Pensamiento en acción

¿Dónde radica el éxito? El éxito no está garantizado por pensar antes de hablar o por planificar antes de actuar. Sin embargo, todos estamos de acuerdo en que de no hacerlo así, arriesgamos a fracasar. Pero en un mundo mutable y en giro exponencial como el que nos ha tocado vivir, estas viejas recetas quedan apolilladas. El nuevo paradigma es el pensamiento en acción. Un concepto nuevo que nos lleva a una doble complejidad: nunca actuar sin haberlo pensado antes, a la vez que actuar siempre a la primera pero razonando nuestra actuación. Y es que pensamiento y acción deben ir al unísono mientras conducimos el fórmula una de nuestra organización. En velocidad de hiperespacio, no hay margen para la duda.

Estamos viviendo un tiempo histórico que es simultáneamente convulso y complejo. Existe en todos los ámbitos de la vida una incertidumbre que se alimenta día a día por una revolución tecnológica que no descansa un instante, que hace que las decisiones que se tomen tengan que ser cada vez más rápidas y precisas para enfrentar los diferentes retos a los que nos enfrentamos. Y además, de forma compleja, cada vez con más las variables que entran en juego y condicionan cómo y cuándo se deben implementar las acciones.

Si observamos los cambios en el liderazgo político y en el de las organizaciones de los últimos dos siglos, nos daremos cuenta de que siempre han ocurrido como consecuencia de una revolución en el pensamiento. Qué hacer, cómo hacerlo y cuándo es esencial. Pero la clave está en conocer porqué deben tomarse esas decisiones.

El pensamiento es el padre de la acción y eso es especialmente cierto en cuanto a la elección del camino del éxito y la generación de una felicidad razonable. Cualquier acción tiene origen en un pensamiento inteligente, aunque debe aclararse que no es redundante expresar juntas las palabras pensamiento e inteligente, porque hay formas de pensar que, por más que se procesan en nuestra mente, no garantizan que las mismas entren en la categoría de inteligencia. Y es que, siempre se piensa. Es un acto inconsciente que se realiza durante muchas horas al día, casi automático, lo que hace que muchas de las cosas en las que pensamos no tengan valor para las decisiones que realmente nos importan.

Debemos ratificar que la inteligencia precede siempre a la acción y todas las metas que podamos alcanzar en la vida. Los logros se basan en acciones, pero no puede existir acción alguna sin pensamiento. Así de claro. La diferencia entre esta situación y las acciones impensadas, intuitivas, respondiendo al principio de acción-reacción automático, es que éstas se alojan más en nuestra parte primitiva del cerebro.

Portada (2)

Establecer una misión comienza con una idea, una perspectiva, un punto de vista, o incluso sólo una actitud. La cuestión es qué hace el líder para convertir sus pensamientos en acciones y asegurarse que van por buen camino. ¿En dónde está el truco? ¿En qué parte de su pensamiento radica la fuerza de la conversión de una cosa sin valor en una acción valiosa?

¿Cómo hacen los líderes efectivos para multiplicar las posibilidades de triunfar cada día?

No se puede hacer todo lo que se quiere para cumplir un objetivo en un solo día, pero sí se puede establecer cuál es el proceso para llegar a la meta de la manera más rápida posible y con mayor eficacia. La cuestión es dar el primer paso oportuno. Pero, ¿qué paso?, y ¿cuándo?

Determinar el qué y la oportunidad es anterior a la acción. Pero la diferencia que marca el éxito de un líder efectivo y otro que no lo es tanto radica en la proximidad que su acción tiene con su pensamiento. Los líderes efectivos no tardan demasiado en resolver el enigma del día o del mes al que se enfrentan y, por tanto, reducen el espacio del diagnóstico de la situación y la consecuente planificación al mínimo. O sea, que el líder que es más efectivo inicia antes el proceso de implementación de las acciones que su oponente competidor. Va un paso por delante, porque su pensamiento no condiciona la acción. Por el contrario, la impulsa.

Es frecuente que en las decisiones empresariales o de alta política sea precisamente el análisis de las consecuencias de la aplicación de tal o cual medida la que obligue a demoras, a veces injustificadas. El líder efectivo reduce este espacio temporal al mínimo y prefiere ajustar y corregir sobre la marcha.

En la política y acciones de gobierno es frecuente que no se tenga esta suerte de velocidad de respuesta para la acción, porque se dedica (a veces de manera absolutamente improductiva) demasiado tiempo a la preparación de planes, discusiones, debates, etc. Los políticos que siempre han sobresalido del resto en cualquier etapa de la historia tuvieron la capacidad de aplicar la parte instintiva del cerebro acompañada de la parte más moderna de la actividad cerebral que está en el lóbulo frontal.

El desarrollo del cerebro del hombre contemporáneo ha aprendido a dominar y controlar aquella parte instintiva, buscando un equilibrio entre lo racional (hemisferio izquierdo) y lo emocional (hemisferio derecho), pero alguna de las secciones antiguas del principal órgano humano han pasado a gestionarse desde una perspectiva moderada y perfectamente adaptada a la civilización actual. El instinto del cazador para sobrevivir es el que hoy día aplica el buen líder en la lucha competitiva de empresas y mercados, pero totalmente regulada por un análisis crítico y racional de la situación a la que se enfrenta.

