El liderazgo efectivo se consigue con dos ingredientes: confianza y visión

Artículo realizado por: Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, José Luis Zunni, director de ecofin.es y Eduardo Rebollada Casado.

¿Cree que una organización puede funcionar razonablemente bien, si la gente en general, y los equipos de trabajo en particular, no perciben una dosis de confianza elevada en sus líderes? Ha acertado: la respuesta es NO. Si esto funciona así en las organizaciones, qué decir entonces a nivel macrosocial, cuando la ciudadanía no confía en los políticos que le gobiernan ni en la clase política. Porque lo que en política no se ha comprendido aún, es que la confianza es el núcleo de la célula que alimenta el buen liderazgo.

Como es nuestro estilo en el blog de Management & Leadership de ECOFIN, damos réplica a aquellos autores y profesionales que hacen aportes interesantes en la materia, especialmente a aquellos que son muy actuales. Entendemos que abriendo esta tribuna a muchas opiniones, se fortalece ese espíritu de doctrina que hemos impuesto desde el comienzo. Porque si algo nos parece que falta hoy día para un mundo cada vez más cambiante y que a su vez el cambio trastoca todo, sea en la esfera privada o la pública, es el debate de nuevas corrientes doctrinarias que arrojen luz sobre la constante transformación que se produce en mercados, organizaciones y los propios estados, en los que el papel de la aceleración tecnológica es decisivo.

A mediados de agosto pasado Lolly Daska, presidenta y fundadora de Lead From Within (Liderar desde dentro), consultora especializada en el coaching ejecutivo y en formación en liderazgo, titulaba un artículo en su blog ‘The art of leadership is not without struggle’ (El arte del liderazgo no es tal sin batallar), en referencia clara a la lucha diaria que líderes y organizaciones tienen cada día para poder permanecer y proyectar un futuro sostenible en un mercado complejo e incierto.

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Lolly Daska hace afirmaciones como: “Cuando la lucha está presente también es evidente que el espíritu de liderazgo surgirá con toda su fuerza”. Los grandes líderes jamás surgieron sin grandes luchas y también sonados fracasos. Es en estos líderes en los que debemos inspirarnos y de ellos emana la enseñanza de qué cosas son importantes en un liderazgo efectivo y por qué. Caso del establecimiento de las prioridades.

Lolly Daska dice que una virtud indiscutible es ser persistentes, lo que va ineludiblemente unido al tesón y a un carácter no demasiado frágil, más bien lo contrario. Estos líderes jamás se desmayan y no se autocompadecen.

“No es lo que la vida le saca a uno lo que cuenta, sino lo que uno le da a la vida”, sostiene con rotundidad esta gran experta y consultora.

Tom Stevens, experto en liderazgo y planificación estratégica, además de reconocido executive coach, afirma en ‘When a leaders vision gets in the way’ (Cuando la visión del líder se cruza en el camino) que el pensamiento convencional sobre cómo se interpreta la visión, es que siempre hay un líder que la tiene y convence a sus seguidores para que la adopten. Inmediatamente agrega Stevens que no suscribe esta forma de entender la visión y lo resume en una valiosa reflexión: “Los líderes excepcionales no imparten su visión, más bien cultivan el surgimiento de una visión, lo que es muy diferente”.

Sostiene que los grandes logros y éxitos conseguidos están más vinculados a la visión global de la organización como un todo. Nosotros aclaramos que a esto se le llama cultura corporativa, ese sello personal que una organización tiene en todas las acciones que realiza. Por eso –y coincidimos con Stevens– “el líder es un catalizador de la visión, no necesariamente su origen. Si bien la semilla de la visión puede originarse en ese líder, existe una increíble fuerza y energía cuando es un grupo de gente la que descubre la visión colectiva”.

Nos parece muy agudo su pensamiento porque ese descubrimiento proviene del intercambio fructífero de ideas personales, puntos de vista y valores, hasta que todo se convierte en una visión de futuro que emerge. Pero es una nueva visión: colectiva, no individual.

Cuando es acertada, la visión crea un sentido de propiedad sobre lo que la gente siente, en referencia clara a sentir que le pertenece. Aunque también ellos le pertenecen a la visión, porque ésta ha asumido su propia vida.

Nosotros siempre hemos referido a esta forma de focalizar el tema de la visión como que cuando la motivación es importante y la organización se compromete con la gente de la misma forma (no menos) que ésta hace con la organización, se ha fortalecido ese grado de compromiso que es esencial en las culturas corporativas fuertes de primeras marcas y referentes mundiales en cualquier sector de la economía.

Por lo que una visión que tenga su propia vida provee de una motivación especial para la acción y un sentido de pertenencia a algo que es más importante que cada persona en particular. Y en este punto, si lo comparamos al ámbito político, veremos cuánto más se distancian los conceptos de liderazgo basados en la confianza y la visión, porque han prevalecido sobre ellos otros intereses –generalmente partidarios y no de interés general– que debilitan y a veces cuestionan de manera definitiva la capacidad de liderazgo de los políticos de turno y también de la oposición.

Cuando hay personas que creen que todo tiene solución no necesariamente es optimismo, porque es probable que ante cualquier adversidad aflore su talento. La diferencia de un grupo de gente con su líder es que mientras todos sus miembros son reconocidos por sus capacidades técnicas, experiencia y talento, el líder efectivo es el que gobierna este talento colectivo en pos de un objetivo común. No es solamente su creencia de que todo tiene solución, sino su determinación para implementar las acciones necesarias para llevar a la práctica dichas soluciones. Esa capacidad de liderar (conducir) el grupo y formarle día a día es lo que cultiva la elevada dosis de confianza que los líderes efectivos reciben de su gente.

Los grandes líderes siempre han tenido una característica común: no han sido obstáculo para sus decisiones. Porque la gran barrera que existe entre las personas y el éxito, son las mismas personas. Esa es la diferencia del líder que vence sus propias barreras. Lo vemos a diario en la política, cuando las “obsesiones ideológicas” chocan contra los muros de la sensatez y generan una gran contestación social. Si fuera un curso escolar, el boletín del colegio del liderazgo político europeo, y en particular el español, habría claramente suspendido.

A Richard Branson –lástima que no está en la política europea–, uno de los más importantes líderes empresariales mundiales, le preguntaron recientemente en una entrevista cómo reconoce a los mejores. Su respuesta no deja indiferente a nadie: “Buscamos a gente que sepa tratar a las personas; le guste motivar y sacar lo mejor de los trabajadores; y que esté sonriente, creándose un ambiente genial de trabajo”.

Es evidente que en estas afirmaciones de Branson afloran aquellos conceptos de confianza y visión, si no no diría lo que dice. A tal punto su visión está puesta en el futuro que insiste en que le fascina retar al statu quo y ver las cosas desde otra perspectiva, porque para Branson “la vida es como un largo proceso de aprendizaje”.

Y complementando el alcance que Branson da a su vida, afirmamos que también el liderazgo es un largo proceso de aprendizaje basado en las experiencias y el talento.

Evidentemente, no habrá buenos líderes en el futuro si no van cultivando desde hoy el aprendizaje en cómo generar confianza, cómo catalizar la visión corporativa y cómo llegar a lograr que su percepción de la realidad esté muy ajustada con la realidad misma. Este último punto también es crucial en la política y en dónde lamentablemente y en perjuicio de los ciudadanos los políticos europeos y españoles vienen fracasando.

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