Naufraga el modelo de Liderazgo en Europa

El liderazgo y la unidad de Europa está en crisis. No es un virus contagioso llegado de Siria, si no una incapacidad manifiesta por liderar la Unión Europea puesta en evidencia en la respuesta a la crisis de los refugiados. No existe un liderazgo aglutinador y sí un orfeón de voces desafinadas.

¿Estadistas o gobernantes? Es el viejo dilema. El modelo de liderazgo político está en crisis. Y no hay un liderazgo con visión de largo plazo, ético y solidario. Es como si para dirigir un país o un continente no fuera necesario conocer el abecedario de la gestión de organizaciones. No es que pidamos que todos nuestros padres de la patria en Europa pasen por las escuelas de negocio, pero sí que asuman un mínimo de compromiso ante la Historia, la Ética y sus ciudadanos.

El mundo observa a Europa. Los acontecimientos de las últimas semanas en la frontera de Europa y Hungría, así como en nuevas muertes acaecidas en el Mediterráneo, han encendido todas las alarmas en la ciudadanía y ONG’s a escala mundial, por la lentitud con la que los líderes europeos están actuando. La pregunta que nos atañe desde la estricta óptica del liderazgo, ante tamaña catástrofe humanitaria que no se producía en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, es: ¿están actuando los líderes europeos según lo que dicta la doctrina de miles de actuaciones políticas a lo largo de las últimas décadas, o simplemente lo están haciendo en función de políticas muy partidistas y nacionalistas que van en sentido contrario de lo que las circunstancias exigen?

montaje sirio

Osama al Ghadab y sus dos hijos, protagonistas de la zancadilla de una periodista húngara, se han convertido en un símbolo de la cara y la cruz de la Solidaridad europea. Llegaron a Madrid acogidos como refugiados y una escuela de entrenadores les ha ofrecido trabajo y residencia.

La respuesta no se hace esperar ante tamaño despropósito, en el cual no se trata de cuotas de leche o de cupos de inmigrantes, sino de seres humanos que están legalmente protegidos por todas las convenciones que el Derecho Internacional y Naciones Unidas han establecido desde hace décadas. El derecho de asilo para los refugiados que salen airosos de las bombas de una guerra fraticida como es la de Siria, es un derecho humano fundamental reconocido en todos los tratados. No hay excusa ni argumento posible que un líder político pueda esgrimir para ignorar o anular la aplicación del derecho de asilo.

Por ello, es incomprensible como un líder político como el primer ministro húngaro Viktor Orban, puede haber actuado vallando la frontera con Serbia, anunciando que ampliará este muro hacia Rumanía, además de que en las últimas horas se han producido hechos vergonzantes como que la policía húngara utilice gas pimienta o que haya detenido ya más de 500 refugiados a los que según una reciente ley, podrán ser condenados a cinco años de cárcel.

Si a esto se le suma la negativa de países como Polonia, la República Checa o Eslovaquia a recibir refugiados, entonces es cuando Angela Merkel no tiene más remedio que cerrar el grifo a los refugiados sirios porque empieza a quedar desbordada la locomotora alemana.

En medio de todo este drama, como siempre ocurre en la Unión Europea, la lentitud en las decisiones favorecen a las mafias que utilizando Facebook como ya se ha comprobado, ponen a disposición balsas y demás medios de transporte para que los refugiados puedan elegir cómo llegarán al Viejo Continente y cuánto les cuesta.

José Antonio Bastos, presidente de médicos sin fronteras, afirma que el barco que circula por el Mediterráneo es el de la institución que preside, cuando debió haberse creado un corredor mediterráneo para evitar más muertes, que ya se registran en lo que va de año en 2.800 personas.

Parece una paradoja del destino, que los países de Europa Oriental que habían pertenecido al Pacto de Varsovia (los que estaban al otro lado del telón de acero), sean en 2015 los propiciadores de volver a vallar Europa. Sin duda algo está fallando, que no puede ser otra cosa que el liderazgo europeo.

Juan de Vallín, miembro del Instituto Juan de Mariana, decía en 2011 como consecuencia de la crisis del euro: “Tal vez desde dentro no se vea bien, pero la imagen que está dando Europa ante el mundo es bochornosa. Decenas y decenas de reuniones y cumbres para después no llegar a ningún acuerdo. Cuando lo consiguen, son incapaces de concretar detalles. Y cuando por fin llegan al acuerdo de rescatar Grecia con un plan algo serio, Grecia se baja del carro anunciando un referéndum que nadie sabe a qué viene. Y luego dicen que la culpa es de Moody’s y Standard & Poor’s”. Las palabras de Vallín podían sonar dramáticas en 2011, pero la realidad que supera la ficción, nos hizo abrir los ojos ante el reciente corralito griego y situación en la que un día sí y otro también se hablaba de si Grecia salía o no del euro. Pero con el agravante de que el ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble, llegó a sugerir que Grecia debía ser expulsada de la Eurozona. ¡Cómo podían ser valoradas estas declaraciones en la administración Obama! ¡Cómo se reirían los mercados internacionales en los que compite el euro!

