El difícil arte de gobernar

No existe una situación perfecta, en la que no haya nada que modificar en el propio comportamiento o en el de la organización. El hombre y las estructuras están condenadas a ser dinámicas: siempre es preciso tener el ojo avizor para descubrir qué es necesario modificar en cada momento. Hacerlo sin prisas, dejando sedimentar las decisiones precedentes, forma parte del dificilísimo arte de gobernar personas.

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