Cobrar por aprender

Es un cambio de paradigma: cobrar por estudiar, en lugar de pagar para estudiar. La escasez de profesionales capaces de trabajar en las profesiones del futuro está haciendo cambiar ciertas mentalidades en el mundo de la formación.

De hecho, la pasada semana me reuní con un grupo de empresas tecnológicas cuyo planteamiento consistía en facilitar unos tokens mediante tecnología blockchain para poder premiar a aquellos alumnos que se inscribieran en programas de formación en gestión de tecnología blockchain. Es decir, todos ellos estaban dispuestos a pagar dinero (mediante criptomonedas) a jóvenes talentos que quisieran formarse y emplearse después de acabar, con el fin de seguir desarrollando su conocimiento y aportando su presunto talento a las empresas que estaban dispuestas a pagar por estudiar.

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De esta manera se manifiesta la enorme preocupación existente desde comienzos del milenio por parte de todas las compañías demandante de empleados tecnológicos ante la escasez de trabajadores formados en el mercado laboral; pero también del exiguo número de alumnos matriculados en las disciplinas consideradas más estratégicas para el desarrollo de la sociedad y de la economía del siglo XXI. Hablamos de las llamadas disciplinas STEM; es decir, de las disciplinas de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas; que les se conoce por las siglas STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics).

Varias iniciativas públicas y privadas intentan estimular en este momento el desarrollo de vocaciones STEM entre los estudiantes de bachillerato. También en las facultades de ingeniería, matemáticas y ciencias se intenta motivar a los alumnos para que el número de de estudiantes que abandonan la carrera disminuya; sobre todo, la conocida como brecha de género por la que un gran número de mujeres abandonan los estudios o tras concluirlos no se incorporan al mundo laboral.

En esta promoción de las carreras tecnológicas han entrado especialmente las grandes compañías telecos e informáticas. Y para llegar a los más jóvenes, nada como la competición, el juego y el premio. Es lo que el marketing moderno ha dado en denominar la gamificación; que estimula la involucración de los jugadores en el uso de tecnologías como medio para obtener una recompensa final. De ahí, la efervescencia en los últimos dos años de hackatones, carreras de drones o competiciones de robótica.

Así pues, el futuro es de esos frikis de la programación, la robótica, las matemáticas y los algoritmos. El mercado demandará centenares de miles de profesionales en España que ahora no existen y que las grandes compañías están dispuestos a estimularlos pagándoles la formación; no solo de postgrado, sino también de grado, para que el mercado de profesionales preparados para el desarrollo tecnológico de cualquier compañía en cualquier sector sea un elemento competitivo del la economía española.

La pregunta que mucho se hacen es que mientras tanto: ¿qué está haciendo la administración central, las comunidades autonómicas (que son las competentes en educación) y los grandes centros públicos de investigación y educación?

Cobrar para estudiar puede ser un buen negocio, pero puede ser aún mejor: la más magnífica de las profesiones futuras.

Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y de la Asociación de Profesionales de la Comunicación (ProCom)

Publicada en el blog de Mediatics de Salvador Molina

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