Houston… ¡tenemos un problema!

En abril de 1970, la séptima misión tripulada del programa Apolo de la Agencia Espacial Norteamericana (NASA) quedará en los anales del liderazgo por aquella expresión que dijera el jefe de operaciones del Centro Espacial de Houston, que ante el desánimo generalizado y la gravedad de la situación debido a la explosión de un tanque de oxígeno, dijo a todos los puestos operativos: “el fracaso no es una opción”.

houston

Esta frase no sólo instaba al personal técnico del centro espacial, sino que marcaba un hito en cómo debe afrontarse una situación de crisis, cuando hay muchas personas que se están derrumbando y ven todo negativo. La actitud frente a una situación desfavorable es lo que realmente importa. Lo hemos dicho en ocasiones anteriores: “lo importante no es el problema, sino como se reacciona frente al mismo” (Epictetus).

Se buscan cracks para el Ecofin Dream Team

Con este afán de superación constante y habiendo revisado éste último año de contribuciones que hemos realizado en ECOFIN Management & Leadership y en ECOFIN Business School, nos ha parecido de interés convocar a veinte directivas/os y profesionales independientes, que puedan aportar sus experiencias y conocimientos para el ebook que editaremos en noviembre. El conocimiento que cada una de las personas convocadas incorpore al libro y que se sume a las contribuciones de nuestras firmas habituales de ECOFIN, conformará un cuerpo de doctrina muy actualizado en el amplio campo de la teoría de las organizaciones, el management y el liderazgo.

Debemos recordarles a nuestras/os lectores, que la palabra “doctrina” deriva del latín doctrina, que es un conjunto coherente de enseñanzas o instrucciones, que pueden estar basadas en un sistema de creencias en algún campo del conocimiento o ciencia concreta. Además se refiere también a las posiciones o principios que se mantienen respecto a una materia o cuestión determinada. La pretensión de la doctrina es tener validez universal.

De ninguna manera puede considerarse esta nueva propuesta desde ECOFIN, como excesivamente pretenciosa, sino que queremos ayudar a poner un poco de orden en la tremenda convulsión producida en organizaciones y modelos de gestión en los últimos años, como consecuencia de la imparable aceleración de la innovación tecnológica. Al mismo tiempo, todo lo referido a la conducta humana, el estudio de los componentes emocionales y aspectos vitales de la psicología individual y social, que tan profusamente hemos venido tratando, ayudarán notablemente a que establezcamos (al menos pretendamos hacerlo con la incorporación de veinte destacados profesionales) cuales serán de aquí a 2020 los nuevos escenarios en los que organizaciones, personas y líderes deberán moverse, además de diseñar cuáles tienen que ir siendo los cambios y/o ajustes en los paradigmas empresariales y en la sociedad en su conjunto.

¿Por qué atribuimos tal grado de importancia a la doctrina? Porque es la que va determinando cuál debe ser el comportamiento que la teoría y evidencia empírica aconsejan en diferentes campos de conocimiento, pero lo más importante, en la implementación práctica de las acciones que estén en línea con ella.

William James (1842-1910) fue un filósofo estadounidense y profesor de psicología de la Universidad de Harvard, además de ser el fundador de la llamada psicología funcional, que es una corriente filosófica y psicológica, que considera la vida mental y el comportamiento en términos de adaptación activa al ambiente por parte de la persona. Y de esto hemos hablado un largo rato desde las tribunas de ECOFIN: nos referimos al cambio y la adaptación al cambio. James sostenía que “el mayor descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede cambiar su vida cambiando su actitud mental”.

Una vez más, nos enfrentamos a la inteligencia humana y las emociones, que nos va resultando imposible separar una de otra, si queremos tener éxito en cualquier gestión en la que intervengan personas. Ésta es la clave básica de por qué la sociedad sólo puede evolucionar y adaptarse a los nuevos paradigmas, si son las personas las que se adaptan primero. De ahí la importancia de los líderes empresariales y políticos, que con su visión, ayudan a acelerar la adaptación al cambio.

Justamente uno de los fallos más flagrantes de las políticas de gobierno en cualquier estado, es cuando se prescinde de las personas anteponiendo intereses de organizaciones, porque antes o después, los que tienen que llevar a cabo el cambio en las propias organizaciones (los líderes) también son personas y se conducen en la vida por la suma de su intelecto y emociones. No hay política que triunfe si las personas no son el centro de la escena. Parece una afirmación trivial, pero en los hechos no lo es, porque como diría con la agudeza que caracterizó siempre a John Kenneth Galbraith, en las sociedades se gobierna para satisfacer los intereses que más presionan a los gobiernos, lo que el gran economista dio en llamar “La cultura de la satisfacción”.

