La evolución del Derecho a la Igualdad de oportunidades

La Dirección General de la Mujer de la Comunidad de Madrid, cuya directora es María José Pérez-Cejuela, tiene como objetivo la consecución de la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres en los diferentes ámbitos de la vida política, económica y social de la Comunidad de Madrid.  Para ello, elabora Planes de Igualdad de Oportunidades, impulsa su aplicación, el seguimiento y la evaluación del mismo. También, estimula la incorporación de la perspectiva de género en todas las normativas, políticas, actuaciones, planes y estrategias de las instituciones de la Comunidad. Desde la Dirección se gestionan los programas dirigidos a la inserción y promoción laboral de las mujeres. Del mismo modo, se fomenta la prestación de servicios y programas a favor de las mujeres y, en especial, de aquellos colectivos especialmente vulnerables, como el de mujeres víctimas de violencia de género, que requieren una especial atención. María José Pérez-Cejuela es, por tanto, una especialista en los temas que atañen a la mujer y, además, es miembro del Consejo Asesor de MADRID WOMAN´S WEEK.

Aprovecho la ocasión que nos brindó la celebración del Foro sobre la Mujer Actual, MADRID WOMAN´S WEEK, que se organizó con la finalidad fundamental de poner en relieve y hacer visible el protagonismo de las mujeres así como la importancia de sus aportaciones en todos los ámbitos de la sociedad actual. Así, podemos realizar una reflexión sobre la evolución que ha vivido el derecho a la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en los últimos años.

El ambiente general, al menos en los países de nuestro entorno, es mucho más favorable para el logro de los objetivos y metas de las mujeres; este nuevo ambiente permite, en mayor medida, demostrar todo su talento y capacidad, acceder a ámbitos antes lejanos donde poder realizar y desarrollar todas sus potencialidades, tanto en la esfera privada, como en la pública.

De forma indiscutible, las políticas de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres impulsadas desde la Unión Europea, y aquellas que se han implementado a lo largo de estos últimos años con tesón en el ámbito autonómico madrileño, han resultado decisivas. Han servido de estímulo e impulso y han favorecido la evolución. Con todo, los responsables públicos somos conscientes de que quedan aún muchas barreras que superar y nuevos caminos por emprender.

Los cambios normativos se producen con relativa celeridad, pero los cambios culturales son mucho más lentos, por lo que la igualdad jurídica de oportunidades tiene que ser apoyada con políticas públicas de carácter práctico que consigan el cambio cultural y social hacia la plena igualdad, hacia la igualdad completa y cierta.

La sociedad en su conjunto está implicada en este cambio cultural, pero el papel de los poderes públicos, de las Administraciones, es determinante e incuestionable.

Es preciso aumentar la implicación de las empresas y de los agentes sociales. También, contar con el apoyo incuestionable de los medios de comunicación. Lograr que todos ellos unan sus esfuerzos a la labor desarrollada por las Administraciones para que esa implicación consiga visibilizar los logros de las mujeres, así como identificar los obstáculos que aún encuentran y descubrir fórmulas para superarlos.

Resulta preciso además señalar que estamos hablando de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres y que la propia definición de este derecho incluye a los hombres junto a las mujeres en su consecución; el beneficio de unas debe ser y será el beneficio de otros, debe ser y será el beneficio de la sociedad en su conjunto.

La Comisión Europea ha señalado que, en los tiempos actuales de crisis, la cohesión económica y social, el crecimiento sostenible y la competitividad, así como las soluciones al desafío demográfico dependen de la igualdad efectiva entre mujeres y hombres. Por lo tanto, no estamos hablando sólo de realizaciones personales, que también, estamos frente a un reto conjunto que implica desarrollar destrezas que garanticen la superación de la crisis y la mejora de la productividad.

En este punto, es interesante recordar la relevancia que tiene que las mujeres participen en el ámbito público y privado al máximo nivel. Potenciar el liderazgo femenino en los órganos de representación política, en las Administraciones, en las empresas, en los Consejos de Administración y en el resto de entidades, es una herramienta esencial para que las estructuras se enriquezcan, para que mujeres y hombres trabajen juntos y en igualdad de condiciones consiguiendo sacar el máximo provecho del esfuerzo y del tesón.

El camino empieza educando en igualdad a nuestra infancia, continúa posibilitando una formación de calidad e igualitaria para nuestra juventud y se desarrolla mejorando el acceso a todos los ámbitos sociales, profesionales y personales que mujeres y hombres podamos requerir, siempre apoyándonos en el esfuerzo, la voluntad y energía que cada uno pueda aportar, con especial atención a los colectivos más desfavorecidos.

Para terminar, podríamos recordar las palabras del propio Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, que nos pueden servir en este punto y seguido para continuar trabajando por la igualdad entre las mujeres y los hombres:

“La igualdad social, política y económica para las mujeres es esencial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Hasta que las mujeres y las niñas no se hayan liberado de la pobreza y la injusticia, todos nuestros objetivos –paz, seguridad y desarrollo sostenible- estarán amenazados”.

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