El mal es el momento en que carezco de fuerza para ser fiel al bien

Alain Badiou (1937) es uno de los filósofos más significativos de nuestro tiempo. Es profesor de filosofía de la EGS (European Graduate School). Como ha sucedido a lo largo de la historia con otros intelectuales de la misma talla, ha llamado más la atención su posición política dentro de la academia y también más allá de ella, aunque es su ontología la que crea el centro de sus principios filosóficos y la forma que tiene de ver la vida.

Obviamente, intelectuales de su categoría tienen el privilegio de mirar el mundo desde una atalaya que la gran mayoría no puede ver o que incluso, le cuesta comprender. Pero su sencillez y simpleza como persona, le ha hecho acreedor de ser considerado también un buen divulgador del pensamiento y filosofía occidental, tan olvidado y a veces pisoteado, especialmente en la propia Europa, cuna de la civilización occidental y que con frecuencia olvidamos.

Su pensamiento es contundente en cuanto a su visión sobre cómo combatir el mal desde la fortaleza moral y no dejarse vencer por facilismos u otros tipos de tentaciones. Actitudes características de la falta de carácter y determinación para afrontar cómo se debe una situación adversa en el plano personal y/o profesional. Si esto lo extrapolamos al ámbito político, especialmente al europeo, su observación cobra sentido en la medida que no se contemplan como debiese, todos los puntos de vista que hay que tener para ver con claridad a qué problemas nos enfrentamos y cómo resolverlos.

Badiou se pregunta en su obra ‘Elogio del amor’ ¿qué clase de mundo se ve cuando uno lo experimenta desde el punto de vista de dos y no de uno? ¿Cómo es el mundo cuando es experimentado, desarrollado y vivido desde el punto de vista de la diferencia y no de la identidad? Eso es lo que creo que el amor es”.

Es evidente el alcance que Badiou da a la palabra amor y todo lo que ello conlleva: justicia, equidad, igualdad, etc. No es un pensamiento tipo desideratum, sino la urgente necesidad de que a la política universal llegue también el alcance de valores semióticos como reflejan las cuatro letras que conforman la palabra amor.

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Cuando Badiou se refiere a que “toda resistencia es una ruptura con lo que es. Y cada ruptura comienza, para los que participan en ella, a través de una ruptura con uno mismo”, nos está indicando el camino de cómo aceptar el cambio desde el primer paso, que es cambiar nosotros para que ese cambio tenga sentido. Si lo llevamos al ámbito macro-social, es evidente que nos referimos a un cambio de cultura, generalmente propiciado por una evolución en la tecnología y consecuentemente en las ideas.

Badiou cree que “una verdad es el desarrollo subjetivo de lo que es a la vez nuevo y universal. Nuevo: lo imprevisto por el orden de la creación. Universal: aquello que puede interesar, con razón, a cada individuo humano, según su pura humanidad”. Su preocupación constante por el individuo al que ve como desprotegido, en un mundo en que precisamente si de algo se carece, es de actuar con y para la verdad. A lo sumo, una infinitud de verdades a medias, manipulaciones y palabrería, porque el ser humano parece encontrar cierto alivio cuando no se expone totalmente a la verdad, cuando ésta es la única garantía para salvarlo.

Alain Badiou ejerce una denuncia constante contra los que él llama los “demonios de este época”, que se manifiestan claramente por nuevas formas de totalitarismos, una evidente carencia intelectual que nos lleva a falta de ideas, lo que conduce a los políticos a no tener instrumentos para dar soluciones a los problemas ciudadanos. Cree que a pesar de que ha habido opiniones, fallidas por cierto, en que algunos pensadores llegaron a la histeria de considerar que se había llegado al fin de la historia, en realidad en todo tiempo la civilización humana se ha enfrentado a nuevos “recodos del río”, lo que lleva a diferentes renacimientos sociales y humanos que caracterizan el paso de una etapa a otra de la historia. Está convencido de que en 2016 nos estamos enfrentando como civilización a una nueva época, algo así como una oportunidad que se nos presenta y que no hay que desaprovechar.

Badiou pertenece a una clase de intelectuales que lamentablemente parece que están en vías de extinción… de los que se hacen preguntas y formulan interrogantes que el ser humano debe intentar resolver.

Su convencimiento de que gran parte de los males que acechan a la sociedad actual se deben tanto al fracaso del comunismo como de cualquier dominación ideológica que pretenda establecer dogmas de uso obligatorio, tales como los productos que se consumen y la fiebre por el consumismo, así como la búsqueda de beneficios a cualquier coste, la deshumanización de la sociedad, etc. No exagera en lo más mínimo, más bien, describe una triste realidad que no hay manera de que nos quitemos de encima. El afán de riqueza irresponsable y desmedida fue la causante principal de la última gran crisis financiera internacional, de que explosionara con toda virulencia en 2008-2009. De ahí que Badiou sea enemigo de cualquier forma unitaria y definitiva de ver el mundo, porque justamente éste es diverso como diferentes deben ser las visiones que se tengan para comprenderlo en todas sus facetas y poder lograr una mejora, aunque leve pero cierta, sobre las condiciones de vida de los ciudadanos.

Por todo lo que significa su pensamiento en la filosofía occidental actual, nos parece interesantes ciertos postulados que hace en aras del amor: “la declaración del amor marca la transición del azar al destino… por eso es tan peligroso y cargado con una especie de terror escénico” y “el amor sólo puede consistir en el fracaso… en la falsa suposición de que es una relación. Pero no lo es. Es una producto de la verdad”. Aquel principio irrefutable de “la verdad os hará libres”.

José Luis Zunni, director de ecofin.es.

(Artículo publicado en Media-tics)

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