El líder que conversa triunfa y es feliz

“Si el pensamiento corrompe el lenguaje, también el lenguaje corrompe el pensamiento”. Es el poder de la palabra. Lo decía el genial George Orwell en su novela ‘1984’. La agudeza del utópico Orwell viene a decirnos que la palabra sigue siendo el principal ladrillo con el que edificar la civilización y las organizaciones. Y las palabras en movimiento se llaman conversación. Las palabras, ya sean incendiarias o de paz, son articuladoras de la experiencia humana. Y el líder que conversa es un tipo más feliz y con mayor posibilidades de alcanzar el éxito personal y profesional. Sin olvidar, claro, una lubricación adecuada de las palabras con habilidades técnicas y emocionales, pero que dependen también de la palabra.

Después de pasar doce años en la Universidad de Harvard, Shawn Achor se ha convertido en uno de los principales expertos mundiales en explicar, así como demostrar, que existe una conexión entre la felicidad y el éxito. Pensamientos como “estamos encontrando (se refiere a investigaciones) que no necesariamente es la realidad la que nos moldea, sino la lente a través de la cual nuestro cerebro ve el mundo que interpreta esa realidad”, se basa en la creencia que si podemos cambiar la lente, no sólo seremos capaces de modificar nuestra felicidad, sino que podremos influir en cada uno de los resultados de las cosas que hagamos, incluido, por supuesto, el mundo de los negocios.

Venimos sosteniendo desde esta tribuna que una corriente de doctrina de liderazgo muy comprometida con el bienestar de las personas, cree que es efectivo en cada uno de esos momentos en que hacemos un poco mejor la vida de los demás. Pero no sólo a nivel interno de la organización, buscando las mejores relaciones interpersonales y una dosis razonable de felicidad de los empleados. También se está refiriendo a las relaciones con clientes, actuales y potenciales, para que siguiendo el pensamiento de Richard Branson, nos preguntemos al ofrecer nuestros productos o servicios: ¿en qué vamos a mejorar la calidad de vida de las personas? Y esto tiene que ver con el bienestar.

Cuando se facilita la vida cotidiana, bien sea en el trabajo o fuera de los ámbitos laborales, se está incrementando esa química casi imposible de medir, pero que en realidad existe y que es la que determina la felicidad y estabilidad de las personas. Y las palabras y conversaciones son auténticas amalgamas para lograr niveles de satisfacción en los ámbitos laborales, así como en la vida personal.

Young woman having business meeting in cafe with two men, smiling

También es la doctrina la que se pregunta: ¿por qué se amplían las brechas de liderazgo cuando es tan importante la inversión en capacitación y desarrollo de esta doctrina? O también; ¿qué hacen los grandes líderes de manera diferente para prosperar y crecer? Esta segunda tiene una respuesta inmediata: la única manera de que el líder haga crecer la organización y su ámbito personal es renunciando a ser la prioridad y poniendo en primera fila al personal y la clientela. Los intereses de ésta deben ser, por supuesto, los del personal y la organización. Pero no podrá lograrse el éxito sólo con la satisfacción de la clientela externa, sino buscando la estabilidad y las buenas relaciones entre todos los cuadros y de éstos con la dirección.

En cuanto a la primera pregunta, si hay algo que está ayudando a reducir los abismos existentes en liderazgos de diferente estilo es que está prosperando e incorporándose rápidamente en la cultura corporativa un liderazgo mucho más humano, y al mismo tiempo efectivo, donde la comunicación se ha convertido en una pieza clave.

Los grandes líderes entienden que poder disponer de una red más diversa de opiniones, de consulta con personas y equipos, es una fuente clara de identificación de nuevos patrones de comportamiento que se nutren de más soluciones porque cuenta con personal que está pensando de manera diferente. En vez de reprobar la diversidad, se anima a hacer un ejercicio intelectual de contrastar posiciones, opiniones, etc., por más antagónicas que puedan parecer. La palabra vuelve a ser el eje de las relaciones a pesar de que el mundo digital pareciera que va en su contra.

De ahí que interese profundizar en las tipologías de personalidad que con mayor claridad se manifiestan en las organizaciones. Son de dos tipos: los que siempre buscan su beneficio personal (los tomadores) y los que son capaces de hacer cosas por los demás, especialmente desde una filosofía colaborativa (los que se entregan). Es evidente que no se pueden eliminar de un plumazo todas aquellas personalidades que únicamente están en modo tomar, aprovechar, disimular, evadir, etc., en relación a acciones, pensamientos u opiniones dadas.

Todo lo que el líder haga para evitar los enfrentamientos entre los miembros de un equipo, pedir ayuda o colaboración, se convertirá en un gran avance para todos. Y para ello basta una palabra.