Creemos que la mayor preparación y experiencia del líder es la que establece los puentes para acortar esta distancia entre pensamiento y acción. En otros términos: salvo honrosas excepciones, por ejemplo, la juventud de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, que ha llevado la empresa a primer lugar mundial de las redes sociales y a ser una de las organizaciones con mayor capacidad de creación de valor para una marca y consecuentemente para sus accionistas, requiere una buena dosis de intuición y una ajustada visión del entorno. Zuckerberg junto a otros líderes que son una franca minoría, son las excepciones en el ejercicio liderazgo, ya que son capaces de ajustar como nadie la brecha entre planes, objetivos y resultados. De alguna manera, su visión les ha hecho anticipar años a la realidad que ellos veían aunque no los demás, lo que les ha permitido ese valor diferencial del líder omnipotente.

Eliminar la incertidumbre

En el complejo y competitivo mundo empresarial en el que vivimos, que está absolutamente correlacionado con las políticas económicas y sociales que se tomen en un país, no hay día en el que no nos invada la incertidumbre para actuar (en términos generales) y las dudas sobre si hay que tomar o no determinada decisión (en términos particulares). Se quiera o no, la correlación de esas fuerzas está afectando a nuestros planes, ideas, perspectivas y diagnósticos.

¿Cómo actuar frente a la incertidumbre?

Se debe escoger un plan, ver si realmente creemos que la meta fijada tiene sentido y debe acomodarse perfectamente a la idea general que se tenía al inicio. Para ello hay que contraponer de manera rigurosa los recursos materiales y humanos de los que se dispongan.

Asumir el riesgo

El líder efectivo es esa persona que reduce los plazos y llega antes que sus homólogos a la acción. Tiene un pensamiento que se puede leer en su frente: “voy a hacer lo que nadie más está dispuesto a hacer”. Como suele ocurrir en casi todas las facetas de la vida, a veces, la forma más simple de hacer una cosa que realmente sea diferentey que se destaque es sencillamente tomar la iniciativa de proceder, de hacer, de pasar a la acción.

¿Cuál suele ser la razón principal? Que los demás están quietos (puede que por un espacio de tiempo reducido) o absolutamente estáticos (normalmente no entra en sus cálculos competir en ese producto o mercado). Es evidente que para que esta celeridad en las decisiones ocurra, el papel de la innovación tecnológica es decisivo.

Así les ocurrió a los fabricantes de grandes ordenadores y sistemas cuando no llegaron a dimensionar lo nuevo que se venía, la microinformática y la generación de los PC. En tiempos actuales, qué líder puede ser tan ciego de pensar que la telefonía móvil y las diversas formas que han adoptado las comunicaciones en general, no tienen efecto en los usos y costumbres de personas y organizaciones.

Pensamiento (2)

Elegir una cosa en un momento determinado puede ser muy simple desde el punto de vista técnico, pero no en cuanto a su alcance empresarial. Por ejemplo, el cambio sustancial que Internet produjo en los medios de comunicación también en la propia cultura personal (qué leemos primero todos los días) y lamentable situación casi de supervivencia que están experimentando los medios convencionales. Ese cambio pequeño al principio, incipiente en cuanto a la cantidad de publicidad que se volcaba en los medios online, ha dado la vuelta a la tortilla y se ha producido una gran mutación entre publicidad convencional y online (un trasvase importante) que ha exigido también una forma de pensamiento diferente en cuanto a marketing, planificación, etc. Se estaba entrando en el mundo digital y éste también empezaba a transformar las acciones y las decisiones.

Anticiparse a los demás

Después de unos pocos días de implementar algo que los demás lo ven como espectadores (novedad de producto o servicio en el mercado), se podrá considerar al líder como original, poco frecuente e incluso, arriesgado. Pero si la decisión tomada va por buen camino, cuando pasan más días, incluso meses, se empezará a considerar dicha decisión como especial. Finalmente, habrá competidores que están trabajando en un producto o servicio, sustitutivo o también complementario, pero ya estarán persuadidos que aquel líder un poco cuestionado por su temeridad, lo que estaba haciendo es algo que puede considerarse increíble o extraordinario.

¿Qué es lo que demostró este líder efectivo que llevó a la organización a este punto de liderazgo en el mercado? No tener miedo a ser diferente. O, mejor dicho quizás, su pensamiento fue tan rápido que lo convirtió en acción, porque su intuición le decía que nadie reaccionaría hasta pasado unos meses. Esto ocurre en todo los sectores de la economía.

Cuando un tipo de automóvil tiene éxito, especialmente en cuanto a diseño, al principio el fabricante goza de lo que se llama beneficios de monopolio, porque no existe ningún otro competidor en condiciones, al menos por unos meses, de poner un producto similar en el mercado. ¿Qué es lo que sucede entonces? Que la idea revolucionaria que incluso fue cuestionada por el sector, empieza a convertirse en la tendencia de los otros fabricantes que se quedaron rezagados.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es y vicepresidente de Foro ECOFIN, en colaboración con Salvador Molina, presidente de ECOFIN, Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN. 

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