¡Sonríe!, es barato y muy rentable

Intentamos superarlos una y otra vez, pero casi siempre volvemos a repetir hábitos de comportamiento, mentales y emocionales, que sabemos que son perjudiciales para la salud. La pregunta es: ¿cómo podemos lograr unos buenos hábitos?

Un psicólogo cuya especialidad era justamente erradicar malos hábitos de alimentación, comentaba a sus pacientes que al inicio, cualquier hábito que hayamos adquirido tiene el peso del globo de un niño con el que juega en un cumpleaños de compañeros de colegio. Pero a medida que pasan los años, es como si en vez de aire, el globo llevase barras de hierro. Se puede hacer insoportable y cuanto más tiempo pasa, más cuesta erradicarlo. Lo que sí es claro, que para iniciar el cambio que nos conduzca a neutralizar y después eliminar los malos hábitos, es tener perfecta consciencia de ello. No basta con decir lo tengo, sino hay que ser consciente de que está minando nuestra mente y capacidad emocional. Esto significa que debemos contar con fuerza de voluntad y según sea el hábito, contar el apoyo de amigos y familia puede ser la diferencia entre vencerlos o no, pero en todo caso, con lo que sí hay que contar es con una firme autodisciplina.

Cuando nos referimos a la tipología de personalidad es evidente que en ella entran tanto los buenos como los malos hábitos. Cualquiera de ellos pueden influir a nivel personal y social, especialmente ésta última influencia, tiene un gran impacto en todo lo referido a nuestro trabajo diario y a las relaciones interpersonales que el ámbito laboral tienen en nuestra vida. La cuestión es que los malos hábitos pueden empeorar cualquier situación, sea personal o laboral.

Primera pregunta que surge entonces: ¿si los malos hábitos pueden empeorar las vidas de las personas, entonces, los buenos hábitos hacen que la vida de éstas sea un poco mejor? Sin duda es así, que podemos ejemplificar con algunos de esos hábitos que pueden condicionar nuestra vida: la calidad de la alimentación, la práctica de ejercicio y un ambiente de trabajo libre de tensiones y estrés.

Es evidente que hoy día, al ritmo frenético que se vive, es del todo imposible cumplir a rajatabla estas tres premisas; pero al menos, debemos esforzarnos en que tanto la buena dieta, como la práctica de algo de ejercicio, así como ayudar y colaborar a que el espacio de trabajo sea un lugar no agresivo con las personas, es un buen comienzo.

La sonrisa es nuestro mensaje

Cada mañana, desde que una persona se levanta hasta que llega a su trabajo, tiene que ser consciente que la actitud que asuma para con su familia y con los compañeros, será decisiva en la carga de tensión emocional con la que contribuya al ambiente, tanto familiar como profesional en el que pasa un tercio de su vida.

Saludar por las mañanas con ganas es un buen comienzo. Hay personas que tienen muy mal despertar y les cuesta una o dos horas entrar en ritmo y esbozar una sonrisa o molestarse en saludar y que se note que lo hace, a otras personas de su entorno laboral.

Lo primero que tiene que ser consciente una persona que tiene por mal hábito arrancar su jornada criticando a otras o quejándose por cualquier cosa, es que los otros compañeros le irán dejando de lado, o que cuando de verdad tenga un problema que sea atendible, nadie le prestará atención. Porque su personalidad es de las negativas, las que cargan los ambientes de tensión.

En una importante empresa de seguros estadounidense, una mujer que había sido recientemente trasladada del estado de Nueva York en la costa este al otro extremo, el estado de Washington en la costa noroeste. Cuando llegó a hacerse cargo de su departamento, observó que lo que no abundaba en la compañía era la simpatía y el buen trato entre los empleados. Lo primero que hizo fue poner un poster en la puerta de entrada de su división, con un dibujo de una cara muy simple, que denotaban dos ojos y una boca con una gran sonrisa. Bajo el dibujo, la leyenda decía: “menú del día”. O sea, que el mensaje que transmitía es que las personas deben saludarse y ser amables desde el inicio hasta el fin de la jornada. No es sólo una cuestión de modales, sino es una ley de supervivencia para hacer más tolerable el ya de por sí complicado mercado en el cual todas las organizaciones están peleando para ganar cuota y mantenerla. Lo que sí fue sorprendente, el resultado de este cambio de actitud de todo el personal. Al cabo de diez meses, la productividad de su departamento se había incrementado un 25%.

La sonrisa es parte de una actitud que las personas asumen respecto a las relaciones con los demás. Pero sin duda, es la garantía que esa actitud que manifiesta explícitamente, es un aglutinador de emociones y un gran motivador para que las tareas se hagan con buena predisposición y todos en ese departamento, asuman con ganas y determinación sus funciones y responsabilidades.

Uno de los elementos que más contribuyen a la desestabilización emocional de las personas, es la rutina. Pero este sentimiento, incluso a veces de frustración, afirmando cosas como “no me apetece ir a la oficina” o también “odio mi trabajo”, puede cambiarse teniendo en cuenta ciertas formas que nos van a facilitar una mejor predisposición para afrontar el día.

