Nacemos solos… morimos solos y cuando un día miremos atrás veremos que estuvimos solos todo el camino. (Hunter S. Thompson)

Hunter Stockton Thompson (1937 – 2005) fue un periodista y escritor estadounidense, famoso por su obra ‘Fear and Loathing in Las Vegas‘ (Miedo y asco en Las Vegas) (1971) y que hoy nos da título a nuestro blog gracias a la ‘Saga of a Desperate Southern Gentleman‘ (1955-1967) (Saga de un caballero desesperado del sur).

En abril de 1958, Thompson tenía 22 años cuando escribió una carta sobre el significado y el propósito de la vida ante la consulta que le formulara su amigo Hume Logan. En sólo unos pocos párrafos, su carta ofrece ideas profundamente reflexivas, pero lo que la convierte aún más en una pieza de interés sobre la reflexión existencial, es el hecho de que en ese momento el mundo no tenía ni idea de que estaba a punto de convertirse en uno de los más grandes escritores del siglo XX.

Vale la pena transcribir el párrafo completo del cual hoy partimos en nuestras reflexiones, acompañadas por otras de este original autor: “Estamos solos, nacimos solos, morimos solos y todos volveremos a mirar nuestras vidas y veremos que, a pesar de nuestra compañía, estuvimos solos todo el camino. No digo solitario, al menos no todo el tiempo, sino esencialmente y por último solos. Esto es lo que hace que tu autoestima sea tan importante, y no veo cómo puedes respetarte si debes mirar en los corazones y las mentes de otros para tu felicidad”.

Impresiona lo afilado de su palabra como si fueran cuchillas, por ejemplo al decirle a su amigo “te ruego que, al escuchar lo que digo, recuerdes que todo consejo sólo puede ser un producto del hombre que lo da. Lo que es verdad para uno puede ser un desastre para otro”.

Me ha sorprendido en esta carta el método que aplica en la búsqueda de la verdad, que según su filosofía de vida, su verdad es suya y para nadie más. Por ello, cuando le dice a su amigo que la pregunta que debe formularse toda personas es si debe flotar con la marea (contentarse con la situación en la que está sin hacer cambio alguno) o nadar hacia una meta. Afirma que es una elección que todos debemos hacer consciente o inconscientemente en un momento de nuestras vidas.

Es tan sencillo que puede decirse que es un pensamiento genial. Porque la genialidad se demuestra cuando se abren en canal la circunstancias y los hechos para que la verdad aflore. Y para que esto ocurra, los grandes escritores siempre fueron buenos médicos forenses de la vida, destripando hasta los rincones más ocultos en los que nadie (o una gran mayoría) no quieren escarbar.

Le plantea a su amigo ¿por qué no flotar si no tienes objetivo? Dice que esta es otra pregunta. Tenemos que coincidir con él en que es incuestionablemente mejor disfrutar de esa acción de flotar que nadar en la incertidumbre. Por cierto… lamentablemente en los últimos tiempos, una amplísima mayoría (excepto los privilegiados de siempre), nos hemos vistos obligados a practicar el “deporte de luchar contra lo incierto y desconocido”. Lo practicamos todos, nos guste o no. Porque es el destino que a diario se materializa en nuestras vidas con diferentes caras, a veces triunfantes y otras de tragedia. Y este es el drama existencial humano que tan bien profundizaran Shakespeare, Dostievsky o Jean-Paul Sartre, por citar sólo tres de los grandes.

Y llega al punto crucial de su particular focalización de la vida y de su filosofía cuando dice en la carta a su amigo: “que la respuesta -y, en cierto sentido, la tragedia de la vida- es que buscamos entender la meta y no al hombre”. ¡Pues claro que sí! Es un error que venimos cometiendo, aunque seguramente seguiremos empeñados en caer una y otra vez en volvernos locos por los objetivos y no por quiénes somos.

Como consejero de su amigo, aunque no cree en ello, le hace retrotraer a esos momentos de la juventud de una persona en el que su ilusión y también ambición, por ejemplo, era ser bombero. Pero pasa el tiempo y entonces esa persona ahora se siente seguro diciendo que ya no quieres ser un bombero. ¿A qué se debe? ¿Por qué ese cambio? Porque su perspectiva ha cambiado. No es el bombero quien ha cambiado, sino la persona.

Cada hombre es la suma total de sus reacciones a la experiencia. Como sus experiencias difieren y se multiplican, todos nos convertimos en personas diferentes, por tanto cambia la perspectiva de cada individuo.

Don Ortega y Gasset lo tenía muy claro: “el hombre es el yo y su circunstancia”, que obviamente éstas cambian continuamente y si no nos percatamos de ello mal nos va.

Y este cambio según Thompson sigue y sigue… porque cada reacción es un proceso de aprendizaje; cada experiencia significativa altera nuestra perspectiva. Al respecto, Jean Piaget (1896-1980) el famoso epistemólogo, psicólogo y biólogo suizo, afirmaba que el aprendizaje se logra de dos maneras: “incorporando el conocimiento per se y aprendiendo de la propia experiencia”. Es evidente que pueden ser simultáneos en el tiempo o no, según sean también las circunstancias de la persona y el entorno.

Pero Thompson le aclara a su amigo que no quiere ser malinterpretado, porque no está queriendo decir que no podamos ser bomberos, banqueros o doctores, sino que debemos hacer que la meta se ajuste al individuo, en lugar de hacer que el individuo se ajuste a la meta.

Y creemos como Thompson que muchos sinsabores, a veces extensibles hasta niveles de sufrimiento que afecten tremendamente a las personas, hace que nos empeñemos en buscar glorias y fortunas a las que no podremos acceder nunca porque no estamos hechos para ello. Darse cuenta a tiempo no es sólo una virtud, sino una manera de que podamos ser más felices.

José Luis Zunni, director de ecofin.es

(Artículo publicado en Media-tics)

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