Cuida tu reputación profesional

¿Somos de pulgar al Cielo… o al Infierno? En la época de los gladiadores romanos, el emperador de turno levantaba el pulgar para que el bravo luchador viviera o, por el contrario, bajando el pulgar daba más espectáculo a la plebe con la ejecución del perdedor. Menos mal que hoy día, el pulgar indicando derrota hacia abajo no implica la muerte, aunque en cierto sentido, la persona que renuncia y no se ocupa de su reputación profesional y personal debería sentir en su nuca la mirada del emperador señalando el suelo con su pulgar.

Hay momentos en nuestra carrera profesional que por más experiencia y formación que tengamos, afloran las dudas sobre lo qué hay que hacer. En todo caso, la primera recomendación es hacer todos los esfuerzos posibles para salir siempre por la puerta grande y no por la de atrás. Esto implica mostrar el agradecimiento a diferentes personas que han compartido mucho tiempo con nosotros, sean subordinados o pares. Esto da igual, porque los que hasta hoy estaban bajo nuestro mando, mañana podemos encontrarlos en otra organización con poder y mucha responsabilidad. La salida es como un gran tarjetero del que nos apropiamos en una recepción donde todo el mundo practica el networking. O sea, que lo primero que hay que hacer es asegurarse bien de que estamos caminando hacia la puerta principal, sin miedo a que se nos vea salir, y sentirnos orgullosos de esta decisión.

Pulgar levantado

Su reputación es sin duda su más valioso activo social

Una buena reputación le ayudará mañana, al dejar la empresa en la que trabaja, a tener nuevas posibilidades comerciales si es que ha decidido iniciar una actividad como emprendedor, o un abanico de posibles ofertas profesionales porque siempre alguien hablará de usted y le recomendará.

Estamos cansados de ver situaciones que, cuando uno menos las espera, surgen gracias a esa reputación personal y de formar parte de la memoria de otras personas, en cuanto a cómo ha sido nuestra conducta personal y profesional. Salir mal por la puerta, aunque sea la grande, nos puede llevar por un camino de sombras, que afecte nuestra reputación (es muy fácil poner dudas sobre una persona) y que nos afecte el resto de nuestro largo camino de desarrollo en la vida.

Saber elegir el momento

Saber cuándo hay que dejar una actividad, proyecto, empresa o romper una relación aunque tenga años. Porque la elección del momento es un factor clave. El sentido de oportunidad no depende sólo de lo que nos conviene a título personal, sino de qué es lo mejor para la empresa, proyecto, etc., o sea, que nuestra decisión no sea considerada por ninguna persona como perjudicial. Que no estamos boicoteando ni empresa ni proyecto, sólo que tomamos una decisión personal porque queremos encaminar nuestro futuro profesional de otra manera. Esta es la cara de la moneda, en cuanto a que todo marcha bien. Pero también está la cruz, cuando justamente nuestra salida, tengamos el cargo que tengamos, se produce porque la empresa está atravesando una crisis o está abocada al cierre. Se dan situaciones en que la fragilidad de una organización que hasta hace poco gozaba de prestigio y solvencia, está en situación muy comprometida, tanto patrimonialmente como marca, por lo que es normal que ciertos profesionales no quieran ver su nombre mezclado con la situación que están viviendo.

Salvar el barco que se hunde

Son muchos los profesionales que aguantan lo que sea, porque han dado mucho también al proyecto en el que están trabajando, a pesar de ser conscientes de que el barco se hunde. Pero no es que no quieran admitirlo, es que justamente no quieren que su renuncia se tome como un acto de cobardía o de falta de determinación para afrontar los retos (a veces extremadamente difíciles) a los que se enfrentan.

Renuncia y agradecimiento

Nuestra naturaleza humana nos ha hecho a todos un poco reacios a agradecer algo a otra persona o a tener ese compromiso con el agradecimiento en general. Porque dentro de nuestros defectos (considerando que la mayoría tenemos más virtudes que aspectos negativos de la personalidad), nos parece (a veces es un convencimiento) que nos lo merecemos, o peor aún, que merecemos más.