La manera de hacerlo es convenciéndoles de que es importante ceder en comodidad para poder lograr juntos la consecución de los objetivos. Es más, puede ayudar a alcanzar determinadas ambiciones personales, porque de otra manera, manteniéndose únicamente en su posición de tomadores (egoísmo personal), pueden malograrse algunas, por no decir muchas, ambiciones personales.

En realidad podemos cambiar la forma en que las personas definen el éxito, ya que en lugar de decir que es todo aquello vinculado a la competencia personal, la realidad demuestra que el éxito es la contribución que personas y equipos hagan en conjunto. La palabra y la conversación son grandes aliados en los procesos colaborativos.

¿La palabra y la empatía?

Nos parece que una buena manera de comprender qué significa ser empático es explicar su alcance:

– Lograr una mejor comprensión de todas las palabras, gestos, emociones, etc. en las relaciones interpersonales. Lo que los investigadores llaman lectura mental.

– Que podamos sentir lo que las otras personas están sintiendo en ese momento, sea en una conversación o en compartir en silencio las tareas de los miembros de un equipo.

– Tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Hacerse cargo de cuál es su tarea, responsabilidad, etc., así como la circunstancia especial por la que está atravesando (haber salido de una operación y estar en proceso de recuperación; ser un recién graduado que requiere incorporar experiencia, etc.)

– Ser empáticos también pasa por compartir la visión del entorno, o de una situación particular dentro de la empresa. Cuando no se comparte esta visión, sí se es empático se puede mirar desde el punto de vista del otro. Comprender cuál es su ángulo de miras.

empatia (2)

Falta de empatía no implica falta de comunicación. Los tiempos acelerados en los que estamos conduciéndonos día a día para cumplir con nuestras obligaciones y responsabilidades, deben servirnos de advertencia de que hay una disminución en las comunicaciones verbales produciéndose la paradoja de que todas las personas están más conectadas gracias a sus dispositivos móviles, aunque la comunicación personal mediante la conversación es mucho menor.

Y esto ocurre también en los ámbitos laborales, en los que a veces es difícil cruzar unas palabras porque lo que prevalece es otra forma de comunicación.

Las organizaciones han acumulado cada vez más responsabilidades y complejidad en las tareas ante los retos del mercado, lo que hace que con más frecuencia se vean líderes que están casi obligados a disminuir sustancialmente las conversaciones cara a cara. Estamos en una época en la que prevalece la gestión por sobre la interactuación.

Una investigadora del nivel de Sherry Turkle (1948), que es la profesora de “Estudios sociales de ciencia y tecnología” de la cátedra “Abby Rockefeller Mauzé del MIT (Massachusetts Institute of Technology) ha llegado a la conclusión de que la falta de conversación afecta nuestra creatividad y productividad. Por el contario, la recuperación de la conversación cara a cara puede ayudarnos a recuperar el terreno perdido. Porque estamos inmersos en un universo tecnológico en el que siempre estamos conectados, pero en el que hemos sacrificado la conversación en aras de dicha conexión.

Tanto en el hogar como en los ámbitos de trabajo, existen una serie de caminos alrededor de la conversación que están constantemente tentados por las posibilidades de un SMS, un mail o un whatsapp. Sorprende ver en muchas reuniones familiares cómo cada uno de los miembros de esa familia están más pendientes de sus dispositivos móviles que de la conversación real entre personas. Desarrollamos una cierta adicción por lo que ofrece la conexión.

En esta línea, queremos compartir algunas opiniones con las que estamos de acuerdo, lo que marca una clara política de alejamiento sobre cuáles son las diversidades de opinión, incluso los conflictos.

Pero no debemos olvidar que la sociedad actual se fundamenta en la democracia, y que ésta tiene como piedra angular la palabra, o sea, la conversación. Si en la esfera privada a través de la comunicación oral se construyen valores como empatía, amistad, amor, aprendizaje, etc., en el plano organizacional el líder instará a una mejor comunicación porque redundará en beneficio de la productividad al facilitar que afloren esos mismos valores que hacen que las relaciones interpersonales sean mejores, las personas estén más a gusto unas con otras, haciendo del ambiente un lugar amable, cómodo y libre de tensiones.

A pesar de la conectividad que la tecnología nos proporciona, debemos procurar resistirnos a eliminar las conversaciones en nuestras relaciones. Siguen siendo la base del entendimiento humano y de la construcción de los países. No es menos cierto esto para las organizaciones.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es y vicepresidente de Foro ECOFIN, en colaboración con Salvador Molina, presidente de ECOFIN, Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN. 

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