Máquinas vs. Directivos. La inteligencia artificial acorrala el liderazgo humano

Artículo realizado por: Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, José Luis Zunni, director de ecofin.es y Eduardo Rebollada Casado.

No es nuevo este debate, aunque es más real que nunca. En su obra ‘Brave new world’ (Un mundo feliz, 1932) Aldous Huxley anticipó un futuro que ya tocamos con las yemas de los dedos. El desarrollo de la tecnología reproductiva y cultivos humanos que combinados cambian radicalmente la sociedad. La utopía de Huxley describe una humanidad saludable, desenfadada y tecnológícamente avanzada. No hay guerras y la gente disfruta de una felicidad estable. Pero, ¿estamos de acuerdo en modelos autómatas? ¿el talento directivo humano puede ganar a la máquina?

El mensaje de Huxley promete un Nirvana permanente a cambio del libre albedrío y la cultura, la familia, la literatura, la filosofía y cualquier otra forma de expresión humana inteligente. ¿Merece la pena? ¿Caminamos hacia la utopía?

Si bien existe un debate desde hace tiempo acerca de si las máquinas y los procesos de automatización pueden ser considerados como complementos o sustitutos de la mano de obra, actualmente esta discusión ha sufrido un impulso renovado y tiene un alcance aún mayor que el estrictamente académico.Incluso, en las áreas del management moderno.

La informática y las telecomunicaciones, con todas las facilidades que nos dan para la vida cotidiana y especialmente para nuestro trabajo, también han condicionado demasiado cuáles son las nuevas estructuras organizativas, modelos de negocio y formas de comunicación entre la gente.

Porque muchos de los trabajos que en el pasado parecían que podían ser realizados únicamente por el hombre, están actualmente siendo llevados a cabo por ordenadores. En algunas actividades en particular, cuando se trata de encontrar respuestas a los problemas, el software ya supera incluso a los mejores gestores.

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Saber si se pueden hacer valer los propios conocimientos (la capacidad y experiencia de los directivos) o hay que dejar espacio a la máquina, se está convirtiendo en un nuevo debate, para lo cual la respuesta también debe ser muy concreta: habrá que desarrollar una habilidad directiva crítica. No se puede reemplazar aún al hombre, porque al final del camino la última decisión las toman personas.

Y esto, llevado a su máximo exponente y a escala global de países, aún no se pueden tomar decisiones en Bruselas o en el BCE por máquinas, sino por personas. Y esto seguirá siendo así, a pesar del gran cambio que la automación y los procesos cada vez más complejos de utilización de fuentes diversas de datos influyan en dicha toma de decisiones humana.

EL TALENTO SENIOR

Esto nos lleva a concluir con rotundidad una primera cuestión que no da lugar a debate alguno: los directivos seniors actuales están lejos de quedar obsoletos. Si bien es cierto que los niveles de aprendizaje de los sistemas de procesamiento de datos está avanzando de manera espectacular, los profesionales de mayor capacitación y formación están ahí para ser llamados, para crear una nueva metodología organizacional que se alimente de varias fuentes de datos necesarias para el análisis, diagnóstico y toma de decisiones.

Es en este punto en el que el crowdsourcing es vital, porque es una colaboración abierta y global de talento humano. Y será esta misma tipología de directivos la que tendrá que capacitarse en habilidades creativas, especialmente las de liderazgo y pensamiento estratégico.

Andrew McAfee, coautor junto a Erik Brynjolfsson de ‘The Second Machine Age: Work, Progress, and Prosperity in a Time of Brilliant Technologies’ (W. W. Norton, enero 2014) afirma que: “La Revolución Industrial tuvo lugar cuando los humanos superaron las limitaciones de su poder muscular. Ahora nos encontramos en los estadios tempranos de que pase algo similar, pero en cuanto a nuestra capacidad mental, incrementándola infinitamente en virtud de las tecnologías digitales”.

Es que ya no se trata únicamente de la inteligencia artificial y la capacidad de procesamiento de información que tienen las máquinas. Lo que está sucediendo hoy día es el increíble poder de intercomunicación entre los ciudadanos de la ‘aldea global’ y una herramienta maravillosa que es el intercambio de talento.

Martin Dewhurst y Paul Willmott, que son directivos de McKinsey’s Londres, ofrecen lo que ellos llaman un argumento sencillo: “El avance de máquinas consideradas brillantes nos sorprenderán, pero transformarán la vida de los directivos sólo si los avances en la filosofía del Management avanza también”.

Sostienen que todavía hay mucho trabajo por hacer para crear conjuntos de datos dignos de las máquinas más inteligentes y su creciente potencial para la adopción de decisiones. Nuestra coincidencia es total. Pero por encima de ello, hay una necesidad en la clase directiva de “dejar que las cosas ocurran”, algo así como que sigan su curso, porque no se puede frenar el avance de la tecnología, de manera que en cierto aspecto contradiga a un siglo de desarrollo organizacional.

