produce dicha comunicación. Pero en todo caso, lo importante es que la comunicación gestual forma parte de todas las emociones que transmitimos y es fácil que la otra persona o personas capten “al vuelo” la intencionalidad del gesto hecho antes que las palabras dichas.

Los líderes efectivos controlan muy bien tanto palabras como gestos, porque su preocupación constante es que a nadie se le ocurra poner en duda la credibilidad ni en él ni el equipo.

A continuación, algunas expresiones que pueden comprometer su credibilidad:

1º) “¿Qué le parece?” 

Evidentemente dependiendo del grado de confianza, se puede utilizar una u otra, pero la cuestión es que después de cualquier afirmación que la persona que tiene la palabra esté haciendo, en ese momento que genera la atención de los demás, es como si al final, se pusiera todo en duda. Si se está seguro de lo que se afirma para qué preguntar “qué le parece”, suena a cierta debilidad en la seguridad que se supone son los argumentos planteados. Es como si la persona buscase una afirmación de su particular auditorio, o sea una aprobación de lo que se dice. Una especie de sentencia absolutoria o exculpatoria de lo que se ha afirmado. Nos hace parecer inseguros de lo que hemos dicho.

2º) “Creo que no le falta razón en lo que dice”

En realidad, la persona que dice esta frase, en el fondo quiere señalar que le parece que la otra persona lleva razón. ¡Por qué no decirlo directamente! Es frecuente escuchar esta expresión en ambientes de trabajo, pero es el líder el que corrige y afirma con rotundidad si un miembro de su equipo tiene razón o no. Sin ambages, de manera clara y precisa, para que no se generen malas interpretaciones o pérdida de confianza.

3º) “Le escucho”

La educación es vital en las relaciones interpersonales; pero a veces, el mal uso de las formas mediante expresiones como “le estoy escuchando”, evidencian dos cosas:

  • Que en realidad no le está prestando atención porque está pensando en los temas que tiene entre manos, sea su compañero de equipo o jefe inmediato superior.
  • Que no le importe lo que le está diciendo o que no le da valor a la información y/o comentarios que le da la otra persona.

4º) “Quiero ser honesto con Ud.”

¡Qué significa esto! ¿Que en realidad excepto en ese momento puntual, el resto del tiempo no es honesto, tanto en sus acciones, como en sus actitudes o en sus palabras? Es muy peligroso, más bien tremendamente inconveniente el uso de esta expresión en todas sus acepciones posibles, porque cuestiona de manera inmediata la credibilidad, que en definitiva es lo más sagrado que las personas deben cuidar en los ambientes laborales, especialmente las que tienen responsabilidad de personas a cargo.

5º) “Lo que le quiero decir”

Utilizar expresiones como “lo que quiero decir” respecto de lo que les estoy diciendo, suena además de redundante, como una falta de seguridad en lo que se dice, pero más aún, en la forma en cómo se transmite al auditorio. Probablemente en un seminario en que el ponente en ese momento puntual tiene que apelar al uso de la duda como recurso metodológico, sea aceptable. Pero en el trato y conversación diaria, puede parecer que se va a iniciar una charla, a lo mejor con un sentido irónico o por el contario, con una carga de profundidad que la otra persona o personas no esperan.

Los grandes líderes políticos de la historia y en los tiempos modernos actuales, los líderes efectivos de las organizaciones, nunca han tenido por hábito (para este tipología de personalidad es un mal hábito) utilizar palabras o expresiones que sean una forma de pausa o entretenimiento para lo que se va a decir a continuación.

En los políticos destacados de la historia y los líderes efectivos, siempre sus mensajes a los que hemos dado mucha cabida en esta tribuna, lo hacen en el momento mismo de iniciar su exposición (en caso de ser un discurso) o su conversación cuando están frente a unas pocas personas, yendo al meollo de lo que quieren decir, sin pérdidas de tiempo y mal uso de las expresiones. Este tipo de líderes no quieren decir ni significar nada, en realidad lo dicen y sus palabras expresan ese significado de manera clara y directa. Jamás se plantean utilizar una expresión como “pareciera una pregunta tonta la que les voy a formular” o “pueden que consideren que no estoy teniendo muy claro lo que digo”, porque ni se subvalúan en los contenidos ni en las formas. Nunca dan la impresión de que estén inseguros o admitir que no entienden lo que se les ha planteado. Cuando es así, directamente preguntan diciendo: “por favor repita…porque no le he comprendido” en vez de decirle a su interlocutores “creo haber entendido tal o cual cosa… ¿verdad?”

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es, en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, Eduardo Rebollada Casado, miembro del ECOFIN Management & Leadership, y Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group.

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