El miedo tiene dos caras: olvida todo y corre… o enfrenta los retos y supérate. La elección es tuya

La genial Mafalda decía en una de sus viñetas: “tomar distancia y alejarse de las personas complicadas mejora la salud”, en clara alusión a que tenemos miedo a las reacciones de cualquier tipo de personalidad que no podamos de algún modo prever o controlar, pero con la cual nos vemos obligados a convivir, especialmente en los ámbitos laborales.

De ahí que los buenos líderes nunca son imprevisibles en cuanto a la forma de conducirse con su gente, porque saben que las personas en términos generales no temen ni a la responsabilidad ni al trabajo, sino siempre a lo incierto, a lo que va a ocurrir mañana. A un jefe que no saben con qué cara (a veces reflejo de malestar o incluso ira) va a entrar en la oficina. Al miedo de una reacción… al miedo de una reprimenda. A nadie le gusta sentir miedo, pero forma parte de nuestra naturaleza.

También es verdad que las personas tenemos el mal hábito de justificar las acciones que nos han salido mal, o por ejemplo, una instrucción que se ha dado por el jefe de un equipo y por miedo a recibir una mala contestación, nos quedamos con la duda y no preguntamos. Pero vamos a comenzar una tarea sin tener todas las claves. Y esto nos lleva a justificar en algún momento nuestro despiste o también nuestro error. Si queremos alcanzar nuestras metas debemos reducir el tamaño de nuestras justificaciones. Nuestros peros. La justificación es la señal más clara de las dudas y en parte de los miedos.

Todas nuestras acciones para que sean eficaces deben alimentarse de una buena actitud frente a los demás… en general frente a la vida. La actitud es la que siempre rompe la duda, porque nos pone en modo positivo y nos anima a afrontar lo que se nos ponga por delante. Es la contrapartida de la duda, que es la negación de la actitud por excelencia.

Por ello Buddha lo dijo con su maestría habitual: “No hay nada más dramático que el hábito de la duda. Separa a la gente. Es un veneno que desintegra la amistad y rompe las relaciones placenteras. Es una espina que hiere e irrita; es una espada que mata”.

La duda puede inhibirnos de tal manera que creyendo que estamos en lo cierto, prometemos cuando estamos contentos. O también, respondemos de manera directa y sin pensarlo cuando estamos enojados. Pero aún más peligroso resulta, que decidamos cuando nos invade la tristeza.

Le preguntaron una vez a un monje chino cómo descubría el valor de una persona… cuál era su método para llegar a conocer la profundidad de su espíritu. La respuesta dejó a sus discípulos impresionados:

“Me gustan las personas raras, también las ovejas negras, los patos singulares, las personas que son rechazadas, los excéntricos, así como los que se sienten perdidos y olvidados. Lo más frecuente que ocurre es que toda estas personas tienen hermosas almas”. Como siempre ocurre en la enseñanza oriental, las descripciones del maestro no conducen directamente a la respuesta, sino que les da las armas para que hagan su propia composición de lugar. El aprendizaje oriental se basa fundamentalmente en la experiencia y es ésta la que nos da la mejor o peor adaptación a cómo nos enfrentamos a los miedos en la vida.

La moraleja del relato del monje es que llegar a alma humana requiere de una gran comprensión. Y que las buenas que él descubría con su particular aceptación de personas, animales y sentimientos raros y diversos, venía a señalar que hasta las más complejas creaciones del universo tienen su alma y nuestra responsabilidad es aprender a entenderlas.

La otra cara de la duda y el miedo yace en el juicio que nos gusta hacer sobre los demás. DoeZantamata lo dice con claridad: “Es fácil juzgar. Es más difícil comprender. La comprensión requiere pasión y la complacencia de creer que los buenos corazones a veces eligen los peores métodos. A través del juicio que hagamos… separamos. A través de la comprensión… crecemos”.

La evolución de la civilización humana se debe a muchos factores, pero en el origen de nuestros antepasados, el miedo ha jugado un papel fundamental en la supervivencia de los hombres y mujeres de todos los tiempos. Nos puso barreras pero al mismo tiempo nos otorgó beneficios. En definitiva, ha sido el culpable de las guerras e inspirador del progreso que se manifestaba en el arte como una de las primeras expresiones de nuestra evolución.

Cuando nos tenemos que enfrentar a un problema que requiere tomar una decisión importante, lo que nunca debemos olvidar es que siempre hay opciones. Sin embargo, en tiempos difíciles abarrotados de cambio e incertidumbre, con frecuencia las personas llegan a estar paralizadas por el miedo de tomar una decisión equivocada, lo que les lleva a no tomar en absoluto decisión alguna. Y en una gran mayoría de casos…la vida pasa para nosotros como un tren que se nos escapa.

No son pocos los momentos en que tenemos que enfrentarnos a obstáculos, a situaciones complicadas que nos hacen sentir como si estuviésemos perdidos en un laberinto. ¿Pero nos preguntamos por qué nos invaden estos sentimientos? Porque tenemos miedo. Es como si estuviésemos dormidos por dentro, no encontrando la salida de un camino que sí la tiene pero que no la estamos viendo.

Existen otros miedos que se manifiestan en nuestra necesidad de agradar a los demás porque el temor a generar una contrariedad de opinión o incluso un conflicto, nos hace ser un poco hipócritas, porque no mostramos o decimos lo que realmente sentimos o pensamos. Pero a menudo esta falsa calma en el ambiente por no tratar como se debe a los problemas reales, está cubriendo una explosión emocional que puede estallar en cualquier momento. Porque podemos parecer personas tranquilas y agradables en el exterior, pero a menudo ser irritables y llevar el dolor de una profunda frustración en nuestro interior.

A los dos caras del miedo a las que nos hemos referido… qué es lo que vas a hacer hoy: ¿olvidar y correr?… o tal vez ¿Enfrentar y superar?

José Luis Zunni, director de ecofin.es y vicepresidente de Foro ECOFIN.

(Artículo publicado en Media-tics)

La elección es tuya.

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