Doctrina económica y doctrina política

Cuando utilizamos la palabra doctrina, es que nos estamos refiriendo a un cuerpo o conjunto de conocimientos y/o enseñanzas que forman parte de un campo de estudio o ciencia determinada. También significa que se están aplicando principios, postulados o axiomas científicos, que pretenden tener validez general y universal.

Desde esta tribuna de ECOFIN Management & Leadership, hemos sido rigurosos en el planteo de las temáticas que más nos preocupan desde la doctrina del liderazgo, con todos sus avatares como consecuencia del tremendo impacto de la innovación tecnológica. O sea, que sin duda, todo proceso evolutivo en una sociedad, por fuerza, impulsa hacia delante todos los ámbitos de aquella, ya sean sociales, culturales, económicos y políticos. La cuestión subyace, en que no todos estos impulsos que se producen en cualquier sociedad van acompasados, o sea, que una mejora en las condiciones del PIB no necesariamente implica una mejor distribución de la riqueza, lo que conduce a inequidades sociales. Esto es así, de ahí, que el antídoto para estos desequilibrios se llama política, la convencional… POLÍTICA con mayúsculas.

Por tanto, el liderazgo político tiene sólo que pensar en conjugar un verbo: priorizar. Porque en función de los recursos humanos y materiales disponibles, las prioridades en las acciones que se implementen estarán marcadas por dicho orden de prevalencia, lo que nos lleva a concluir una vez más lo que venimos sosteniendo: el liderazgo efectivo es el que mejor ordena y establece las prioridades de las acciones que deben implementar tanto organizaciones como gobiernos. La buena gobernanza tiene que coordinar tiempos de ejecución de las acciones de política con los tiempos de reacción que las mismas tengan en la sociedad. Y cuando una medida no está teniendo las consecuencias políticas deseadas, lo que cabe es la rectificación y no la justificación a la que nos tienen acostumbrados los políticos.

En definitiva, esta explicación que forma parte de la doctrina convencional de lo que entendemos por liderazgo efectivo, no puede entenderse de otra manera, salvo para actualizarla y modernizarla todo cuánto se pueda, especialmente en ámbitos como el europeo, en el que sus instituciones como bien ha señalado en más de una ocasión el Premio Nobel de Economía canadiense Robert Mundell, “la UE adolece de un raquitismo institucional”, en referencia clara a dos factores: la cantidad de organismos y comisiones que tienen que coordinarse para tomar una decisión y obviamente, la lentitud en el proceso decisorio.

¿En que punto de entre la doctrina y la política podemos ubicar la situación actual de la catástrofe humanitaria de los refugiados sirios?

Lamentablemente los hechos hablan por sí solos, por ejemplo, diferir hasta el 8 de octubre una cumbre europea, para volver a abordar la distribución de refugiados entre los diferentes estados miembros que ha fracasado esta semana. La indolencia con la que se actúa en materia de derechos humanos no es la misma con la que se ha actuado cuando problemas bancarios o de corralitos griegos “amenazaban” el euro y la estabilidad europea.

Si las acciones que se están implementando tibiamente en el presente, están más en el extremo de política a secas, la de resolver hoy cómo se pueda, sin pensar en mañana ni en el medio plazo, la doctrina por desgracia no tiene espacio. No la aplican ni la consultan.

Queda reflejada en la política del ultraconservador Orban que dice sin empacho alguno que no se quiere en Hungría refugiados sirios.

Ideología por encima de doctrina política, de ahí lo de política a secas. Porque cuando referimos a la doctrina política, tenemos que hablar de políticas con mayúsculas, las que hicieron en su época Konrad Adenauer, responsable de la reconstrucción de la Alemania Federal (la occidental) después de la Segunda Guerra Mundial, entre 1949 y 1963 en la que fue primer canciller de la nueva Alemania. Junto a Robert Schuman, Jean Monnet y Alcide De Gasperi, fue considerado uno de los padres fundadores de la actual Europa.

O sea, que cuando en esta línea marcada por los extremos de la política y la doctrina, nos acercamos más al estilo de un Adenauer, es evidente que sí puede hablarse de una doctrina política y consecuentemente, de un liderazgo político.

