Ser mejor persona para ser mejor líder

Artículo realizado por: Salvador Molina, presidente de ECOFIN, José Luis Zunni, director de ecofin.es, y Eduardo Rebollada Casado.

Crecer como persona es fundamental para crecer como líder. Partiendo de esta afirmación, los expertos de ECOFIN desvelan algunos principios básicos que siguen los verdaderos líderes: motivación, asumir culpas, velar por su salud y la de los demás, ser auténticos y aprovechar los cambios.

Un maestro de karate-do mantuvo con uno de sus pupilos una conversación muy ilustrativa de la focalización que hacemos hoy del liderazgo: mejor persona es igual a mejor líder.

El joven le pidió al maestro que quería aprender más de combate y menos de filosofía, en referencia a las largas charlas sobre cómo aislar la mente del cuerpo y lograr una meditación de nivel superior. El alumno le recriminó al maestro que llevaba mucho tiempo con enseñanzas teóricas pero no sabía dar un golpe.

La respuesta a su discípulo es una enseñanza sobre la vida en toda regla: “Si lo que te apasiona es únicamente pegar a otras personas y sentirte superior tendrás que dejar de venir y buscarte otro maestro. Lo que aquí aprendemos es a controlar nuestra mente y cuerpo, una filosofía de vida y de la defensa personal, pero no basada en querer provocar ningún daño a otras personas. Si esto no se comprende así, no podrás librar el más importante combate, que es el de la vida”.

La vida es un viaje y ser mejor cada día es la meta que todos debemos imponernos. Todo el mundo tiene casi las mismas condiciones innatas en circunstancias similares (sociales, económicas, etc.), aunque son muy pocos los que saben sacar el máximo provecho de sí mismos.

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También es cierto que todos hemos cometido errores a lo largo de nuestras vidas, que no hacen que nos sintamos particularmente orgullosos, pero nos sirven para saber qué cosas no debemos volver a hacer.

Crecer como persona es el sustrato sobre el que se asienta cualquier otra forma de crecimiento profesional y no a la inversa.

Algunos principios que tienen en cuenta los grandes líderes:

1) Motivarnos a nosotros mismos 

De los 365 días del año es imposible que un ser humano mantenga siempre el mismo estado anímico. Se producen bajones emocionales derivados de decenas de factores, tanto del ámbito laboral como del personal. Por tanto, un buen método para levantarnos el ánimo es meter un poco de optimismo (con realismo, sin dejar de abstraernos de los problemas que debemos enfrentar) diciéndonos que vamos a tener un buen día, que podremos enfrentar las cuestiones que requieren nuestro consejo y experiencia como líderes, o en el caso de menores responsabilidades directivas, que seremos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos. También este impulso emocional puede ser muy real cuando uno sabe que en el día de ayer le ha hablado a su equipo de manera que no lo esperaban, felicitándolo por los resultados y afirmando el compromiso de la gente con la organización. Estas son las pequeñas felicidades que debemos buscar cada día, porque si nuestra gente lo reconoce por qué no lo vamos a reconocer nosotros y provocar una subida de adrenalina positiva para afrontar un nuevo día y nuevos retos.

Además, y lo hemos dicho en ocasiones anteriores, cuando uno está demostrando un saber estar, una sonrisa y cierta satisfacción por compartir con su gente (está alimentando esa felicidad íntima de saber que está haciendo bien las cosas), lo que en definitiva se transmite a todo el equipo. La sonrisa nos ayuda a templar el ambiente. Por el contario, el enojo, la cara de insatisfacción, la falta de diálogo, genera un clima de tensión que la experiencia indica que casi siempre es innecesario.

2) Echar la culpa a los demás

Lamentablemente no damos el valor que realmente tiene a la acción tan natural de las personas de buscar siempre culpables fuera de su ámbito de responsabilidad.

Cada vez que aplicamos este mal hábito se convierte en un camino de corto recorrido. La verdad, antes o después, siempre aflora. Por tanto, ¿por qué dilapidar energías positivas convirtiéndolas en negativas y afectando no sólo el rendimiento de la gente, sino su equilibrio emocional en el ámbito de trabajo: ansiedad, estrés, falta de confianza, incertidumbre sobre las decisiones que toma el jefe o incluso la dirección, etc.?

En lugar de señalar con el dedo y poner excusas acerca de por qué una persona no se siente feliz o exitosa en su vida personal o profesional, conviértase en dueño de sus errores para saber aprender de ellos. Los demás, por supuesto, que no tienen culpa. Y esa sensación de derrota en su vida laboral y personal, podría mejorarla sustancialmente si en vez del reproche salen de sus labios palabras de aliento, reconocimiento, etc.

3) Su salud y la de los demás 

El gran Peter Drucker afirmaba que el egoísmo que llevamos en nuestra naturaleza humana es el auténtico impulsor de la iniciativa individual y el individualismo. Claro está que las personas trabajan en organizaciones, sean públicas o privadas, siendo que todas las acciones que realiza cada individuo están condicionadas por las acciones de los demás.

