Si la oportunidad no nos llama, construye una puerta

Milton Berle, un reconocido comediante norteamericano, tiene una frase que es una auténtica revolución en la forma de cómo encarar los problemas y los retos a los que debemos enfrentarnos, cuando afirma: “If opportunity doesn’t kock, build a door” (Si la oportunidad no nos llama, construye una puerta).

Obviamente, ese llamado kock de golpear se refiere a la puerta, a la puerta de  nuestra consciencia, lo que tiene por respuesta -según Berle- que no debemos preocuparnos cuando no hemos sentido esa llamada en nuestra consciencia. Pero cuando en algún momento nos percatamos de ello, la solución entonces es abrir la puerta con toda nuestra lucidez, para cualquier otra oportunidad que se nos presente (construir la puerta).

Lao Tzu afirmaba que “para la mente que esté quieta, el universo entero se rinde”. Cada vez que desde esta tribuna hemos hecho referencia a los grandes líderes empresariales y políticos, siempre nos ha parecido importante destacar cuál ha sido el aspecto capital que les ha llevado a tener éxito en la vida. Y no es otra cosa que su mente, tanto en cuanto a su apertura mental como en el control que hicieron de la misma, que siempre se tradujo en acciones concretas, decisiones acertadas y éxitos asegurados.

En todas las épocas de la historia, indagar sobre la mente siempre fue un desafío. Aún hoy en 2015 sigue siendo una gran desconocida, por lo que podemos imaginar, por ejemplo, cómo sería el conocimiento que de ella se tenía en el siglo XII o en el XVII. Según las más antiguas filosofías, si usted controla su mente, es que lo puede controlar casi todo. Y esta característica común de los líderes a lo largo de la historia, sigue siendo hoy materia de estudio e investigación. ¿O cómo puede entenderse el éxito de personalidades destacadas a escala internacional como Branson, Buffett, Gates, etc., si no fuera porque han controlado mejor que el 99% de las personas su mente y sus emociones.

Diversas filosofías atribuyeron siempre una fuerza creativa que existe en el universo y que está al alcance de todos, digamos que podemos tener acceso. La cuestión es: ¿por qué los buenos líderes han sabido aprovechar esta fuente de energía cósmica en su liderazgo? Por la sencilla razón de que cada vez que tenían que encontrar soluciones a los problemas y desafíos que se les presentaban, gracias a esa mente poderosa que les hacía ver desde una óptica universal y naturalista, lograban mejor que nadie una apertura a la reflexión con la quietud y calma necesarias de quién hace las cosas bien. Esta característica de apertura y flexibilidad a la vida y las relaciones interpersonales, logra en ellos una experiencia increíble. Les hace presentir que están bien encaminados. Y es en este punto dónde marcan la diferencia con el resto de los mortales.

Por el contrario, ¿qué es lo que sucede entonces, cuando sentimos que fallamos, que no podemos controlar una situación, por ejemplo en una crisis, y tenemos la sensación de fracaso y derrota? Que nuestros pensamientos, palabras y acciones pueden convertirse en un dique de contención de la energía que necesitamos para enfrentarnos a ese cambio de situación. Lo que aquellos líderes gestionaban de manera ejemplar, no dejándose encerrar por este tipo de limitaciones que provoca una mente bloqueada, sea por principios, dogmas o pautas culturales.

El líder ante un planteamiento de un miembro de alguno de sus equipos, en vez de dar una respuesta tibia o decir que lo analizará en otro momento, toma la iniciativa, se interesa por la preocupación de una o más personas de ese departamento/grupo y construye lazos de confianza gracias a otorgarles ese tiempo del que no dispone, pero que los demás agradecen reconociendo su actitud de demostrar preocupación por todas y cada una de las personas.

La primera lección que debemos sacar de esto es que cuando ponemos orden en nuestras ideas a través de la reflexión y la meditación, estamos ayudando a nuestro cerebro a “desatascar” la confusión que tenemos y que se multiplica con frecuencia, debido a la impotencia que sentimos cuando no podemos resolver una cosa. Nuestra parte emocional nos suele jugar una mala pasada, ya que en definitiva nos impide disfrutar de toda la energía que hace que nuestro talento y creatividad afloren y resuelvan de manera sencilla lo que termina siendo resuelto con grandes dificultades.

Esta es la cuestión: no sólo resolver el problema, sino cuánto es el coste de su resolución. Cuánto tiempo y sacrificio tenemos que dedicar a que las cosas nos salgan bien. De ahí la importancia de poner orden en nuestras ideas, revisar nuestro mapa mental de principios y valores.

