Los cuatro impactos de la Inteligencia Artificial que cambiarán el mundo

Hay bola de cristal. O, al menos, hay quien parece que la tiene para anticiparse a los cambios vertiginosos que vive nuestra sociedad. Uno de los oráculos del siglo XXI es Raymond Kurzweil (1948). Se trata de un inventor, músico, empresario, escritor y científico estadounidense especializado en sistemas informáticos e inteligencia artificial (IA). Desde 2012 es director de ingeniería en Google. Pero si por algo ha destacado en los últimos veinte años es por su capacidad de anticipación a los cambios que finalmente se han ido produciendo y que había vaticinado. Es un futurólogo científico de la talla de Alvin Toffler en el ámbito de la sociología.

Sus predicciones sobre el cambio futuro que impactará en nuestras vidas se basa en cuatro ejes centrales que tomamos como referencia y, fieles al estilo de esta tribuna, debatimos y ampliamos contrastándolos con otras aportaciones de expertos en la materia para así obtener un panorama sobre el estado actual de la IA.

Pero además, nos interesa cuál será el impacto que creemos que la IA tendrá en el liderazgo futuro y si ya se están notando algunas influencias en los estilos que los líderes políticos y organizacionales están teniendo en sus esferas de poder.

Los cuatro ejes son:

1.- Que la inteligencia artificial será capaz de crear arte igual o mejor que los seres humanos.

Los ordenadores ya son capaces de escribir historias, componer música o pintar cuadros. Es sólo una cuestión de tiempo que hagan estas cosas que hacen los seres humanos y con la misma calidad y precisión.

2.- Mejoraremos nuestras habilidades de lenguaje conectándonos a la nube.

Kurzweil señala algo en lo que no nos detenemos a pensar: los smartphones nos hacen millones de veces más inteligentes que otros humanos hace sólo 20 años. ¿A qué se debe este tremendo avance? Es la fabulosa cantidad de datos y cálculos que pueden procesar, además a gran velocidad.

Portada robot

Pero lo más sorprendente de su visión es que está absolutamente convencido de que en algún momento (aún no se puede saber cuándo) no habrá un dispositivo de mano, sino que un chip colocado en el neocórtex de nuestro cerebro nos conectará directamente con la nube. Porque la fusión entre nuestra mente y la IA nos va a hacer sencillamente mucho más inteligentes y capaces. O sea que, inteligencia más habilidades es una combinación que ha hecho que el homo sapiens se diferenciara de todas las especies en la evolución de nuestro planeta.

3.- Podremos experimentar historias como personajes.

Cuando la realidad virtual se vuelve más realista e inmersiva (término utilizado para la tecnología tridimensional), añadirá una nueva dimensión a la narración, ya que podremos ponernos un auricular y vivir la vida a través de los ojos del protagonista. Tan sencillo como que un narrador nos dictará la historia mientras experimentamos lo que está sucediendo dentro de ella.

4.- Los muertos serán resucitados como avatares.

La gente no morirá, sino que se convertirán en personajes de realidad virtual. Esto se logrará incorporando a la IA datos de la persona como fotos, vídeos y grabaciones de audio, así como cartas, mails, facturas o cualquier otro elemento que nos hable de su personalidad.

De hecho, esto no dista tanto del marketing digital actual y el big data que gestiona datos de consumidores sobre los que ya conoce sus gustos, tendencias, etc., pudiendo anticipar e influenciar sus decisiones de compra.

Si nos detenemos a analizar cuál es la visión que tiene una organización como MIRI (Machine Intelligence Research Institute), que dice que su principal cometido es “hacer  investigación matemática fundamental para asegurar que una inteligencia artificial más inteligente que la humana tenga un impacto positivo”, empezamos a vislumbrar los cambios que harán las personas para organizarse la vida, de manera que se puedan identificar fácilmente las oportunidades de negocio o de trabajo, así como otras habilidades no técnicas, ahorrando mucho tiempo y esfuerzo en todo aquello que puede perfectamente planificar, organizar y realizar la IA.

¿Cuáles son los pilares básicos sobre los que se apoya la IA?

  1. El razonamiento: razonamiento mediante una lógica formal análogo al pensamiento abstracto humano.
  2. Redes neuronales artificiales: que actúan de manera similar al funcionamiento físico del cerebro de animales y humanos.
  3. Algoritmos genéticos: que son casi idénticos al proceso de evolución de las cadenas de ADN.

