El eslogan de moda: Organizaciones más Humanas

Desde ECOFIN Business School, hemos abordado una amplia variedad temática; pero siempre nos han guiado dos principios fundamentales: la doctrina y las continuas actualizaciones que de ella se hacen en diversos campos del conocimiento del management y el liderazgo, así como la utilidad práctica de los debates que formulamos.

Afirmaba Jean Piaget, el más importante psicopedagogo del siglo XX y responsable de muchos de los avances que se hicieron en la educación primaria y secundaria, que el aprendizaje se logra de dos maneras: por el conocimiento per se y por la experiencia. Hemos introducido continuamente experiencias de liderazgo tanto organizacional como personal, porque es la forma de que se comprenda el alcance de la teoría que está detrás de toda acción.

Cuando nos referimos al proceso de humanización que se viene dando en las últimas dos décadas en las organizaciones, se deduce de ello que también el liderazgo ha tenido que sufrir el impacto positivo que significa liderar de manera más humana. Si nos atenemos a alguna corriente de doctrina reciente, no podemos hablar de liderazgo efectivo si no consideramos que va implícito en la formas de liderar de los líderes una elevada cuota de humanización. Vivimos una época en la que casi todo se replantea, incluso la doctrina más convencional. Pero esto no es malo cuando de lo que se trata es que las personas sean el auténtico centro de las organizaciones. Desde ya que también las personas deben ser el centro de las acciones políticas de los gobiernos. Y aquí es dónde se produce el primer bache en nuestra reflexión de hoy.

¿Son las personas en una organización el activo más valioso? Entonces, nos preguntamos a continuación: “¿han influido los nuevos modelos de liderazgo en el que las personas son la base de todas las acciones, para que tengamos organizaciones más humanas?

En principio la respuesta es que sí. Pero si miramos a nuestro alrededor, aquí mismo, en nuestro entorno europeo, veremos que todo lo que estamos enseñando y formando desde esta tribuna de doctrina, queda un poco descolocada cuando analizamos el papel de los líderes europeos en las últimas tres semanas como consecuencia de la crisis griega. Digamos que no parece que el proceso humanizador que sí ha llegado a las organizaciones privadas se haya extendido en la medida que debería haberlo hecho en las instituciones europeas.

No vayan a pensar nuestras lectoras/es que exageramos en este punto y que cómo podemos tener la osadía de decir que los líderes políticos europeos han perdido sensibilidad. Lamentamos desencantarlos, pero la evidencia nos dice que la construcción europea de los ciudadanos ha quedado subsumida por los números que tienen que cuadrarse en presupuestos, medidas de deuda y déficit, y una larga serie de normativas en las que los sistemas financieros están siendo más protegidos que los ciudadanos.

En cierto aspecto, después de la dura crisis financiera internacional de 2008-2009 que se prolongó hasta hace pocos meses, habiendo pasado Europa por una recesión económica muy profunda, también pueden justificarse todo tipo de reservas y actitudes encaminadas a que no se repita el colapso financiero como se produjo, para lo cual el ciudadano quedó en segunda posición.

Durante las últimas décadas cada vez que nos referíamos a que las personas son el más importante activo de las organizaciones, en realidad se ha convertido más que en un axioma, en un tópico. O sea, que muchos líderes la utilizan sin reparar exactamente en qué es lo que significa. No exageramos. Con frecuencia, utilizamos palabras y frases que creemos estamos dándole el uso adecuado o que comprendemos su significado, pero cuando nos hacemos las preguntas pertinentes, nos encontramos con una distorsión entre lo que creíamos era su significado y lo que realmente es.

Cuando afirmamos que la gente conforma en cualquier organización privada o pública el auténtico valor y lo consideramos un activo, en realidad responde más a nuestras creencias, que a un proceso material de valoración contable y consecuentemente, económica. Porque cuando nos preocupa cómo retener a la gente válida, la denominada retención del talento, o atraer a los mejores a nuestras filas, son nuestras creencias las que están posibilitando que esto así suceda. Las creencias nos llevan a la visión, consecuentemente establecimiento de objetivos y elección de las estrategias a implementar.

En la Europa de los ciudadanos, deberíamos tener más preocupación porque aquel valor axiomático vuelva a cobrar vida, ya que la política y la economía no son en sí mismas ni más ni menos humanas. Lo que sí lo son, las medidas de política económica y social que se tomen y que persiguen determinados fines, sea en el ámbito que sea.

Es fácil constatar que la contestación social europea también ha cambiado a partir de la incorporación a escala de una dimensión que costaba asumir tan sólo hace dos o tres años, de las NT’s y las consecuencias directas que surgen de ellas, como las redes sociales y todo tipo de App’s con dispositivos móviles. Se ha producido un cambio sustancial en los escenarios porque se ha cambiado el paradigma de las organizaciones y del mercado, por ende, también el de cuáles deben ser las políticas a aplicarse.  

El liderazgo efectivo de los líderes políticos europeos, al igual que lo hacen las organizaciones más punteras a escala global, tienen que facilitar que todas las medidas políticas que se implementen y los instrumentos que se utilicen para ello, sean altamente sensibles a una población europea muy castigada durante esta larga crisis. Es evidente que gobernar requiere del poder para hacerlo, lo que implica la jerarquía legal que emana de instituciones y que tejen la legislación positiva vigente en cualquier estado.