Cuando el liderazgo político no mira el futuro de las próximas dos o tres generaciones, queda relegado a un papel de liderazgo menor o mediocre, en manos de políticos que no ven más horizonte que las próximas elecciones o que están apoltronados en las instituciones europeas formando parte de una maquinaria burocrática e ineficiente como es la Europa actual. Una UE moderna que se supone cuna de Occidente y la región más rica del mundo, pero especialmente, aquella parte de la geografía mundial en la que las uniones aduaneras y del carbón que terminaron en el Tratado de Roma de 1957 y Maastrich del 92, es el paradigma de la libertad y los derechos humanos.

Los líderes políticos actuales, con sus lamentables actuaciones de las últimas tres semanas, nos han puesto a los europeos en el extremo de esta línea imaginaria que señala con claridad, la diferencia entre el liderazgo de altura, que vela por el futuro de cada estado, así como la mejora del bienestar y nivel de vida de sus habitantes, con el liderazgo mediocre y miserable que termina haciendo equivalente los cupos de leche con los de personas.

Esta Europa no es la de los padres fundadores, que además de soñar pudieron participar de manera decisiva en su construcción. Aquellos viejos líderes que sabían que la única manera de que no hubiera más guerras en Europa, era garantizar la paz, para lo cual había que apostar por el desarrollo económico y la prosperidad. Fueron el germen de la UE actual en el que parece que toda la prosperidad lograda, no puede evitar por culpa directa de los líderes políticos de hoy, que las imágenes que todos tenemos en las retinas de los desplazamientos habidos por la Segunda Guerra Mundial en todo el Viejo Continente, vuelvan a repetirse y avergonzarnos.

 El papel de buen liderazgo en la alta política

¿Puede alguien pensar qué hubiera sido de Reino Unido si en los momentos más duros que pasaban los ingleses en los años 40 y 41 no hubiese sido Winston Churchill primer ministro? Cuesta hacerse a la idea. Pero ¿por qué no podemos crear en nuestra mente este posible escenario? Porque justamente los grandes líderes tuvieron la característica de que su liderazgo se convirtió en una especie de manual o hoja de ruta, por la que millones de ciudadanos le seguían a muerte. Los ingleses sabían que el triunfo lo tendrían antes o después en sus manos, pero sólo podían tener esa sensación cuando un líder de la templanza, carácter y visión de Churchill podía marcar el camino. Que aceptaran que dijera frases como “no compren mantequilla… compren balas”.

Lo más parecido a Churchill que nos queda en la empequeñecida Unión Europea es la canciller alemána Angela Merkel, aunque aún a mucha distancia del viejo gruñón inglés. Lo que necesitan los líderes actuales en Europa es cerrar los ojos y mirar a sus padres fundadores y otros líderes europeos posteriores, caso de Willy Brant, Olaf Palme, etc. En política nunca

puede haber un final feliz cuando los valores que se pisotean son derechos humanos como el de asilo.

Tienen que aprender de la doctrina actual más moderna del liderazgo efectivo, en el que el buen líder al que se le sigue, es porque antepone el interés de los demás en las organizaciones (interés general en la política) por sobre el suyo propio o el de su ideología o partido en el caso de los políticos. Pero también, porque transmiten su visión a las personas de sus equipos o a los ciudadanos. En cualquier caso, no es una visión cualquiera, sino es una visión privilegiada del mundo en el que les toca vivir y asumir la responsabilidad de dirigir personas o sociedades.

Hemos sostenido reiteradamente que el líder efectivo tiene la capacidad de ver dónde otros no pueden ver. Que es sensible hacia las personas y que transmite dicha sensación a todos, porque cuando el líder demuestra empatía, solidaridad, sensibilidad, preocupación por las circunstancias personales de todos los miembros de sus equipos, crea un vínculo de confianza y credibilidad que le hacen ser ese líder a la que todo el mundo quiere seguir e incluso imitar. En la alta política europea, la sensibilidad parece que está un poco perdida en el bosque, porque no está habiendo respuesta humanitaria a una crisis sin precedentes, agravado aún más, por la nefasta concepción nacionalista de estados como Hungría, que se olvidan que forman parte de una Unión Europea que no sólo es económica, sino política. O sea, se falla en la UE y los líderes que nos gobiernan en Europa, por la misma base de lo que significan los tratados de la Unión.

La visión del líder tiene que estar pendiente del cambio de paradigma que se produce en las organizaciones y en la sociedad como consecuencia de la evolución tremendamente acelerada de la tecnología y sus aplicaciones, caso de la telefonía móvil. Pero no parece que exista la misma capacidad de respuesta en la clase política a los nuevos paradigmas a los cuales no tenemos que enfrentarnos, sino convivir con ellos, adaptarnos y moldearnos al cambio, a las nuevas reglas de juego.

 Artículo coordinado por José Luis Zunni director de ecofin.es en colaboración con Salvador Molina, presidente de ECOFIN, Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group y Eduardo Rebollada Casado, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

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