La épica del liderazgo

Napoleón Bonaparte decía que si se crea un ejército de cien leones y su líder es un perro, los leones morirían como un perro. Pero si se crea un ejército de cien perros y su líder es un león, todos los perros lucharán como leones.

épica

El sentido épico de las batallas también podemos trasladarlo al liderazgo actual en organizaciones e incluso en la política. Aunque la épica se mida por otras virtudes, tales como la anticipación al cambio, adaptación a las circunstancias desfavorables del mercado después de una crisis, o comprensión de cuáles son los reales problemas que están agobiando a la ciudadanía, por citar algunos ejemplos. Si se nos permite la expresión, el líder efectivo tiene un cierto sentido épico de la vida, porque le preocupan hasta los pequeños detalles, los que caracterizan el comportamiento y conducta de las personas. Porque quiere conocer mejor a todos los miembros de los equipos y en general todo el personal de la organización. Por ejemplo, el caso de un nuevo fichaje en un puesto de responsabilidad como es el departamento de marketing, del que se dice que viene quemado por una mala experiencia en la empresa que estaba.

Las personas cuando se van de la organización en la que trabajan por voluntad propia, en un porcentaje importante, no dejan a una mala empresa, sino que a quién dejan, es a un mal jefe.

Cuando la vida le pone a una persona en una situación comprometida, en vez de hacerse la tópica pregunta: ¿por qué yo?, tiene que formularse otra a modo de desafío: ¿Pruébame? Esta es la pregunta que se hacen siempre los buenos líderes.

Una forma de que las personas se mantengan en marcha y comprometidos con la organización, es que siempre se tenga perfectamente clara cuál es la meta y cómo se irán abordando los diferentes objetivos que les llevarán a ella. Y he aquí una cuestión central en cuanto a cuáles deben ser las preocupaciones de los líderes para que los objetivos empresariales se cumplan con éxito. No es sólo una cuestión de números y aplicación de estrategias. Va más allá de la cuenta de explotación para entrar en la psicología de los consumidores, en cuáles son sus gustos y por qué razón demandan determinados productos y servicios.

Lee Iacocca afirmaba que “el fundamento que subyace en el cambio positivo, es el servicio que se da a otra persona”, porque sostenía que la preocupación central de todo directivo, era su clientela y su nivel de satisfacción. Richard Branson ha ido aún más lejos que Iacocca en esta preocupación, afirmando que “cada vez que queremos entrar en el Grupo Virgin en un nuevo sector de mercado, para ofrecer un nuevo producto y/o servicio, me pregunto en qué medida podemos mejorar la calidad de vida de las personas”. Obviamente, tanto Branson como Iacocca en su tiempo, son el perfil de líder que sabe que lo que se obtiene fácil no dura demasiado y lo que realmente perdura en el tiempo, no es fácil lograrlo.


¿Qué define a un gran líder?

Visión: ver dónde otros no ven. Hemos sostenido en artículos anteriores, que los buenos líderes se han caracterizado por tener una visión privilegiada del mundo. No sólo en cuanto al producto, sino a los cambios que se están operando en el mercado.

Actualmente, ante la irrupción a gran velocidad de la tecnología digital en todos los ámbitos de la vida, que está transformando costumbres y hábitos de consumo, el líder que más destaca es que cuenta además con la intuición especial que le advierte por dónde y con qué fuerza está llegando el cambio. Son personalidades que están inspiradas sobre qué es lo que sucede ahí fuera, en el entorno, pero lo más importante es en cuanto a la actitud que asumen con su equipo y cada uno de sus miembros, que los inspiran haciéndoles comprender que está sucediendo y por qué van a tomar determinadas decisiones. Cuando esto sucede, está también sacando lo mejor de todas y cada una de las personas.

Confianza: ¿por qué le siguen al líder? Porque la gente sigue a alguien que demuestra tener una actitud ganadora, que está seguro y transmite esa seguridad al resto de personas. Cuando le siguen, están persuadidos de que van a tener éxito en lo que emprendan. A pesar de que no van a ganar siempre, en referencia a obtener los mejores resultados, saben que siguen a un líder que tiene un alto porcentaje de aciertos y buen criterio para elegir las acciones que tienen que implementarse.