Es por ello que algunos terapeutas aconsejan a sus pacientes, algunos con importantes responsabilidades y mucho personal a cargo, pensar sobre cómo enfrentar ese día que se inicia. Como una visión general, pensando en tareas, reuniones, responsabilidades y un largo etcétera, que va a marcar la diferencia entre trabajar a disgusto o con un sentimiento de presión, o por el contrario, vamos a poder mejorar nuestra productividad personal gracias a nuestra actitud positiva y la determinación de hacer lo que tenemos que hacer. Sin dilaciones. No dejar “para mañana lo que podemos hacer hoy”, mal hábito que es más común de lo que nos gustaría admitir.

Es evidente que este simple mecanismo de pensar en el día que enfrentamos, siendo conscientes de lo que tenemos que hacer, pero sin temores ni angustias, mejorará nuestra predisposición a la relación con los demás y será un elemento motivador para el conjunto del equipo, porque las “buenas vibraciones” y toda la energía positiva derivada de una actitud positiva frente a la vida, termina contagiándose a las personas de nuestro entorno.

Para poner un ejemplo, pensemos en el atleta de alta competición que en los próximos minutos escuchará el disparo de salida para correr la prueba reina del atletismo: los 100 metros. Los momentos previos, antes de inclinarse sobre una rodilla y preparar la salida, los entrenadores son muy claros al respecto: mirar a la meta y jamás al costado para ver lo que hace su inmediato competidor. Mirar a la meta, convenciéndose a sí mismo, que puede mejorar su marca personal y ganar la carrera. Los 9 segundos y 67 centésimas son ese tiempo y no más. Pero para poder llegar a esas marcas los diez mejores velocistas del mundo, llevan toda una vida preparándose. En el momento decisivo antes de la salida, el pensamiento en la victoria y la meta llega a ser más importante que el esfuerzo físico de la carrera en sí.

Cómo adecuar su día en su mente

Todos los días, antes de comenzar su rutina, debe prepararse para afrontar lo que tienen por delante. No es cuestión de llegar a toda velocidad a su despacho, ni siquiera habiendo desayunado con cierta calma, como si esta actitud un poco alocada, le va a garantizar el éxito de la jornada. Craso error.

Es importante encontrar un espacio tranquilo y un momento de cierto silencio y concentración, para simplemente pensar. No arrancar el día como un bólido sin rumbo. Cuando se inicia la jornada y ya hay movimiento en la oficina, son muchas las distracciones y empieza la tensión del trabajo de ese día. Por tanto, ese hábito negativo de querer ser el primero y no importarle si afecta a su salud porque no se cuida ni descansa lo suficiente, se corrige simplemente llegando más temprano que los demás para encontrar ese espacio de tranquilidad para programar su día y pensar, o en caso de que no pueda anticipar su hora de llegada por razones familiares, por ejemplo, llevar los niños al colegio, tiene que buscar y encontrar el sitio, sea la plaza que está al lado de la oficina, o simplemente meterse en un centro comercial a tomar un café en dónde Ud. sabe que no es un lugar frecuentado por sus compañeros.

Consecuencia directa de esta actitud, o sea de incorporar este hábito positivo: se despeja la mente. No mire el móvil ni se preocupe por sus whatsapp. Fabrique su momento de intimidad. Su mente limpia y sin tensiones pensará con mucho más agilidad y los problemas que le parecían insolubles, ha encontrado la manera de poder resolverlos.

Cuando haya alcanzado ese espacio en blanco, tiene que caminar y practicar la respiración profunda, que logra la oxigenación del cerebro y le facilita focalizar mejor los asuntos del día, aunque sean mera rutina y no problemas.

¿Cómo se construye un hábito?

Lamentablemente no se pueden adquirir en la tienda de la esquina ni tampoco puede convertir un terapeuta profesional, sus hábitos negativos en positivos en una o dos sesiones. De la manera cómo hemos explicado el inicio de una jornada y el tiempo que Ud. debe dedicar a pensar en sus tareas y responsabilidades, puede que lo practique un día como reacción puntual, ante un hecho concreto de su vida profesional porque se celebra una convención de la empresa y es muy importante la participación de todos los lideres y mandos intermedios. Pero tenga en cuenta que únicamente se logra incorporar ese hábito positivo cuando se es consciente del proceso de cambio que se está introduciendo día a día en su mente y emociones. De nada le sirve un día porque es una jornada especialmente importante.

Cuando sienta que tiene la cabeza en su sitio antes de iniciar el día, evitará que las distracción de los mails y redes sociales, así como otras interrupciones como el teléfono y reuniones que sabe no sirven para nada, le amarguen la jornada y le generen tensión. Es más, como está pudiendo focalizar mejor porque piensa en lo que tiene por delante cada día, puede sugerir modificar determinadas reuniones que no sólo Ud. cuestiona por su falta de operatividad, ayudando a mejorar la eficiencia de todo el departamento.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es, en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, y Eduardo Rebollada Casado miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

 

 

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