La doctrina también nos permite abordar la cuestión de los plazos, porque uno de los intereses más nefastos para los ciudadanos es la necesidad de que la clase política en tan sólo cuatro años, demuestre su capacidad y buena gobernanza para de este modo, mantener el poder. Los plazos de los temas que más interesan a cualquier sociedad moderna y democrática, tienen dos planos contrapuestos: el necesario medio y largo en el cual se definen las políticas que influirán en las futuras generaciones, tales como educación, infraestructuras, etc.; el lamentablemente deteriorado corto plazo, que jamás responde a intereses genuinos de los cambios que hay que introducir de verdad en una sociedad, pero que las circunstancias electorales exigen determinada legislación más allá de si serán importantes dichas reformas y sus consecuencias en plazos que superen la coyuntura. Esta miopía política tan habitual en la clase dirigente, se corrige justamente si la corriente de doctrina imperante en materia política, que no ideológica, explica y enseña cuáles deben ser las acciones que favorecen el desarrollo y crecimiento de un país.

Por tanto, a los veinte candidatas/os que lean hoy este desiderátum que proponemos desde la dirección de ECOFIN, tengan la absoluta convicción que la doctrina es uno de los pilares básicos de cualquier estado, por ende, uno de los soportes fundamentales para el crecimiento y desarrollo personal y profesional.

En cualquier país existe una doctrina jurídica, que obviamente predetermina cuáles deben ser las actuaciones que se consideran en línea con el derecho positivo vigente y cuáles no, porque un alto tribunal así lo ha indicado en una sentencia. Es imposible negar la importancia de la doctrina jurídica para que una sociedad sea moderna, democrático y con espíritu siempre innovador y de adaptación a las nuevas circunstancias.

En el campo social y económico, la doctrina no proviene de sentencias judiciales, sino de la prueba irrefutable a través de los años, de normas y principios que se validan como verdades irrefutables al menos en determinadas circunstancias. Porque si algo caracteriza a una sociedad, es la mutación constante y la necesaria adaptación a dicho cambio. De ahí, que cuando pretendemos poner orden en la doctrina del management y liderazgo actual, tanto a nivel local como global, es que queremos ver qué cosas ya no deben hacerse y cuáles necesariamente deben incorporarse para que nuestras organizaciones tengan capacidad de hacer dos cosas básicas: competir en mejores condiciones en los mercados mundiales; ser un referente claro en cuanto a la gestión de los RRHH y el respeto a las personas, la potenciación del talento así como la liberación de toda la capacidad creativa de personas y directivos.

El liderazgo efectivo trata fundamentalmente de compatibilizar estas dos cuestiones. Nuestra duda, o mejor dicho, nuestra convicción, es que el funcionamiento de lo público y las políticas que nos gobiernan, también respeten las verdades probadas que conforman el cuerpo de doctrina social, económico y político.

Cada vez que los políticos se apartan de la ortodoxia, se corre el riesgo de que la heterodoxia legislativa o normativa no sea comprendida o no se tengan las pruebas suficientes (la doctrina) para implementar determinadas acciones. Esto ha ocurrido con la austeridad durante la larga crisis europea, y aún persiste en la filosofía de algunos países del núcleo duro de la Europa rica liderada por Alemania.

Justamente la doctrina ha indicado el error en políticas que no fomentan el crecimiento, porque si no se crece no se puede cumplir ningún acuerdo. Para muestras basta un botón: los tres rescates griegos y nuestra más que fundada duda, de que volverá a ocurrir una situación similar en Grecia en pocos meses, cuando no sean capaces de incrementar su PIB.

Tenemos un problema

No parece que la actitud de los líderes de las políticas tomadas en la esfera privada, tengan la exacta contrapartida de las actitudes de los líderes políticos en las decisiones tomadas en la esfera pública. Porque en lo privado, la aplicación de la doctrina es garantía de buenos resultados y éxitos garantizados. En el ámbito público, prevalece la ideología y filosofía que el partido gobernante mantiene a capa y espada, a pesar que la doctrina le indique exactamente lo contrario. Es por ello, que cuando un líder político destaca, es que lo que en el fondo ha hecho, es apartarse de la ideología, observar lo que de verdad se necesita implementar en un momento determinado y pensar en cuáles son los escenarios que hay que modificar y cuándo, para que la sociedad no se quede aletargada. O sea, recurre a la doctrina económica o social o política, pero centrando siempre la acción en los ciudadanos.

Esta es nuestra gran preocupación desde ECOFIN.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es, en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, y Eduardo Rebollada Casado miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

 

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