El líder, ¿nace o se hace?

“Ningún líder trata de ser un líder. Las personas viven sus vidas buscando expresarse a sí mismas al máximo y, cuando esa expresión es valiosa, inspiran a los demás que les identifican como líderes. Para liderar, tan solo necesitas convertirte en la persona que quieres y puedes llegar a ser”. Son palabras de Warren Bennis  en su libro ‘On becoming a leader’.

Diego Simeone, entrenador del Atlético de Madrid, afirma: “El líder nace, no se estudia ni se elige; se es.” ¿En serio? Si tomáramos por separado, una por una, las cuatro rotundas afirmaciones que Simeone expresa en su declaración, podría buscar puntos de conexión con cada una de ellas; pero si las junto en una sola frase, me siento en profundo desacuerdo con el determinista sentido del liderazgo que defiende, pues creo firmemente que éste no es un don reservado a unos cuantos privilegiados, sino que se trata de una actitud que, como cualquier otra, está en manos de cada uno aprender y desarrollar.

Diego Simeone, entrenador del Atlético de Madrid.

Comparto que hay personas que traen de serie algunos de los atributos esenciales del liderazgo; pero, aún así, eso no las identifica como líderes, a menos que inviertan gran cantidad de tiempo y esfuerzo en pulirlos, mejorarlos, entrenarlos y aplicarlos al servicio de los demás. Algunas de estas competencias innatas de las que hablamos también aparecen muy destacadas en déspotas, demagogos, tiranos y autoritarios que las utilizan en su propio beneficio y, aunque a través del miedo también puedan alcanzar resultados, ni son sostenibles en el tiempo, ni dejan un legado en la organización, al contrario, hacen añicos la confianza y las relaciones, por lo que en absoluto podemos identificarlos como líderes al servicio de personas y equipos. Por lo tanto, y en el mejor de los casos, los ‘líderes potenciales’ nacen, pero les queda mucho camino por recorrer para ser percibidos como tales por los demás.

Cuando hablamos de cómo se ve o cómo se aprecia el liderazgo de alguien, hacemos referencia a actitudes sencillas y concretas que tienen gran impacto en los demás y que cualquiera de nosotros, si realmente lo desea, puede poner en práctica hasta consolidarlas como nuevos hábitos que aumentarán el impacto e influencia de nuestro liderazgo. Es probable que, en la mayoría de los casos, no sea algo ‘innato’ y seguramente nos puede costar más esfuerzo que a otros que ‘han nacido con ello’ pero, por supuesto, todos podemos aprenderlo.

Considero que es un arte liderar personas haciéndolas sentir valiosas, competentes y reconocidas, quizá el más noble y uno de los más complejos que existe y, desde hace más de 50 años y aunque parezca contradictorio, el liderazgo también es una ciencia que estudia, observa y analiza qué es lo que hacen las personas que alcanzan resultados extraordinarios demostrando esta capacidad de influencia positiva en sus organizaciones y cómo lo hacen, cuáles son las actitudes, los comportamientos y el lenguaje con los que se expresan, y qué valores transmiten con todo ello, cómo conectan con sus seguidores, qué tipo de conversaciones tienen con ellos y cómo consiguen que se sientan orgullos de pertenecer a sus equipos y que les ofrezcan su compromiso auténtico.

Gracias al estudio del liderazgo como ciencia podemos contrastar, medir y comparar los diferentes modelos y estilos que existen y obtener conclusiones valiosas que sirvan de referencia para todos aquellos que quieren y necesiten aprender a liderar al servicio de personas y equipos.

El liderazgo es por lo tanto arte, ciencia y, sobre todo, ética. Son los demás los que te percibirán como un referente, como una persona digna de confianza a la que merece la pena seguir y con la que comprometerse. No podrás ser mejor líder de lo que eres como persona… y ese auto-liderazgo  es una tarea y una responsabilidad que te ocupará toda la vida y que quizá, tal y como dice Simeone, no se pueda estudiar pero que, desde luego, puedes y debes aprender.

Por último, el técnico argentino también afirma que no se elige ser líder; se es o no se es. Pues otra vez, sí y no. Si se refiere a que nadie nace queriendo ser líder, que ser líder no es una vocación, ni un oficio o profesión, tal y como afirma Warren Bennis. No puedo estar más de acuerdo, pero si entendemos liderar como ayudar a alguien, ya sea una persona o un equipo, a ser mejor, a crecer y a transformarse en su mejor versión, en cualquier contexto o situación, familiar, profesional, deportiva… eso sí que es una decisión trascendente que define una forma de ser y de estar en el mundo, eso sí que es una elección, quizá la más importante; elegir una vida con sentido y propósito.

De hecho, si liderar es ponerse al servicio de los demás para ayudarles a desplegar su máximo potencial, tengo la convicción de que cada uno de nosotros, en algún momento de nuestra vida, queriendo o sin querer y en uno u otro ámbito de actividad, hemos ejercido alguna vez ese rol de Líder. Tan solo necesitamos hacerlo más conscientemente, más veces, durante más tiempo, con más personas, con mejores habilidades y con mayor impacto.

Sostengo que liderar no es una opción al alcance de unos pocos elegidos, sino un hábito que nos ayuda a todos a crecer y a ser mejores de lo que estamos siendo. Como dijo Peter Drucker, gurú austriaco del management, “los líderes nacen, pero nacen tan pocos que a los demás hay que formarlos.” No hay excusas y tú, en esencia, también eres un líder. ¡Despierta! y ¡atrévete a brillar!

Artículo realizado por Imanol Ibarrondo, fundador y presidente de Incoade.

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