Cómo ser coach de liderazgo

Imaginemos que los atletas olímpicos que corren una de las competiciones más clásicas del atletismo: los 1.500 metros se encuentran en la línea de salida. Es una prueba durísima, que exige un alto rendimiento físico y una capacidad de planificación perfectamente acompasada, no sólo en función de cómo se siente el candidato al oro en cuestión, sino cómo están físicamente sus más directos competidores. O sea, respuesta física (capacidad competitiva) y no menos importante, estrategia de cómo desarrollar la carrera.

atletas

¿No le suena esto a proceso? Pues claro que sí. El atleta olímpico de alta competición tiene más responsabilidad aún en la programación que haga de su carrera que en el propio estado físico que tenga ese día. En las organizaciones, aplicando el símil de la competición olímpica, también se valora más el proceso que el propio resultado final, por ejemplo, de una planificación estratégica.

Si buscamos similitudes y diferencias entre el líder de una organización y un entrenador de equipos deportivos de alta competición, nos inclinamos a decir que tienen mucho más en común de lo que parece. Ambos sienten una gran responsabilidad por energizar el aspecto psicológico sin que se descuide en el atleta su cuidado y rendimiento físico.

El coach experto sabe perfectamente que tiene que velar por la energía mental para que sus pupilos tengan una actitud firme, ganadora y que no se derrumba ante las circunstancias extremas que exigen un rendimiento al máximo. Y esto no es muy diferente de lo que ocurre en las organizaciones, en que los líderes si bien no llevan a sus equipos hasta la extenuación física, es frecuente que lleguen a casi un agotamiento mental, porque las exigencias en mercados altamente competitivos, son cada vez mayores. Los conocimientos que se les exige a los miembros de los equipos también están en niveles acordes con la alta competición empresarial, si es que se quiere seguir siendo un referente en el mercado.

El atleta como el mando intermedio o miembro de un equipo de alto rendimiento en una empresa de nuevas tecnologías (NT’s), tiene una lucha consigo mismo. La meta puede ser una delgada cinta o un objetivo de incremento de beneficios, pero es meta al fin. La capacidad mental que demuestre cualquiera de ellos para afrontar los retos, pasa necesariamente también por un entrenamiento. Los grandes coach deportivos preparan la mente de sus discípulos al igual que los músculos. En las organizaciones, los líderes efectivos descansan sobre determinados mandos intermedios que tienen por responsabilidad mantener esa vitalidad mental (actitud positiva, compromiso con la dirección, etc.) que facilita que los equipos sean altamente rentables y pueden enfrentarse a cualquier desafío.

La cuestión clave en cualquier organización es el proceso que el líder tiene que llevar a cabo para que los diferentes equipos estén siempre en modo on (tener la mejor predisposición). El coach del atleta no acepta un “no puedo” por parte de su pupilo, de igual forma que el líder no puede aceptar en el lenguaje organizacional un “no” por respuesta. Aunque ambos entrenadores tiene muy claro cuál es el pensamiento que no debe aflorar en ningún momento: la negatividad.

La negatividad es un ladrón de energías y cualquier persona en un ambiente laboral, tiene la posibilidad con su actitud de robar la energía a otras personas. ¿Es esto posible? Dentro de un grupo humano la personalidad destacada de un miembro puede ser altamente positiva cuando transmite una actitud de entrega, compromiso y contagiosa al resto. Pero cuando ejerce cierto control sobre otra persona infligiendo un daño por apropiarse de su energía, por sus actitudes despectivas, críticas, malas contestaciones, mentiras, crear rumores, etc., además disminuir el rendimiento de esa otra persona, también está condicionando el ambiente de trabajo.

Las personas que se ven afectadas por este tipo de actitudes al cabo del día y de la semana están agotadas. Sienten que no tienen fuerza, como si les hubiesen robado la energía. Cuántas veces hemos escuchado frases como: “estoy deseando que se termine la semana”, porque la sensación que se tiene es de que se entrega todo y no se reciben de parte del equipo ondas positivas, sino todo lo contrario.

Cuando se practica la intimidación sobre una o más personas, puede asumir formas sutiles; pero no deja de ser una actitud dañina y que repercute en el rendimiento de todo el equipo. Para tratar este tipo de situaciones un buen líder tratará de neutralizar dichas actitudes no de manera represiva, sino de forma armonizadora, buscando la conciliación de los intereses de las diferentes personas del equipo. Una simple decisión de reacomodar el espacio, el famoso wellbeing, genera un clima libre de tensiones en dónde el talento y la creatividad se vean favorecidos y no limitados por este tipo de actitudes negativas.