El éxito no tiene una llave especial con la cual se puede abrir su puerta. Sólo existe esa llave en la mente del líder efectivo y en todas aquellas personas que hayan aprendido la importancia que tiene tener una mentalidad abierta y flexible, dispuesta a afrontar el cambio, aceptándolo y no evitándolo. Aceptando los fracasos porque son parte de la vida. Por tanto, si no se fracasa no se aprende. Y si no se aprende, nunca se está dispuesto a realizar ningún cambio.

Roy Disney, sobrino de Walt Disney y que formó parte durante años de la alta dirección de la compañía, decía que “no es difícil tomar decisiones una vez que conozcamos cuáles son nuestros valores”. Y muchas de las decisiones que se toman a diario, en organizaciones, en la política o en el plano personal, están absolutamente influenciadas por dichos principios y valores. De ahí que el respeto que el líder tenga sobre los valores de las personas que lidera en una organización o los ciudadanos (cuando son decisiones de política económica y social), son esenciales para encauzar ese camino de éxito que todo líder quiere transitar. No puede existir un valor épico en el sentido que le estamos dando hoy, si no están las personas con responsabilidad consubstanciadas de todos y cada uno de los principios y valores que tiene una organización. La cultura y filosofía de la empresa.

John C. Maxwell, uno de los más importantes tratadistas de liderazgo del mundo, afirma que: “Uno es un número demasiado pequeño como para obtener el éxito”, en clara referencia a la importancia del trabajo en equipo y del buen liderazgo que conduce a aquel hacia las metas que se han impuesto. Desde ya que también Maxwell participa de manera absoluta en esta visión humanista, de que no puede existir buen liderazgo sin un clara concepción de cuáles son los valores que están en juego.

Ser positivos en circunstancias negativas, es lo que caracteriza también el carácter del buen líder. Tener la seguridad que al pisar el campo de batalla se va a ganar, a darlo todo. Esto también es parte del comportamiento épico del líder.

Stephen R. Covey destacó también un aspecto interesante en materia de liderazgo: “La fortaleza subyace en las diferencias, no en las similitudes”, en el sentido de que la diferencia de criterio respecto de una posición que es sostenida por algunos directivos de una organización y criticada por otros, en la medida que se lleve a cabo de una forma constructiva, no cabe duda que terminará reforzando la posición final que se termine adoptando. En el plano político, cuando la diversidad de opinión se trata con respeto y consideración, también se produce el reforzamiento de una posición debido a la fuerza del consenso. Porque una de las mejores maneras de respetarse entre personas en una organización, o entre diferentes líderes políticos que representan, es simplemente escuchar con atención lo que la otra parte tiene que decir.

Cuando esto no ocurre así en una organización, que prevalece el criterio autoritario, se debilita la posición de liderazgo, que en realidad el buen líder efectivo hace que se llegue a una decisión de manera también consensuada, pero porque todas los departamentos interesados en la misma, son debidamente informados del por qué se tiene que tomar determinadas decisiones. Que además se está eligiendo la que es más indicada para el éxito en el medio y largo plazo.

En el plano político, el principio que debe regular al buen líder, es el bienestar general por encima de cualquier otra consideración. Renunciar a posiciones partidistas o a veces estrictamente dogmáticas, es el camino que un buen líder político tiene que asumir en beneficio de la mayoría de ciudadanos. Esto lamentablemente no está siendo así en los últimos tiempos, por ciertos vicios de la democracia y las instituciones, que seguramente se están empezando a corregir de manera silenciosa por la irrupción con fuerza de las nuevas tecnologías y redes sociales, elementos a los que los políticos les tienen respeto y también cierto temor.

Lamentablemente hay palabras que como épica parecen únicamente propiedad de la historia, que han quedado en desuso. Bueno, no llama tanto la atención, cuando existe una tendencia bastante marcada en tiempos recientes, a cuestionar muchos valores y principios que son los que mueven las sociedades. Entendemos que es natural que así sea, porque las sociedades evolucionan, pero de ahí a pretender eliminar ciertas normas que fueron fundamentales en la cohesión social de los países en las últimas tres décadas, es una cuestión que chirría y genera una cantidad de desavenencias entre clase política y ciudadanía. Por ello, cuando hacemos referencia a la épica en su sentido ontológico, adaptándonos a la época actual que nos toca vivir, se transforma no sólo en una virtud que a todos nos gustaría asumir en nuestro ejercicio profesional, sino en una categoría que en el ejercicio del liderazgo puede significar la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es, en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Eduardo Rebollada Casado miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

 

 

Shares

, , , ,

Los comentarios están deshabilitados.

Pin It on Pinterest

Shares
Share This