Drucker lo decía en la conceptualización de cómo somos las personas y qué nos seduce: el éxito, el poder, etc. Pero también sabía y lo ha dejado más que documentado en sus obras trascendentales para el Management del siglo XX que a su vez tienen hoy la misma vigencia, que la interrelación entre personas y equipos (buena supervisión, control y dirección) era en definitiva el meollo de gestión exitosa de las organizaciones.

Por ello, cuando nuestro egoísmo se exacerba sin importar lo que puede costar en salud a nuestros semejantes, algo está fallando en nuestra forma de actuar. Debemos cuidar nuestro estado físico y mental del mismo modo que el de los demás.

Cuando se reacciona con ira frente a un problema o cuando se llama la atención a una persona o equipos de manera inapropiada, sea por el tono o por la falta de fundamentos serios para tal observación, lo que se está afectando por más que no es habitual que los expertos lo digan, es la salud de las personas involucradas. No es sólo cuestión de equilibrio emocional, sino de salud mental. Y esto sí que es grave, porque genera bajas por depresión, desánimo en personas y equipos y obvias bajas en la productividad de la organización.

Reaccionar con ira además de los efectos en la salud puede llevar a que se tomen decisiones inoportunas e incluso imprudentes.

De ahí que hayamos recomendado en ocasiones anteriores que un buen método para controlar esos arranques de ira que está contenida es meditar, practicar gimnasia respiratoria y empezar como dicen los psicólogos, a manejar nuestros pensamientos (revisar nuestra tabla de valores y principios). Esto nos llevará a eliminar ciertos tópicos y prejuicios que hacen que a lo mejor una simple mirada de una persona con la cual no se tenga buena química desate nuestra furia.

Esto demuestra que el buen liderazgo y el líder efectivo es más una permanente preocupación por las cuestiones humanas, emocionales, etc. que por cuestiones técnicas, que si bien son básicas para que la empresa cumpla sus objetivos, este líder se apoyará para ello en sus equipos y mandos intermedios. Gestionar no implica saber liderar. Liderar implica coordinar la gestión y además todo aquello que ninguna otra persona puede hacer mejor que el líder en cuanto a potenciar estos ambientes de trabajo ideales (wellbeing) en los que las personas se sientan satisfechas, y en cierto modo, felices con lo que hacen cada día.

4) Ser auténticos 

Para que los lectores entiendan la importancia de ser auténticos en el liderazgo, lo ejemplificaremos con el liderazgo político que ya nos está pareciendo una expresión casi contradictoria. El político –lo vemos todos los días– utiliza palabras y sobre todo justificaciones (es casi enfermizo ver cómo justifican lo injustificable) que lo único que hacen es ponerlos a gran distancia de lo que puede considerarse una persona auténtica. Esto es un hecho que lamentablemente se verifica cada día, y lo peor, sin ánimo sincero de cambio y mejora.

En el carácter de los buenos líderes debe incluirse valores y creencias con las cuales se pueda alinear la gente (su equipo en el caso de una organización; la ciudadanía en el caso del político). Pero además, el líder efectivo que es auténtico tiene un plus añadido que es la creación de un valor y nuevos principios que antes no fueron expuestos, o que si bien lo han sido, el nuevo líder les da un enfoque diferente, ampliando fronteras y eliminando los límites que hasta ahora parecía estaban impuestos y a los que nadie podía sustraerse.

La personalidad auténtica, justamente es la que sin dejar de cumplir con la legalidad, busca afanosamente las maneras en que su gente se beneficie de nuevas propuestas, mejoras en los métodos y procedimientos, adecuación total al cambio y mantener muy alto el listón de la ética y los comportamientos, dentro y fuera de la organización.

5) El cambio es una oportunidad 

Las enseñanzas del I Ching, libro milenario chino que se utiliza bien como oráculo, bien como método filosófico para abordar los problemas, se basa en un principio básico: el cambio. De ahí que en las traducciones que se han hecho del chino, siempre aparece en el título ‘El libro de las mutaciones’, porque el universo y nosotros mismos que formamos parte de él, estamos en permanente estado de mutación.

Hemos explicado en artículos anteriores aspectos sobre la gestión del cambio. Lo que hoy incorporamos al cuerpo de doctrina es que podemos ser mejores personas y mejores líderes si partimos de la base de que el cambio es inherente a nuestra naturaleza. Es más, la filosofía oriental enseña que no hay que sorprenderse por el cambio, más bien hay que recibirlo con alegría. Esto cuesta asumirlo para nuestra forma de vida occidental, pero deberíamos prestarle atención.

El I Ching dice que en medio de una gran tormenta, los rayos y el viento se llevan por delante a veces árboles muy grandes y que parecían fuertes e indestructibles; los juncos en las orillas de las lagunas, delgados y flexibles, soportan el peso de la tormenta y una vez todo haya concluido, seguirán erguidos y moviéndose al viento como lo vienen haciendo desde tiempo inmemorial.

Las personas que son juncos no son débiles, sino que podrán afrontar las peores tormentas. El carácter que sea como el junco, será flexible, abierto y resistente y, por tanto, esta virtud se forjará en el líder, porque primero como persona es consciente de su propio estado de mutación. Le es natural. No se asusta ni se asombra. Por el contario, le fastidia la rigidez, la no acción y el sometimiento a estrictos patrones que ya no tienen valor en una sociedad en permanente estado de cambio.

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