Cuando vemos en organizaciones estadounidenses una preocupación especial por los espacio, jardines, etc., (como es el caso de Google), no es una cuestión snob, sino la necesidad de que las personas puedan estar tomando energía de la propia naturaleza. A veces basta con recuperar un poco la que se han dejado ese día en el trabajo, por tensiones, preocupaciones, etc.

Si el líder acompaña estas distensiones, por ejemplo, con una charla sobre aspectos de futuro de la empresa, en la cual todos están muy compenetrados, ayudará a que se descongestionen las tensiones del presente por la propia responsabilidad de sus trabajos. Ya no tendrán necesidad de robarle la energía a un compañero (aunque no sea una intención consciente), porque con espaciados y coordinados momentos de esparcimiento, incluso en algunos casos meditación, los neurotransmisores del cerebro estarán dando información filtrada y limpia, no afectada por energías negativas que se acumulan por largas horas de estar frente al ordenador, teléfono, reuniones y a veces sin ver la luz del sol.

Redistribución de la energía

El famoso axioma de la física que dice “la energía no se pierde, sino que se transforma”, nunca mejor aplicado que cuando un líder efectivo quiere canalizar las energías positivas y aún que se incrementen porque potenciará la creatividad y el talento de sus equipos. Con su actitud con reuniones y encuentros informales demostrando proximidad con las personas, empatía y preocupación por cómo les van las cosas, es una forma de estar redistribuyendo la energía grupal, cuidando que ningún miembro sea influenciado por factores negativos que le produzcan ansiedad.

En las actitudes, especialmente los gestos, que son nuestra mayor forma de comunicación diaria, se van conociendo cosas de las otras personas como si fuera una enciclopedia parlante. Todo se transmite y se percibe, desde miradas hasta la forma de pararse, pero las vibraciones que se producen de una persona a otra, que es nuestra energía que nos mueve y también que emitimos hacia el entorno, deja claro en los demás qué tipo de persona se es y especialmente, la actitud que está teniendo. Si realmente es de confiar.

Cuando el coach de un atleta de élite, por ejemplo un velocista de la prueba reina de los 100 metros, le insta en los entrenamientos de la semana trabajar para bajar de 9,87 segundos, sabe perfectamente que por la situación de su estado físico, recuperación de una lesión, no puede exigirle más pero tampoco menos. Es la medida de tiempo que para la semana tiene que cumplir su pupilo si quiere seguir en competición, teniendo en cuenta las fechas de los compromisos deportivos ya asumidos.

En las organizaciones, el líder es el auténtico coach de cada una de las personas de sus equipos. Por tanto, sabe con precisión, que en función del schedule que tengan esa semana en particular, se pondrán objetivos y metas alcanzables, pero con las cuales no se relajen demasiado, porque siempre estará buscando el equilibrio entre alto rendimiento y cómo es el sentimiento (el nivel de satisfacción y comodidad) de las personas en su ambiente de trabajo. Si esto no funciona armónicamente, como la marca del velocista, el rendimiento se verá afectado. Las personas ratifican así una vez más de manera tácita el compromiso con la organización. Ninguna persona incrementa su nivel de compromiso si no está a gusto con la dirección y en cómo se están llevando las cosas.

El líder sabe perfectamente que cualquier proceso de motivación y potenciar el crecimiento y desarrollo de las personas, implica mucho más que contar con unas habilidades que se le supone a todo líder. No es cuestión sólo de que porque se tienen algunas conversaciones (comunicación directa y transparente) con el equipo o a nivel individual, sea suficiente para el objetivo que el líder se haya fijado en cuanto a qué y cómo debe rendir cada uno. De la forma en cómo se haga, se podrá liberar el potencial del personal, que ¡oh sopresa!, siempre es mayor del que se aplica.

En otros términos: las personas cualificadas que forman parte de equipos de alto rendimiento, siempre tienen una reserva de potencial (como un tanque de gasolina de reserva) que les facilita afrontar nuevos desafíos. La cuestión es si están dispuestos a hacerlo o si consideran que no les va a significar nada en su progreso y desarrollo.

Por tanto, la energización implica más allá de la motivación, concienciar a las personas en los beneficios futuros que les depara si se involucran más en el proyecto actual o forma parte de un equipo multidisciplinar que exige a su vez, cursos de formación. O sea, que tienen que hacer un sacrificio para formarse. Puede apelarse a la utilización de métodos interactivos en los cuales el coach les entrene con casos reales, de la misma organización o de otras experiencias de empresas similares.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es, en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

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