La innovación pendiente y decisiva

España ostenta el indecoroso 59º puesto en el Ranking mundial de Calidad Directiva. ¿Qué podemos hacer? Imanol Ibarrondo, coach en liderazgo, propone su receta.

Algunas personas con responsabilidades de liderazgo en el ámbito empresarial me preguntan cómo conecta mi propuesta (trans)formativa de las ‘7Ps para brillar’ con algunos conceptos e ideas clave que les ocupan y preocupan, como son la innovación, la creatividad, el talento y, sobre todo, la productividad. Quieren saber qué es lo que aportan las ‘convers(a)cciones’ o conversaciones transformadoras que son el pilar sobre el que se construyen las ‘7Ps’ a la mejora y desarrollo de estas cuestiones vitales para la sosteniblidad de sus organizaciones.

Es bien sabido la cantidad de recursos que las empresas invierten en innovación para mejorar aspectos o áreas clave de su funcionamiento, desde innovaciones en productos, servicios, sistemas de gestión, procesos y distribución, hasta modelos de negocio, organizacionales, de marketing y diseño… innovaciones en casi todos los ámbitos posibles, aunque sigue pendiente un apartado esencial en el que jefes/as y directivos/as necesitan poner el foco de su atención para que todo este esfuerzo innovador pueda verse reflejado en sus cuentas de resultados. Me refiero a su propio estilo de liderazgo.

A día de hoy, a nadie se le escapa que el liderazgo es un arte directamente relacionado con la capacidad de generar o construir felicidad en una organización. Está sobradamente demostrado que las personas felices aumentan su capacidad de creatividad e innovación en un ratio de 3 a 1, pues ambas exigen la necesidad de trabajar en equipo, algo que solamente sucede cuando sentimos que nos encontramos en un lugar seguro y en el que existen relaciones de confianza. Por otra parte, gran parte del talento que abandona las empresas (ese intangible que ha pasado de constituir el 35% del valor de la compañías en los años 80, al 95% en la actualidad), lo hace huyendo de los jefes/as tóxicos/as que acaban perjudicando seriamente la salud de sus colaboradores (se sabe que lo son más del 40% en España) debido a su desconfianza, inseguridad y dificultad para evolucionar y transformarse. Parece razonable concluir que el compromiso de las personas con sus jefes/as, equipos, proyectos y empresas disminuye drásticamente cuando se sienten desmotivadas, amenazadas, insatisfechas y emocionalmente desconectadas, y que aumenta notablemente cuando se sienten visibles, competentes, importantes, escuchadas, seguras, reconocidas y valiosas, lo que se refleja directamente en el aumento de su productividad.

Hasta hace algo más de dos décadas, no era precisamente la necesidad de compromiso de sus trabajadores la mayor preocupación de las empresas y organizaciones en cualquier ámbito y sector de actividad. En realidad, les bastaba solo con su obediencia. Incluso en las políticas de retribución para aumentar su motivación, funcionaba bastante bien el básico sistema de ‘palo y zanahoria’. Eran tiempos en los que el talento, el conocimiento, la innovación o la creatividad no tenían gran peso en la organizaciones, ni tampoco en sus balances. Tiempos de certezas y escenarios estables y previsibles, de creencias inmutables, de empresas grandes, burocratizadas y lentas, de jefaturas, jerarquías y organigramas piramidales donde la aplicación del ‘ordeno y mando’ y los clásicos sistemas de control y obediencia eran suficientes para alcanzar los objetivos.

Ahora ya no es así, ahora los/as máximos/as responsables, los/as directivos/as, quieren, ¡necesitan! el compromiso de sus colaboradores (ya ni siquiera se denominan empleados/as o trabajadores/as). Ahora ya no basta con la obligación que generalmente surge del miedo a las consecuencias, porque el talento se rebela ante esta obsoleta manera de interpretar el poder y las relaciones. Ahora es el talento quien elige dónde florecer y este nuevo escenario provoca un cambio de paradigma, pues ya no es la empresa quien decide, sino que necesita transformarse urgentemente en un imán atractor del talento pues, a partir de ya, se trata de un bien mucho más escaso, y por lo tanto más valioso, que el capital.

El talento, la inteligencia triunfante (Jose Antonio Marina), ya no se puede considerar mano de obra y no se puede comprar solo con dinero. Los directivos/as y los departamentos de RR.HH. (quizá deberían comenzar a pensar en un cambio de denominación) necesitan asumir que, a diferencia de la obediencia, el compromiso no se puede exigir ni tampoco imponer, es una decisión personal e individual, es un regalo que las personas tienen para ofrecer cuando sienten que sus líderes realmente se comportan como personas dignas de confianza.

La gran innovación pendiente es por tanto la mejora radical de la calidad directiva. Según el Foro Económico de Davos, España (país 35º en competitividad) era el 27 en calidad directiva en 2007. En su informe 2015-16, aparece en el puesto es el 49º con una caída de más de 20 posiciones y el 69º en el ‘uso eficiente del talento’ tras el sálvese quien pueda generado por la crisis en los últimos años. Teniendo en cuenta que la calidad directiva es más decisiva que nunca en la sostenibilidad de las empresas, hasta el punto de ser responsable del 60% de su productividad, resulta inexcusable la necesidad de tomar consciencia de esta imperiosa exigencia invirtiendo todo el tiempo, el esfuerzo y los recursos necesarios para elevar de forma drástica la calidad, el impacto y la influencia de los/as líderes en el ámbito empresarial.

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Ese es el gran desafío al que se enfrentan quienes tienen el honor de liderar personas, necesitan atreverse a parar por un momento la inercia de sus vidas para reflexionar y mirar hacia dentro tomando consciencia de quién están siendo, de cuál está siendo su impacto en la organización, de cómo son sus actitudes, comportamientos y lenguaje, de cómo se sienten, de cuál es la calidad de sus conversaciones, de qué necesitan de ellos/as sus colaboradores/as, de cómo les pueden ayudar a crecer, comenzando así un voluntario y deseado proceso de transformación que les convierta cada día en mejores personas, emocionalmente más inteligentes y al servicio de sus seguidores/as, capaces de atraer, cultivar y mantener el talento y de alcanzar su compromiso, consolidando relaciones de alta calidad para crear equipos diversos y altamente productivos, equipos de alto rendimiento… ahí es donde entran de lleno las ‘7Ps para brillar’, una intensa, emocionante, sorprendente y compartida experiencia de descubrimiento, aprendizaje y (trans)formación para aquellos/as líderes al servicio de sus equipos que tienen el coraje de atreverse a brillar y ser la luz que alumbra una parte de su camino.

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