Si estas dos cosas suceden, y lo más probable es que así sea, será por la simple razón de que las organizaciones de vanguardia, tienen que aprovechar cualquier ventaja competitiva y sus competidores van a querer imitarlas, por lo que también la función de los managers tendrá que evolucionar.

La carrera por la tecnología es por tener mejor posicionamiento como organización en el mercado. Reconocimiento de marca, así como de sus productos y servicios. Pero no implica que ya hayan sido reemplazadas las respectivas cúpulas directivas decisorias de todas estas organizaciones. Muy por el contario, será una nueva clase directiva de alta especialización y capacitación, en cuestiones tales como pensamiento creativo, business intelligence, etc.

Estas cuestiones también trascienden los números, como que también entran en juego otras variables que hasta hace poco no eran consideradas como influyentes o decisivas en la toma de decisiones. Se les ha llamado por algunos expertos como las señales débiles de los medios de comunicación social y otras fuentes que también contienen poderosas ideas y deben formar parte del proceso de creación de datos, en clara referencia al fenómeno creciente e imparable de las redes sociales.

Los directivos deben encontrar y establecer los parámetros de software necesarios para determinar, por ejemplo, datos de los que se asigna prioridad, y estar atentos entonces para la toma de decisiones e implementación de las respectivas acciones.

No vemos a corto plazo ninguna posibilidad de reemplazo del hombre por la máquina. Sí creemos que el proceso de automación que nos facilita una ingente cantidad de información y datos, por ejemplo en el campo de la meteorología, que permite gracias a programas altamente sofisticados hacer pronósticos muy acertados, hace que la labor humana de diagnóstico se vea facilitada de manera espectacular. Claro está, los datos de los satélites que intervienen son altamente precisos y las estimaciones que si bien se basan en la teoría de las probabilidades, terminan siendo muy próximas a los hechos realmente acontecidos. Pero la estimación final en base a este gran cúmulo de datos es realizada siempre por el hombre.

FORO DE IDEAS Y CONOCIMIENTO

Tenemos la experiencia de hace poco tiempo, en una operación realizada en Madrid, en el Hospital La Paz, se estaba pasando simultáneamente por videoconferencia a otra cantidad de centros de alta complejidad médica en varios continentes. Pero lo sorprendente, era que toda esta tecnología se desvanecía cuando el cirujano a cargo explicaba lo que estaba haciendo en ese instante y compartía con colegas de otros países, que podían intervenir y emitir opinión sobre experiencias y cómo las habían tratado referidas a ese preciso instante de la operación. O sea, inteligencia humana compartida gracias a una gran AUTOPISTA TECNOLÓGICA DE COMUNICACIÓN.

Este debate debe llevarnos también a la siguiente reflexión: ¿Están siendo las políticas actuales a escala global, coincidentes con las tendencias de los nuevos conocimientos humanos gracias a la innovación tecnológica?

Estos autores piensan que no. Que hay un bache grande entre políticas y desarrollo tecnológico y científico. Que no todos los beneficios de este imparable avance, son tenidos en cuenta, aunque sólo fuera en un porcentaje razonable, por los dirigentes políticos. Cuanto menos desarrollado es un país, más grande es este desfase.

Tenemos la ventaja de estar en la UE, y España está liderando proyectos tecnológicos de la envergadura, por ejemplo, de poner satélites en órbita desde el ámbito privado. Esto es un hecho. Pero las circunstancias económicas y sociales por las que atraviesa Europa, en particular España, no permiten un debate serio al respecto. Como suele decirse, lo urgente no deja paso a tratar lo importante, y esto en política se termina pagando muy caro. De ahí la diferencia entre los grandes líderes y los que no salen de la categoría de mediocres.

La única obsesión de la clase política es el cumplimiento de los compromisos de déficit y en consecuencia los presupuestos recortados en casi todos los sectores de la sociedad. De esto se ha dicho mucho, pero en cambio poco se ha debatido en cómo y en cuánto afecta a la innovación tecnológica y científica de nuestro país, especialmente la fuga de talento que también es un dato objetivo.

Es evidente que si esto no se ha discutido, ¿cómo vamos a pedirle a los políticos españoles que debatan sobre lo que hoy estamos debatiendo en esta tribuna? Menos mal y en beneficio de la sociedad española, este debate sólo tendrá fuerza y será tratado por las organizaciones privadas, que a su vez es el habitual ‘campo de pruebas’ de cualquier innovación que transforme estructuras, procedimientos y formas de gestión.

El debate que estamos planteando hoy no está al alcance hoy de los gestores públicos –ninguno de ellos– porque no tienen asimilada esta cuestión como categoría de debate, lo cual es un tremendo error que también terminarán pagando. Al menos si mostrasen más sensibilidad en cuestiones tan profundas e importantes para nuestro futuro de empresas y especialmente cuáles serán los nuevos tipos de trabajo a corto plazo y medio plazo, tal vez podrían corregirse muchos de los problemas del paro estructural del que adolece España.

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