¿Cómo nos afecta la inteligencia artificial?

La inteligencia artificial promete transformar a la sociedad en una escala aún superior al impacto que en su momento tuvieron la Revolución Industrial, seguida de otras revoluciones como la tecnológica y la digital. Las máquinas que pueden detectar, razonar y actuar acelerarán las soluciones a los problemas a gran escala en innumerables campos del conocimiento, incluyendo la ciencia, las finanzas, la medicina y los métodos educativos. ¿El efecto inmediato? Aumentar la capacidad humana, incorporando la posibilidad cierta de ir aún más lejos en las investigaciones y consecuentemente más importante, en las aplicaciones de éstas. O sea que, gracias a la IA podremos alcanzar objetivos que hasta ayer se nos hacían imposibles o nos ofrecían una gran dificultad. Pero, además, cada vez de forma más rápida. Y esto es una evidencia que ya se está demostrando en muchos ámbitos de la tecnología con consecuencias en nuestra vida diaria.

Brian Krzanich, CEO de Intel Corporation, afirma que la misión fundamental de Intel es acelerar el proceso de “revolución de la IA para que podamos entregar a las personas un mundo mejor”.

Como todas las grandes transformaciones que se han producido en la historia de la civilización, la IA es un nuevo punto de inflexión en la evolución tecnológica, social y humana. Cada paso que demos será impulsado por datos, redes neuronales y poder sin precedentes de ordenadores y sistemas informáticos capaces de cualquier cálculo, predicción y toma de decisiones.

Se estará produciendo poco a poco, sin que lo notemos, un cambio en la percepción que tengamos de la realidad, porque estarán cambiando nuestros sentidos en la misma línea que la realidad esté siendo modificada. Se producirá un enriquecimiento colectivo en cuanto a conocimiento, porque podremos interactuar cada vez más y mejor con el mundo que nos rodea. Esto facilitará, al mismo tiempo que cambiará, nuestra manera de tomar decisiones.

Los avances en los usos clínicos de la IA en la medicina podrían tener efectos profundos en la composición de la fuerza laboral total del sector médico a escala global, modificando las funciones cognitivas, ya sea en la aplicación de los conocimientos adquiridos, el aprendizaje o el mecanismo aplicado en la resolución de problemas.

En Reino Unido, la Fundación Royal Free NHS se ha asociado con DeepMind AI de Google con la finalidad de desarrollar una aplicación dirigida a pacientes cuyos diagnósticos muestran lesiones renales agudas. La utilización de la información de 1,6 millones de pacientes al año ha posibilitado que se liberen más de medio millón de horas anuales gastadas en el papeleo. ¡Pero cuidado! Un factor clave que impulsa este nuevo escenario, es la escasez mundial de personal clínico que está viéndose reducido sustancialmente a medida que crece la población.

En la reciente Cumbre de ‘Digital Health‘ en Londres, se argumentó que la tecnología móvil junto con la IA hace que el acceso universal sea una meta realista, mientras que la sustitución de los médicos por sistemas inteligentes reducirá los costes. Esto determina que el impacto de la IA podría ser no sólo aumentar la reserva de talento médico sino comenzar a reemplazarlo. Es aquí en dónde debemos recurrir a las buenas políticas, especialmente las que se anticipan porque se han esforzado en comprender cuál será el comportamiento de los escenarios futuros. Y a esto se le llama liderazgo efectivo.

El año pasado, el superordenador Watson de IBM recibió el reconocimiento de haber diagnosticado en minutos la condición exacta que afectaba a un paciente de leucemia en Japón que había estado desconcertando a los médicos durante meses, después de referenciar su información con 20 millones de registros de oncología. No hay otra forma de llevar a cabo tan ciclópea tarea.

Robots (2)

Cada vez que se lanza una predicción de que en 2030 vamos a ser mitad humanos y mitad cibernéticos, nos estremece pensar que cuando hace tan sólo dos décadas se hacían predicciones sobre el nivel de desarrollo de la tecnología y su impacto en la sociedad, costaba hacerse a la idea. No sabemos cuántos años transcurrirán para ver los efectos totales, pero lo que sí es seguro que estamos viviendo un buen anticipo de ello y que ocurrir… ocurrirá.

Este proceso de evolución tecnológica y científica imparable, en el que la IA tiene un papel central, afectará profundamente nuestra manera de vivir, los métodos de trabajo y también el concepto de qué es trabajo. En el mundo de la defensa  y la geopolítica, así como en las estrategias de guerra, todo habrá cambiado, basta ver hoy ya como se utilizan aviones no tripulados que lanzan misiles inteligentes sobre objetivos a batir del enemigo.

