Somos responsables de nuestro personal branding

La marca personal es cada vez más importante para las personas en la llamada sharing economy (economía compartida), un término que tiene varios significados a menudo utilizados para describir la actividad económica y social que implica intercambio de conocimientos e información, así como cierto tipo de transacciones online.

La marca personal es la creación de un valor suficiente para el conjunto de personas que estamos tratando a diario y en las que debemos tratar de influir o persuadir por motivos profesionales. Por tanto, todas las personas en las que influimos, que son conocedores y tienen experiencia en sus respectivas áreas de trabajo, saben perfectamente cuál es el dominio y know-how requerido para diferenciarse en este campo. Y este es entonces el valor que pueden atribuirnos, considerándonos unos expertos en dichas áreas de conocimiento. Es evidente que el recuerdo de nuestro nombre asociado a ese nicho de mercado o área de negocio es el que debemos cuidar y tratar de hacerlo cada día más significativo. Que nuestra marca personal no pare de crecer.

En el mundo digital y aceleradamente cambiante en el que nos movemos a diario, lo importante no es encontrarnos a nosotros mismos, sentirnos cómodos y satisfechos. Tampoco que estamos seguros, porque nos desplazamos una y otra vez cada día dentro de nuestra zona de confort. Lo que realmente importa es que seamos capaces de crearnos a nosotros mismos. Eso que coloquialmente se llama reinventarse a sí mismo y que siempre se lo atribuimos a personalidades destacadas del ámbito empresarial, artístico, cultural, etc.

Mucho se está hablando y debatiendo sobre el personal branding en los últimos años, habiendo una coincidencia casi universal en que corresponde a las percepciones que otras personas tienen de nosotros. En términos de marketing, llamemos a esto nuestro propio mercado. En el ámbito del liderazgo, en vez de oferta y demanda tendremos más y menos adeptos, ya que las personas que interactúan con nosotros tienen confianza en nuestros actos y hemos generado un sentimiento de credibilidad.

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Cada vez que pensamos en cómo fortalecer nuestra marca personal, estamos obligados a considerar muy seriamente cuáles son las percepciones que las personas con las que tratamos de manera más o menos directa tienen de nosotros. Es evidente que hay un prestigio que se construye en base a la conducta y acciones que vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida. También es cierto que en el plano profesional destacan las acciones que nos han llevado a resultados razonablemente positivos, pero no es menos importante cómo nos comportamos en el ámbito de nuestras relaciones interpersonales dentro de la organización, así como en qué tipo y de qué forma provocamos la relación con terceros ajenos a la empresa.

Luces de alarma

Es importante prestar atención a todas aquellas percepciones que pueden provenir de tres colectivos diferentes:

  1. La mayoría de las personas que forman parte de la organización, pero también de aquellas con las que nos relacionamos fuera. La relación es continua y diaria. Son habitualmente normales y no representan ningún problema ni nos genera sobresaltos.
  2. Los auténticos negativos, es decir, los que generalmente sabotean los actos de los demás,  y que son aquellas personas o grupos que se encargan sistemáticamente de prejuzgar y alimentar las usinas del rumor en los ámbitos de trabajo. Juzgan sin hacer preguntas. Se deleitan cuando alguien comete un error y especialmente si tiene consecuencias.
  3. Las personas que son colaborativas.

Es evidente que el liderazgo efectivo y la marca personal son dos caras de una misma moneda. Porque si se está en una posición de liderazgo de cualquier tipo, sabemos qué cosas y qué acciones se necesitan realizar para crecer continuamente y desarrollarse.

Para ayudar a otros líderes a que triunfen, especialmente los nuevos líderes aún considerados potenciales, sobre qué papel tendrán que jugar a su vez. Y para impulsar a otros líderes, que seguirán su camino en el futuro, en el camino hacia su éxito.

El liderazgo, visto como un ciclo global, es un continuo pase y toma de testigo de nuevos valores reflejados en nuevas personalidades que van asumiendo responsabilidades en las organizaciones. Y éstas saben qué tendrán que hacer lo propio con los que ahora son sus subordinados. O sea, la ardua tarea de formar y capacitar, así como de potenciar el talento, especialmente de aquellas personas que ya demuestran condiciones de poder ejercer un futuro liderazgo en esa organización.

