“Necesitamos educación en la igualdad de reparto de tareas desde la infancia”

Las medidas de conciliación son rentables y ayudan a retener a los profesionales. Pero el empresario español, muy masculinizado, aún no ve sus ventajas. Son las mujeres, sobre todo las directivas, quienes las evidencian. Este es el caso de Ana Irusta, quien posee una dilatada carrera en el ámbito de la igualdad y la conciliación en el mundo de la banca.

“Es difícil ambicionar lo máximo profesionalmente cuando la pareja no asume la misma parte en la responsabilidad familiar”  “Me apena que aún existan ciertos estereotipos androcentristas  en quienes toman las decisiones”

Ana Irusta - Directora de Diversidad de Banesto y Coach

Sigo escuchando que las mujeres somos menos ambiciosas, que la maternidad nos vuelve ñoñas y dejamos de estar dispuestas a desarrollarnos profesionalmente. Después de unos años en la gestión de la igualdad y la conciliación, he ido sacando algunas conclusiones que me gustaría compartir.

En primer lugar, es difícil ambicionar lo máximo profesionalmente cuando la pareja no asume la misma parte en la responsabilidad familiar. Por lo que sea: porque le educaron así, porque me educaron así, porque me cuesta delegar ciertas cosas en él, porque gana más que yo, porque tiene peor horario,  porque somos multi tasking y ellos no, porque, porque… Los hijos son de dos, la decisión de tenerlos es de dos, pero la realidad es que su atención recae mayoritariamente en las mujeres.

En segundo lugar, hay una corriente de vuelta a “lo tradicional” cada vez más acusada y que dificulta la libertad de elección. Desde el momento del embarazo nos vemos arrastradas a hacer cosas, o a sentirnos culpables por no hacerlas, que creo que pueden suponer un retroceso para los avances conseguidos en el terreno de la igualdad. Ahora no somos madres, somos mamás, no tenemos hijos sino bebés, hay que amamantar a demanda y el mayor tiempo posible, volver al trabajo progresivamente y cuanto más tarde mejor, participar activamente en todo lo posible en la guardería y el colegio, procurar evitar los traumas derivados de la compañía de cuidadoras (si acaso, mejor los abuelos), dedicarles el fin de semana en una “multiactividad” de parque, zoo, cine o lo que se te ocurra que les entretenga…. En fin, sarcasmos aparte, es como si la esfera maternal (y paternal) se comiera todo el terreno. Además de madres, seguimos siendo parejas, hijas, hermanas, amigas y profesionales, y es necesario dedicar tiempo a todas esas relaciones para sentirnos plenas.

En tercer lugar, necesitamos que se tenga sensibilidad y flexibilidad con determinadas situaciones, personales o familiares, que pueden poner en peligro la sostenibilidad de las trayectorias profesionales por dificultades de compatibilidad. La logística puede resultar un obstáculo insalvable (sobretodo en el aspecto económico) y es necesario contar con medidas que contribuyan a resolverla, desde lo público y desde lo privado. Pero no nos engañemos, la “conciliación” también depende de cada uno, del compromiso y la confianza depositados en la empresa que retorna en forma de flexibilidad y autonomía. Respeto la opción de reducción del tiempo de trabajo para dedicarlo al cuidado de dependientes pero abogo por un modelo en el que la conciliación signifique trabajar de distinta forma, no necesariamente menos horas, que permita atender situaciones puntuales y organizar el tiempo de trabajo de forma flexible.

Y en cuarto lugar, me apena que aún existan ciertos estereotipos androcentristas  en quienes toman las decisiones. No siempre una mujer se ajusta al modelo de “jefe” que se tiene previsto y siguen entrando en juego consideraciones que en el caso de los hombres no entrarían, sobretodo físicas.

Estos cuatro puntos son para mí la madre del cordero. Son aspectos que lastran, culpabilizan y condicionan a la mujer a la hora de seguir trabajando cuando ha tenido un hijo.

Necesitamos educación en la igualdad de reparto de tareas desde la infancia y mucho ejemplo en casa. Necesitamos referentes de mujeres que son muchas cosas además de madres; que se valore el resultado del trabajo y no las horas invertidas en conseguirlo; compañeros y jefes que nos vean como colegas; tener el apoyo de todos para poder elegir libremente y para ser “ambiciosas”. Y vamos a seguir necesitando hacer grandes esfuerzos. Pero merece la pena, estoy convencida.

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