Felicacia desde la motivación

El nuevo líder busca el éxito, pero también la felicidad de quienes le siguen y conforman su equipo. La búsqueda de la felicidad en el trabajo es una tendencia mítica en el mundo del liderazgo directivo, pero que profesionales de la empresa y del mundo académico, como el profesor Juan Carlos Maestro (Universidad de Málaga) han puesto de moda mediante modelos denominados de ‘felicacia’, un acrónimo que aúna el objetivo colectivo de la eficacia y el objetivo personal de la búsqueda de la felicidad a través del trabajo.

Las personas se enfrentan a diario a diversos factores. Con frecuencia algunos pueden resultar muy negativos, pero en su capacidad emocional para adaptarse a los elementos del entorno residirá el que lo afronten de mejor o peor manera. Cuando algunas de ellas destaquen sobre las demás en cuanto a su capacidad para supervisar y coordinar a otras personas, se producirá la aparición del líder.

La cuestión que abordamos en este trabajo es la búsqueda de todos aquellos elementos que a diario nos afectan. Pero no nos quedamos en describirlos, sino en cómo debemos enfrentarlos. El empowerment (empoderamiento) es una filosofía de trabajo que ayuda a neutralizar muchos de esos elementos destructivos y reconvertirlos en ‘felicaces’.

narices rojas

Directivos felices en entornos disruptivos generan climas más propicios a la eficacia.

Nuestra naturaleza humana hace que nuestro deseo sea estar mejor el día de mañana. Pero existen elementos negativos que de manera silenciosa pueden estar devorando nuestro día a día. Uno de ellos, aunque no lo parezca, es una especie de depredador de voluntades: la rutina.

Derrotar a la rutina

Pocas veces nos detenemos a pensar en los efectos que produce la rutina. Tales como el deterioro de nuestra motivación cuando estamos deseando ser mejores, porque venimos sosteniendo desde esta tribuna que siempre hay un espacio para la mejora. Y en este esfuerzo, la rutina se antepone como un muro que nos afecta en esta capacidad de mejora.

Las personas no sólo queremos usar nuestras habilidades, sino que nos seduce la idea de que tengamos que aplicarlas a fondo porque nos las están desafiando. El desafío puede ser importante o no, pero la puesta a prueba existe de manera constante, porque nuestra naturaleza humana es crecer biológicamente y tener la sensación de que siempre estamos avanzando y venciendo cada obstáculo que se nos pone en el camino.

La rutina se convierte en un obstáculo muy sutil, que no brinda novedad o progreso a cualquier persona, salvo que sea consciente que la misma es un paso necesario para un estado posterior –por ejemplo, su relación laboral con la organización- más beneficioso y que depare un mayor nivel de satisfacción personal.

Cuando una persona no se da cuenta que la rutina le está devorando, es probable que de alguna manera esté experimentando frustración, aunque esto también puede funcionar a favor. Salirse de la rutina es comprender que en la tarea que se hace, siempre habrá una gran parte de repetición; es decir, ejercer las mismas responsabilidades una y otra vez. Pero no debemos dejar que este sentimiento incipiente de insatisfacción nos lleve a la frustración. Justamente cuando se tiene un equilibrio emocional, casi de manera automática se trata de evitar caer tanto en la primera fase de negatividad (insatisfacción), como en la extrema, que se corresponde a veces con situaciones de auténtica depresión.

Para ello, las personas que tienen una experiencia profesional como autónomos, que llevan tomando decisiones –con mayor o menor acierto- durante años, saben perfectamente que no todos los momentos son iguales ni el nivel de satisfacción será el mismo. Por tanto, está en cada persona conducir estas emociones de manera de buscar un cambio, dentro del estado actual que está generando cierto malestar, ya sea a nivel individual (la incomodidad que se siente), como en el equipo y su líder.

Esta transformación –derrotar a la rutina- es posible y se logra sencillamente con un cambio de actitud, teniendo en ello responsabilidad el líder, que debe explicar al equipo por qué se están haciendo determinadas tareas y/o participando con otros equipos en otro proyecto, etc. Pero lo más importante, es que cada miembro se convenza a sí mismo de que se pueden hacer las cosas de otra manera o incluso abarcar nuevas tareas y responsabilidades. Que la rutina hay que verla como un medio o instrumento, para un fin superior.

Es evidente que ese devorador al que estamos abordando ahora tiene otro efecto devastador: eliminar o reducir en gran parte, la motivación de las personas.

Técnicas de auto-motivación 

Se ha escrito mucho respecto a qué es la motivación. Por tanto, vamos a centrar primero qué es y cuál es su importancia. En psicología, motivación se refiere a la iniciación, dirección, intensidad y persistencia del comportamiento (de la conducta).

La motivación es un estado temporal y dinámico que no debe ser confundido con la personalidad o la emoción. Pero tener un alto nivel de motivación puede ser decisivo a la hora de enfrentar la rutina y otros elementos que pueden afectar el estado de ánimo. Cuánto mejor se gestionen las competencias emocionales, menos se afectará la motivación por alguno de los factores negativos a los que a diario se enfrentan las personas.