Cuando los líderes dejan de escuchar, a los seguidores ya no les interesa hablar. El camino más directo para que no haya líderes potenciales que asuman responsabilidades en el futuro es que el líder actual no practique la escucha activa y, menos aún, se preocupe porque los que le siguen también se esfuercen por fortificar su marca personal.

Liderazgo, percepción y marca personal

Todos hemos escuchado el dicho ‘la percepción es la realidad’. Pero en muy pocas ocasiones la iguala. Puede aproximarse mucho o poco, pero jamás coincide al 100%. Entonces, el vínculo entre las propias percepciones que tengamos en relación a las que los demás tengan de nosotros, genera una mayor o menor predisposición hacia el trabajo y esfuerzo que debemos realizar a diario por nuestra marca personal. Porque en el ámbito del liderazgo, el elemento más importante a entender es que el éxito como líder muy poco tiene que ver con las percepciones que él tenga sobre otras personas, sino que depende y está tremendamente condicionado por la percepción que los demás tengan de él.

Características del personal branding

Toda persona en posición de liderazgo tendrá que observar determinados comportamientos, siendo especialmente importante que los demás las observen también y, en algunos casos, las detecten. Especialmente cuando se trata de actitudes nobles y buenas conductas de las que no estamos haciendo gala, pero que al fin terminan cuantificándose en nuestro haber de personalidad y de líderes.

A título meramente enunciativo:

– Saber que somos diferentes.

– Ejercer nuestros actos con responsabilidad siempre y en todo lugar.

– Que los demás nos vean como personas próximas y sensibles.

– Que se destaque un pensamiento consistente pero flexible.

– Mostrar nuestra originalidad en algunos aspectos, ya que es un motivador de personas y equipos.

– Ser pacientes.

– Estar dispuestos a ayudar a los demás.

– Transmitir ese orgullo de que tenemos una personalidad destacada (mejor aún si es notable) aunque siempre con humildad.

– Demostrar capacidad de reacción ante los imprevistos y, especialmente, en las crisis abiertas en ciertas relaciones interpersonales de miembros de un equipo.

La interacción de nuestra marca personal 

Como en los diagramas de Venn, se produce una intersección entre tres ámbitos de nuestra vida, dos correspondientes a la personalidad y uno al propio trabajo que tenemos entre manos.

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Se materializa con tres preguntas:

  1. ¿Cuáles son nuestras pasiones e intereses?
  2. ¿Cuáles son nuestras habilidades y fortalezas?
  3. ¿Cuáles son nuestras tareas y responsabilidades?

Las que corresponden a los puntos 1 y 2 forman parte de nuestro intelecto y emociones. En cambio, el número 3 corresponde a cómo llevamos a cabo nuestras acciones diarias en el trabajo.

Existen diversos enfoques o aproximaciones -lo que técnicamente se llama approach en management y liderazgo- hacia las fuerzas que, a veces, son imperceptibles pero que condicionan y determinan nuestra marca personal.

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  1. Lo que habitualmente se piensa de nosotros.
  2. Las cuestiones que tratamos de esconder o evitar para que otras personas no piensen mal de nosotros.
  3. Aquellas acciones y formas de actuar que sí queremos que los demás destaquen de nosotros.

En los dos primeros puntos tenemos la posibilidad de influir positiva o negativamente, haciendo los esfuerzos para cambiar cualquiera de las tendencias de pensamiento que los demás tienen sobre ciertas acciones y conductas nuestras. Pero eso sí: nunca se puede modificar un hecho que ya ha marcado un concepto y está condicionando nuestra marca. De ahí el cuidado que hay que tener, tanto en acciones como en lo que decimos, especialmente en las relaciones interpersonales informales dentro y fuera de la organización.

Artículo coordinado por José Luis Zunni director de ecofin.es en colaboración con Salvador Molina presidente de ECOFIN, Javier Espina Hellín miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN. 

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