LAS NUEVAS TECNOLOGIAS AL SERVICIO DE LA MUJER

Cristina Álvarez es Ingeniero de Telecomunicación y PDD por el IESE. Ha realizado su carrera en el sector de la Telecomunicaciones, asumiendo diferentes responsabilidades en áreas técnicas y desarrollo de servicos y negocio, primero en ALU y Vodafone y desde el 2006 en Telefónica. En la actualidad ocupa la posición de Directora de Desarrollo de Servicios y Sistemas (CIO) en Telefónica España.

La tecnología nos ha cambiado la vida. Poco a poco durante muchos años y, de forma acelerada estos últimos. Hemos modificado hábitos ancestrales, como el de quedar en un sitio a una hora determinada, llevar dinero “suficiente” en la cartera o saber cómo llegar al destino antes de coger el coche.

La conciliación laboral y familiar es uno de los retos diarios en los que las nuevas tecnologías nos ayudan a optimizar aquellas tareas en las que podemos ahorrar tiempo sin comprometer la ‘calidad’. Es ese precioso tiempo que dedicamos a nuestro trabajo, a cuidar a los nuestros y a nosotras mismas.

Y es que ahora lo tenemos más fácil. Salgo tarde de trabajar y siempre con algo pendiente, pero puedo cenar en familia y, más tarde despachar el correo pendiente. Cuando viajo puedo aprovechar el trayecto en coche para trabajar con ‘el tablet’, en el que también llevo mis series favoritas por si tengo un rato libre. Y, no olvido mi e-book, todos mis libros en unos pocos gramos.

Hacemos la compra por internet porque nos ahorra tiempo y es más relajada que correr al supermercado. También lo ahorramos evitando desplazamientos si teletrabajamos, gestionando por internet las citas médicas, la declaración de la renta y, por qué no, comprando la ropa, los zapatos y los accesorios, el último tratamiento de belleza y, por supuesto, los regalos, desde alguna ‘app’ de nuestro móvil en nuestras tiendas favoritas. ¡Hasta han dado con la clave de la compra impulsiva, poniéndonos diariamente ofertas de nuestros lujos soñados con fecha de caducidad! Todo esto es posible gracias a que disponemos de una buena conectividad en todo momento y lugar (3G,WiFi, ADSL, Fibra).

Y, para contarlo y compartirlo las tecnologías también nos lo ponen fácil. Si hasta hace poco utilizábamos los correos electrónicos y los mensajes cortos, ahora lo hacemos a través de las redes sociales y el WhatsApp. Y lo utilizamos, por ejemplo, para mantener el contacto con amigos y familiares que están lejos o con los que, debido a que el tiempo no da para más, no vemos más allá de una o dos veces al año.

Y qué hay de las ‘¿pequeñas emergencias?’. Si tengo que ir a la farmacia de guardia la consulto en el ‘Smartphone’, pero también la receta de las ‘berenjenas al parmesano’, el prospecto del ‘Dalsy’ y la ortografía para los deberes.

No se desarrollan tecnologías específicas para la mujer o el hombre, pero sí hay aplicaciones de estas tecnologías que hemos adoptado las mujeres de forma más masiva o un poco diferente o servicios que se han desarrollado específicamente para atender a las necesidades de un público eminentemente femenino.

Antes llevaba una pequeña libreta en el bolso donde apuntaba ¡TODO!, los cumpleaños, las citas del médico, los regalos que se me iban ocurriendo para Navidad, el precio del escritorio nuevo que necesitaba en las cinco tiendas diferentes que visitaba, las medidas de la ventana para encargar un estor, tres proyectos nuevos que se me ocurrieron por el camino, dos correos que era imprescindible enviar al día siguiente. Ahora ya no, no sé cuándo cambió todo, creo que fue cuando empecé a utilizar el ‘iphone’, donde tengo sincronizada la agenda con la del pc, el correo de trabajo y los personales. Si se me ocurre algo lo pongo en las notas o en la agenda, los correos los envío según los pienso, así ya nunca son un ‘debe’ y los precios los busco por internet para comparar desde la misma tienda, frente al escritorio que me gusta. Si se me olvida el móvil (lo que ya no ocurre prácticamente nunca) entro en pánico…o vuelvo a por él.

Además de cambiar el día a día, la tecnología ha permitido mejorar la vida a mujeres con problemas graves, como es el caso de la violencia de género, poniendo a su disposición aplicaciones de alarma y de detección de cercanía de su agresor, que permiten mejorar un poco su calidad de vida. También las tecnologías de Teleasistencia y videoconferencia ayudan a cuidar de nuestros mayores, monitorizando su salud y estando en contacto con ellos aún en la distancia.

Y, por si esto nos parece poco, me atrevo a decir que la tecnología nos depara muchos más cambios en el futuro. Sería cómodo que el historial médico fuese único, personal y estuviese a disposición de cualquier médico que visitemos, que los robots hicieran la limpieza en casa, controlados desde nuestro móvil y ya, por qué no, que viésemos a través de ellos o hiciésemos videoconferencia. Probarnos la ropa en casa con el probador virtual viéndolo en tres dimensiones o mantener cómodas reuniones a distancia, decorar las paredes con una proyección o tener una ventana virtual con vistas a Bora-bora.

El éxito de todos estos nuevos servicios que los avances tecnológicos ponen a nuestra disposición depende de que nos gusten, nos sean útiles y, no nos engañemos, de que sean un negocio.

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