El estrés, nuestro gran aliado

Ya se cuentan por decenas los estudios que analizan al estrés de las personas en los ambientes laborales, siendo especialmente interesantes los que se refieren a este fenómeno cuando les ocurre a los emprendedores. Es evidente que los jóvenes profesionales que inician una start-up son personalidades muy proclives a sufrir elevados niveles de estrés.

Pueden existir dos circunstancias en las que el estrés aflore: aquellas ordinarias tales como los nervios que producen en los directivos la entrada a competir en un nuevo mercado, así como mantener las perspectivas de crecimiento que se habían planificado para el ejercicio en curso. No menos complicado es el estrés que produce el grado de percepción que se tenga de la realidad, muy particularmente, con que nivel de precisión se ha interpretado ese entorno hostil y cambiante, que especialmente para los que son novatos en el lanzamiento y puesta en marcha de un producto y una organización como es una start-up, lo sufren de manera casi exagerada.

Independientemente del método que elija un emprendedor para rebajar el nivel de estrés, que está al límite de su tolerancia por las exigencias que le depara la nueva organización, su equipo y, por supuesto, la respuesta del mercado, lo que no tiene que hacer es perder la consciencia de sí mismo y el autocontrol, pero además soportado por un equipo que le permite moverse en todas las direcciones y no quedarse inmóvil ni por el pánico ni por la incertidumbre, elementos característicos que nutren negativamente la dosis de estrés que un organismo puede soportar.

Entre el futuro incierto y los mercados volátiles, sumados a una gestión del tiempo cada vez más complicada por la complejidad de todo lo que una organización, un líder debe cokctail explosivo que puede estallar en cualquier momento y que se materializa en un nivel de estrés dañino para la persona así como para el entorno. Porque por más experiencia que se tenga en la dirección de personas y organizaciones, si existe un rasgo que puede caracterizar a la sociedad actual y por ende a las organizaciones, es su altísimo poder estresante.

Estrés laboral

La pregunta es entonces: ¿podemos hacer algo para menguar el efecto perjudicial de tanto estrés y convertirlo en un factor de motivación personal? Y a continuación debemos también indagar en cuál es el grado de compromiso que las organizaciones están dispuestas a asumir para capitalizar este factor y convertirlo en un elemento dinamizador de la productividad.

Ambas tienen una respuesta positiva, aunque para que así resulte deberían analizarse cuáles son las causas del estrés en una situación concreta, fuera personal u organizacional para, a continuación, buscar la neutralización o la eliminación, así como la canalización del factor estresante hacia conductas y acciones favorables a las personas y su entorno.

La clave del éxito de los emprendedores es haber sido capaces de arriesgar un poco más de lo que haría la media de empresarios, líderes y profesionales, creyendo en sí mismos y muy especialmente en la misión y meta que se han impuesto. Pero la diferencia con el común de los mortales, es que jamás se rinden. Les cuesta aceptar un no como respuesta. Y cuando lo reciben, dan un rodeo a la situación para ver si se puede ver o atacar desde otro ángulo y ganar.

Por tanto, se observa que dependerá entonces de la capacidad de respuesta de cada individuo y de su entorno laboral más próximo, para que los factores estresantes terminen siendo factores motivacionales. Que tenga la percepción de que puede ajustar la situación a pesar de las negativas o los obstáculos a los que se ha tenido que enfrentarse hasta ahora. En estos casos, desde el punto de vista de la psicología clínica, es claramente un factor absolutamente destructor del estrés, o como a la doctrina actual le gusta llamar, un elemento potenciador de energías positivas que hacen que el que en un principio era un elemento negativo y devastador, se convierta en un factor positivo, motivador y de cohesión de personas y equipos.

Esta cuestión es la clave de una convivencia pacífica e incluso reconfortante para un grupo humano, a pesar de que las condiciones del otro entorno, el externo, no le sean propicias, como es la situación de una larga crisis que aún se resiste a dejarnos del todo. Porque el estrés es básicamente un proceso de motivación desde que se requiere un determinado mecanismo de adecuación a las diferentes demandas. Nos referimos a los factores externos.

La motivación debe interpretarse como un proceso que potencia, al mismo tiempo que dirige la conducta (la acción humana) hacia un objetivo. En cambio, las emociones son experiencias subjetivas: sentimientos que acompañan a los estados emocionales. Es evidente que esto relaciona el estrés con las emociones, pero no puede extraerse de esta relación la conclusión de que el estrés sea considerado en sí mismo una emoción, aunque cada persona pueda experimentar diferentes emociones como consecuencia del estrés, como por ejemplo la ira, o el enojo como también el desasosiego.

En alguna ocasión nos hemos referido a la resiliencia como un factor tremendamente importante para superar aspectos traumáticos y/o malas experiencias, tanto en el plano personal como organizacional. El secreto para lograr el éxito para este tipo de emprendedores se basa justamente en la capacidad de resiliencia, saber escuchar y, sobre todo, aprender. Siempre hay que estar adquiriendo conocimientos nuevos, los que a su vez, en el mundo de los negocios nos nutren de esa capacidad de resistir ante la adversidad.

Es evidente que la resistencia en momentos duros genera un estrés negativo para la generalidad de las personas. Es el líder efectivo el que gracias a su formación y experiencia, puede convertir esa fuerza que se resiste a ser conquistada en instrumento de motivación y cohesión de los miembros de los equipos. No hay mejor manera para cohesionar personas que, además de compartir metas y objetivos comunes, compartan el mismo nivel de motivación que está siendo insuflado por el líder.

Durante los últimos tres años hemos venido denunciando desde esta tribuna que aquellas organizaciones que aún no lograron llevar a cabo la transformación focalizando prioritariamente desde la óptica humana y considerando la importancia que las personas y un liderazgo más humano tienen para las que van a ser las organizaciones del mañana, están condenadas a desaparecer en un futuro que está a la vuelta de la esquina.

Tradicionalmente las empresas evalúan sus resultados en términos de recursos asignados, tiempos invertidos, resultados logrados y retornos sobre la inversión. Es mucho menos frecuente evaluar otros factores que son tan o más importantes como la cuenta de explotación, que forman parte del auténtico activo de toda organización y que se llaman por la doctrina y en general por todas las personas que se refiera al tema, como capital humano, aunque los autores creemos que no es el término más adecuado por muchos razones, pero una de ellas, quizás la más importante, es que una máquina, un puente grúa o un coche, todos ellos se amortizan con la idea de que de esa manera se mantiene una capacidad de valor de reposición a medida que se pierde la vida útil año tras año de dichos activos. En el caso de las personas, justamente y si aceptamos la consideración de activos, serían la excepción a la regla, porque no son amortizables, por el contrario, cada vez valen más por la incorporación de experiencias y conocimientos.

De ahí que cuando esta forma de concebir organizaciones y liderazgo tiene en cuenta la gestión del conocimiento, la acumulación de experiencia y especialmente, que se tomen decisiones priorizando personas ante otro tipo de factores, estamos entonces en entornos más humanos, más proclives a liberar la energía individual y el talento, porque no estarán constreñidos por la negatividad del estrés dañino, sino sólo motivados por una fuerza positiva que es el estrés canalizado como motivador de acciones y un gran aliado del compromiso que asumen las personas con las organizaciones.

Artículo coordinado por José Luis Zunni director de ecofin.es en colaboración con Salvador Molina presidente de ECOFIN, Javier Espina Hellín miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

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