Es del todo probable que se genere una multiplicación exagerada del PIB global, aunque debido a los eternos problemas de desigualdad en la distribución de la riqueza así como del acceso a los beneficios de las nuevas tecnologías, se agravará la situación de los mercados laborales y de los ciudadanos, al menos en el corto plazo. Esto terminará impactando en el reordenamiento social, transformando las instituciones públicas y privadas para adecuarlas a un nuevo orden tecnológico y económico. La cuestión es la falta de simultaneidad en el acoplamiento de las medidas a los requerimientos que la tecnología impone.

Lo que sí es preocupante, es de qué forma las máquinas pueden alterar nuestra presencia en el universo, porque persiguen objetivos independientes de sus creadores y nos superan a nosotros mismos en dominios que antes se creía que eran exclusivos de los seres humanos. Y esto es realidad y no ciencia ficción.

La soberbia de la raza humana sobre el resto de las especies, parece que por primera vez se ve un poco temerosa frente al poder de las máquinas y robots, que en definitiva tendrán un nuevo lenguaje que les haga sujetos con vida propia. Este fenómeno entra en un terreno de índole ética y moral, que como siempre ha sucedido en la evolución del hombre, nunca ante el avance producido por su capacidad e inteligencia se ha dado un paso hacia atrás. ¿Habrá un límite que la sociedad deba imponerles e imponerse?

Es probable que desempeñen un papel cada vez más crítico e íntimo en muchos aspectos de nuestras vidas, aunque la aparición de sistemas capaces de razonamiento y acción independientes plantea serias dudas sobre cuáles son los intereses a los que se les permite servir y qué fronteras no deberán traspasarse en su creación y uso.

¿Se puede responsabilizar a una máquina por sus acciones? ¿Deben los sistemas inteligentes disfrutar de derechos y responsabilidades independientes, o son simplemente propiedad de sus dueños, sean organizaciones o personas?

Cuando se empezó la carrera espacial entre las dos superpotencias de la época, Estados Unidos y Rusia, también se empezó a gestar un derecho aeroespacial. Lo mismo ha sucedido con el medio ambiente y la biodiversidad. ¿Se tendrá que legislar en materia de aplicaciones de la IA?

¿Cuál es el papel del liderazgo frente a la IA y la revolución tecnológica cada vez más rápida?

Si bien los sistemas de información y los robots puedan hacer tareas como los humanos, seguirá habiendo una función esencial de los líderes políticos y organizacionales en la toma de decisiones, porque las decisiones y toma de medidas tanto en la esfera privada como en la pública seguirá perteneciendo a la especie humana, a un líder de carne y hueso.

Pero para que no nos veamos traspasados en todas nuestras funciones humanas, habrá que legislar y ordenar. Por su propia naturaleza, un algoritmo decisorio de un robot no es sensible al drama humano. ¿Podrán serlo en el futuro? Realmente no lo sabemos. ¿Influirán en nuestra sensibilidad humana que tengamos chips conectados a nuestra red neuronal cerebral? Tampoco lo sabemos. Sí sabemos que en cuanto a la mejora de enfermedades, ceguera y otras cuestiones biológicas, representan un avance sin precedentes. Pero no hay que dejar que la independencia de la máquina por su capacidad ultra rápida y de procesamiento de información, reemplace definitivamente al humano.

Votamos hoy ya mismo porque todo este avance sea un gran complemento en las luchas contra enfermedades, pobreza y otras calamidades, así como un mejor nivel de eficiencia y productividad global que eleve el nivel general de vida de las naciones. La cuestión es si el liderazgo está asumiendo a tiempo la velocidad de este cambio que exige estar atentos, como decimos más arriba, para que no se sigan destruyendo mercados y puestos de trabajo.

Si bien es cierto que en el corto plazo se puede afectar seriamente una economía de una región concreta, en el medio y largo puede ser beneficioso, pero para ello tienen que aplicarse políticas de formación que hagan que la fuerza de trabajo expulsada de determinados sectores puede recolocarse en otros. Y esto es materia de los políticos y la política.

Da la sensación que siempre la política va por detrás de la innovación tecnológica. Es hora de que esto cambie.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es y vicepresidente de Foro ECOFIN, en colaboración con Salvador Molina, presidente de ECOFIN, Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN. 

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