Nuestro entorno también nos da algunos sustos de vez en cuando, porque opera como si por ejemplo, estamos en una estación central de ferrocarril, en el que todo el ruido circundante, nos hace imposible mantener una reflexión o tener las ideas claras. No cabe duda, que cuando bajamos (o de alguna manera neutralizamos) el ruido externo, podemos poner todo nuestro intelecto en modo “on” para afrontar lo que tenemos delante. Y cuando afirmamos “enfrentar el problema” o el cambio que nos ha sobrevenido, esto implica que la mente ha tomado consciencia de la situación.

Por eso cuando escuchamos a un directivo con mucha responsabilidad por el cargo que ocupa, decir “me voy a tomar un respiro para pensar un poco sobre esta cuestión”, en referencia quizás a un nuevo desafío del mercado que exige que la empresa dé una respuesta rápida y contundente, es el tiempo que este líder necesita disponer para construir una respuesta que aproxime la mejor solución al reto al que se enfrentan. No está difiriendo el problema por miedo, sólo está poniendo en orden sus ideas, para actuar en consecuencia.

En todo caso, lo que estamos verificando es que si tenemos el control mental y lo acompañamos de las reacciones emocionales adecuadas, estaremos caminando en la buena dirección.

El obstáculo es el camino

Un proverbio de la filosofía Zen dice que el obstáculo es el camino. ¿Qué significa esta afirmación? Que en sí mismo el tránsito (el proceso que iniciamos con nuestras acciones) es la prueba de que no perdemos ni el control ni la concentración. Mantenemos el foco en el problema y somos conscientes que alimentar nuestra mente desde esa fuerza universal referida más arriba, nos hará convertir los obstáculos en oportunidades.

Epictetus afirmaba que “el problema no es el desafío al que nos enfrenamos, sino como reaccionamos ante el mismo”. La gran batalla contra el cambio se gana cuando se asume con naturalidad, como un proceso al que debemos adaptarnos, para entonces gestionar en consecuencia las exigencias del mismo.

Los grandes líderes son flexibles no rígidos, siendo su apertura mental y control de sus emociones la clave de sus aciertos. Como dice el milenario libro de oráculos y filosofía china I Ching“En una fuerte tormenta con rayos no son los árboles más fuertes los que mejor la soportan, sino los juncos flexibles de la laguna que se amoldan al viento”.

La gran mayoría de las personas no llegan a medir el alcance de esta sentencia oriental, porque creen que el camino está abierto para recorrerlo de inicio a fin, sin dificultades o con las mínimas posibles, cuando lo que decimos nosotros y en consonancia con la filosofía milenaria de Oriente, que es justamente el camino el inicio de los obstáculos que debemos sortear.

¿En qué camino cree Ud. que se encuentra ahora mismo? Algunas veces se está moviendo en una cierta dirección, creyendo que es la que entraba en sus planes (fueren personales o de su actividad laboral), cuando en realidad termina siendo un sendero desconocido. Entonces piensa que en su particular viaje algo ha hecho mal. Busca afanosamente atribuir su error o incluso fracaso a algo o a alguien. Pero no entiende ni comprende muy bien porqué se está encaminando en esta dirección.

¿Qué es lo que ha sucedido para que haya cambiado su rumbo, aunque quizás no su destino?

Son los momentos en los que mira toda su vida como una película, aunque empieza a ser consciente al revisar sus acciones, que a lo mejor se debe a una decisión en particular que jamás pensó tendría consecuencias negativas.

¿Cuál es el error más frecuente que cometemos ante este tipo de situaciones?

Que como ya hemos recorrido muchos caminos a lo largo de nuestra vida, de los cuales somos perfectamente conscientes, entramos a analizar y preguntarnos si hemos transitado por alguno que finalmente resultó equivocado. Y llegados a este punto, en vez de entrar en estado de pánico y creer que es un destino fatídico que le acecha, lo que tiene que hacer es mirar el camino en el que está transitando hoy día e insistir en hacerlo apropiadamente, sin necesidad de buscar rutas alternativas. Buscar y descubrir lo bueno que hay en esta dirección que oportunamente había tomado, que seguro lo tiene mucho más próximo de lo que imagina.

Mirar a todo su entorno y tratar de observarlo desde otra perspectiva, comprobando cómo lo que creía no le conducía a ninguna parte, en definitiva, al vencer ese obstáculo mental que le impedía ver hacia dónde se dirigía, incorpora una nueva visión a su vida (todo su conocimiento y experiencia) que le harán mirar de otra manera. Está cambiando su perspectiva, que es lo que le permite afrontar los nuevos paradigmas.

Si bien puede no ser el camino originalmente elegido, podría convertirse en un destino mucho más agradable teniendo la paciencia y considerando en todo su esplendor el presente, a esa parte de la vida que no le damos la importancia que tiene.

Artículo coordinado por José Luis Zunni director de ecofin.es. En colaboración con Salvador Molina presidente de ECOFIN, Javier Espina Hellín miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

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