Por contrario, lo que sucede en el liderazgo efectivo en las organizaciones privadas, en las que se ha roto con la cultura jerárquica y se han posicionado con gran éxito estructuras transversales que facilitan que cualquier organización pueda potenciar el talento, preocupándose en dejar que se libere sin excesivas complicaciones burocráticas ni niveles de supervisión excesivos. En organizaciones como Colgate-Palmolive, cuando se eliminaron niveles de supervisión y control que se consideraban innecesarios, la productividad se incrementó al cabo de un ejercicio en un 25%.

Si el liderazgo efectivo, cada vez más humano, se preocupa en el mundo de las organizaciones para que las personas sean empoderadas desde una perspectiva no jerárquica, es el camino al establecimiento de una motivación que garantice el compromiso entre personas y organizaciones, lo que significa cumplir con objetivos y metas.

Vivimos tiempos en que los que si hay una característica a destacar, es la existencia de una gran inteligencia colectiva. El conocimiento está al alcance de todos y la sociedad es cada día una supra-institución (la más importante) que está mejor informada y desde ya que en tiempo real.

La cuestión es entonces, cómo se apoderan las instituciones europeas de la soberanía de los ciudadanos que éstos supuestamente delegan en sus representados e instituciones. Nos referimos a las demoras que están condicionando, como en el caso griego, la salida normalizada de una situación de crisis que de no haber sido por errores de liderazgo se hubiesen solucionado hace al menos dos o tres meses. No defendemos al gobierno griego actual ni los anteriores que llegaron a falsear datos para la incorporación en la UE. Lo que planteamos es por qué se ha desconsiderado de tal manera al pueblo griego, sometido a un corralito financiero de tres semanas, como si fuera un mecanismo normal que tienen que soportar un pueblo, cuando en realidad es no sólo excepcional, sino absolutamente injusto.

Y llegamos así al punto crucial en el cual, el cuestionamiento sobre si las políticas europeas son más o menos humanistas, para lo cual debemos pasar por un meridiano fundamental en el liderazgo, sea público o privado: las creencias y la visión.

Las organizaciones privadas lo han comprendido. Actúan en consecuencia y los líderes organizacionales también. Lo que no es tan seguro que lo hagan de la misma forma los líderes políticos, que confunden a menudo la delegación de poder que los ciudadanos les otorgan para gestionar la cosa pública, con un confusionismo habitual de que ellos son el poder y lo representan. Cuando se da en una medida que hemos visto en países con democracias poco consolidadas o pseudo democracias, el poder pasa a ser una patología que deriva en populismos como algunos de los últimos años en países sudamericanos.

En Europa este extremo no existe, pero se está descuidando de manera preocupante la relación del ciudadano con sus instituciones europeas, porque el maremágnum de nombres y siglas que van desde Comisión Ejecutiva, Consejo Europeo, Eurogrupo, BCE, Parlamento Europeo, que se supone cada una tiene perfectamente definidas sus atribuciones en el ejercicio del poder político que ostentan, justifican la calificación que el Premio Nobel de Economía y padre intelectual del euro, Robert Mundell, afirmara en una ocasión, que lo que era preocupante en la UE era su “raquitismo institucional”. De ahí, que cuando Obama presiona a Europa, lo ha hecho sistemáticamente en las últimas semanas a propósito de la crisis griega, no llama ni a Juncker ni a Shultz ni a ningún otro representante de las instituciones de la UE. Lo que hace es establecer una línea directa con Merkel o con Hollande. Este es el reflejo de lo que en realidad Mundell sostiene: no somos un bloque político-económico sino uno económico-político, en el cual el orden de los factores sí altera el producto.

Los procesos de humanización no pasan sólo por legislar, sino por una cuestión cultural. Para muestra basta un botón: la lentitud en el proceso de igualdad de oportunidades para hombres y mujeres en las organizaciones e instituciones europeas, que como afirmara la ex comisaria Redding, si no se hubiesen tomado medidas para que más mujeres se incorporaran a puestos de alta dirección, llegaríamos en la UE a 2040 manteniendo el vergonzoso ratio actual que no supera el 20%. Esto es humanización. La igualdad es humanización. La sensibilidad del político es humanización.

Por tanto, creemos firmemente en la Unión Europea y en sus fines. Pero hacemos un llamado a la reflexión a las autoridades y líderes que en la región de mayor riqueza del mundo, se preocupen más por los problemas locales que afectan a sus ciudadanos, no utilizando el pretexto de que es un club en el cual hay que cumplir las reglas, así lo ha definido el presidente Rajoy.

La Unión Europea no es un club, es un espacio económico y político, del cual tienen la responsabilidad los líderes actuales que gobiernan Europa, de que la segunda parte de la ecuación (la política) prevalezca sobre la primera (la económica). Mal nos irá en el futuro, si las instituciones son dirigidas por las leyes del mercado o por fondos de inversión que no fueron elegidos por los ciudadanos. La Troika no es un organismo funcional y orgánico, ni tampoco el FMI forma parte de las instituciones europeas.

Si no se cambia el enfoque, seguiremos teniendo problemas como el de Grecia, porque siempre algún estado miembro puede entrar en una crisis económica.

La UE requiere que no sólo sus ciudadanos crean en sus líderes políticos, sino que éstos tengan la firme creencia en un proyecto europeo que jamás debió dejar aparcado el principio de solidaridad que prevaleció desde el Tratado de Roma de 1957, semilla de lo que germinara décadas después en la actual conformación de la Europa del siglo XXI. Y esto es sin duda, un principio humanizador que no debemos olvidar, más aún cuando somos la cuna de la civilización occidental.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es, en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group y Eduardo Rebollada Casado, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

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