Entre nuestras recomendaciones tenemos:

– Intentar nuevas experiencias, incluso con niveles de dificultad o desafíos, o también trabajos que no se hayan hecho antes.
– Provocar un cambio o mejora, haciendo algo que se sabe se controla o se hace bien. Aceptar el desafío y proponérlo al líder, como un beneficio para todo el equipo.
– Quebrar la rutina de los miembros del equipo. La mano del líder es fundamental, para sugerir primero e implementar después, desafíos diversos en los diferentes puestos de trabajo, en los que su equipo está involucrado.
– Asignar proyectos en los que el factor tiempo sea clave, especialmente en la fijación de tiempos máximos y cualquier otro límite o condicionamiento que se imponga.
– Facilitar la capacitación y el training cruzados desarrollados por los miembros del equipo. En general, proponer retos que desafíen las habilidades o exijan la adquisición de nuevas a todo el equipo.
– A nuevos desafíos se produce una automática renovación de la motivación.

¿Hacer feliz a los demás?

No es una pregunta retórica, sino que estamos viviendo una auténtica revolución en los métodos y formas de trabajo como consecuencia de las nuevas tecnologías (NT’s) que facilitan cada vez más nuestra vida. Pero esto hay que traducirlo también en una mejora en los componentes emocionales, para que cada persona esté persuadida de que los cambios que se están haciendo son para mejora personal, calidad de vida en el trabajo (wellbeing) con ambientes libres de tensiones y que fomenten la creatividad. Ambientes limpios de estrés liberan el talento de las personas. O sea, que estos elementos que son todos positivos, sin tener que hacerse ningún esfuerzo de parte del líder, en sí mismos son los enemigos “públicos” número uno de la rutina y la desmotivación.

Hay que dar la oportunidad de que cada persona experimente el progreso, que sienta que es real. Que el cambio no es demagogia, sino auténtica mejora. Que sean conscientes de que se está produciendo un avance y no hay estancamiento.

El cenit de la felicidad también está soportado por el empowerment, porque facilita la autonomía y el progreso. ¿Cuál es la clave? Permitir tomar decisiones en lugar de que únicamente correspondan al líder, sea el jefe de equipo o director de departamento.

Es por ello, que en la filosofía del empoderamiento se piensa en el resultado y se explica a las personas lo que ello significa. Inmediatamente hay que poner a disposición los recursos necesarios y lo más importante: evitar estar encima de cualquier persona o miembros del equipo, más de lo que corresponda, cuando se tienen que explicar e impulsar las tareas o nuevos proyectos. Estar ejerciendo una supervisión exagerada no es bueno. Debe enseñarse y fomentarse la autonomía, porque no sólo es la esencia del empowerment, sino que responde a la simple psicología humana: cuando una persona siente el peso del jefe que tiene encima, aprende a depender de ella. Se acostumbra de tal manera, que no toma decisiones hasta no tener la autorización de hasta el más mínimo detalle, lo que redunda en tiempos perdidos u ociosos y consecuentemente, un mayor coste.

Apelando una vez más al deporte de alta competición, no nos cabe duda que el liderazgo efectivo entra en la categoría de élite en cuanto a personalidad y carácter se refiere, como si fueran los buenos líderes empresariales, deportistas olímpicos.

La capacidad de concentración y de conversar consigo mismo de un deportista destacado, es un elemento imprescindible para mantener todos los sentidos en estado de alerta dada la altísima presión a la que están sometidos. Antes estas situaciones estresantes, suelen usar un pensamiento racional y una conversación consigo mismo. Por ejemplo, es tarea de los entrenadores inculcar pensamientos a sus pupilos que se convierten en sus principios de actuación, tales como: “no estoy rindiendo al 100% y esto tengo que corregirlo”, o también “no es que lo voy a intentar…sino que voy a lograrlo”.

Estos deportistas de élite se adaptan y aguantan la rutina, porque no sólo piensan en el desempeño final y la gloria que se podría obtener, sino que también aman el camino que los llevará al podio. En las organizaciones, el líder es el auténtico coach de los atletas, que combate la desmotivación y la rutina intercambiando “cromos” por compromiso, progreso futuro, desarrollo personal y profesional, etc., explicando que lo más importante además de cubrir la meta, es el proceso, el largo camino del éxito que están recorriendo juntos los miembros de cada equipo y la organización. Este camino (la práctica y entrenamiento deportivo) es tan importante como la meta a alcanzar (la gran competición).

Por tanto si el deseo de una persona es mantenerse motivado en su actividad, debe estar en algo que ama hacer, porque de lo contrario, si no muestra un compromiso hacia su trabajo, probablemente sólo esté trabajando por el resultado final (la competencia olímpica) pero no obtendrá satisfacciones por el largo proceso que debe transitar hacia el éxito. Y esto es clave en el nivel emocional de las personas. La felicidad no es un punto en el horizonte, sino una forma de conducta y actitud frente a la vida en cada uno de los días que le toca vivir.

Matar el pesimismo

Ganar significa haber sido disciplinado, organizado y no menos importante, optimista.

Se puede aceptar y gestionar el fracaso, aprender de él y sobreponerse.

No es el fin del mundo equivocarse, aunque no debe convertirse en una norma.

Artículo realizado por: Salvador Molina, presidente de ECOFIN, José Luis Zunni, director de ecofin.es, y Eduardo Rebollada Casado miembro del blog de Management & Leadership de ECOFIN.

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