De ahí, que cuando nos creemos legítimos depositarios de todo el reconocimiento que nos puedan dar colegas, la misma empresa y compañeros y el sector en el que trabajamos, finalmente nos cueste agradecer. Las personas humildes agradecen siempre. Dar unas gracias simplemente y un abrazo oportuno, es señal de un reconocimiento al esfuerzo que también han hecho los demás (compañeros de equipo, nuestros pares directores de departamento o nuestra junta de accionistas si nuestro rol es el líder responsable).

Un consejo que damos siempre es que de la misma forma y con las exquisitas maneras que hemos tenido el día que iniciamos nuestro desarrollo profesional en la empresa de la que ahora nos vamos, es justamente lo que debemos hacer y ser ejemplo de persona de categoría, el día que salimos por la puerta grande.

Dejar testimonio de nuestro paso por la empresa

En la época actual en que la comunicación es la reina en la sociedad y que existen tan diversas formas de comunicarnos, en pos de nuestra reputación profesional y personal, en el momento que renunciamos es conveniente dejar constancia escrita de nuestra renuncia y reconocimiento a todos los cuadros que colaboraron con nosotros. Comentar a dónde nos vamos de manera directa y sin tapujos es una manera de dejar puertas abierta a futuras nuevas relaciones. Utilizar los emails de la empresa y su intranet por última vez, es un detalle. Como también lo es, utilizar Linkedin, Twitter y Facebook para manifestar por escrito de las maneras que consideremos más convenientes, nuestro agradecimiento, reconocimiento a determinadas personas, etc. Especialmente cuando se ha tenido un cargo de responsabilidad, señalar con nombres y apellidos a las personas que ayudaron decididamente a que se cumplieran los objetivos, que fueron decisivos en lograr la cohesión de los equipos, etc. Tengan la seguridad de que en el mundo actual de Linkedin, nuestra reputación es más importante que cualquier otra cosa que podamos tener.

Causas y razones por las que renunciamos

¿Por qué será que en la cultura occidental cuando renunciamos a algo a veces no es bien visto? Por ejemplo, si decidimos dejar nuestro puesto de trabajo en el que llevamos cinco años y gozamos de un prestigio y respeto que se ha consolidado, ¿cómo creen ustedes que lo ven los demás? Nos referimos a las personas que estaban bajo nuestra dirección, accionistas con los cuales todos los meses nos encontrábamos en las reuniones de consejo e, incluso también, clientes y otros terceros ajenos a la empresa, como instituciones, empresas de la competencia, etc. Insistimos: no hay una vara de medir que sea uniforme para las diferentes reacciones que puede generar nuestra renuncia.

A veces se llega a extremos, que por circunstancias especiales derivadas quizás, de la crisis por las que estaba atravesando la empresa y el sector, la renuncia es un camino directo a estar estigmatizados, como si fuera un pecado capital que hubiésemos cometido. Hay muchas personas que, más allá de las circunstancias que hayan rodeado a una renuncia, consideran que es un síntoma de debilidad de carácter. Es más, a veces hay personas que por no tener que asumir críticas feroces por una posible renuncia, aguantan una situación que no les es cómoda mucho más tiempo de lo aconsejable y a veces, varios años.

A partir de la crisis financiera internacional de 2008-2009, el carácter de la renuncia tenía otra categoría, porque todas las empresas se dedicaron a hacer limpieza de plantillas. Por tanto, muchos cargos directivos, mandos intermedios, etc., que veían la posibilidad de pasarse a otra empresa de la competencia o directamente cambiar a otro sector de la economía, en algunos casos fueron considerados casi como héroes por haberlo logrado, porque justamente lo que era frecuente era el despido o con suerte una renuncia consensuada con la empresa.

Hemos visto casos de renuncias de un mando intermedio de un departamento, por ejemplo de marketing pasar al de RRHH, porque la formación y experiencia de esta persona le habilitaba e igualmente sufrir críticas, a veces muy duras, por un cambio que favorecía tanto al desarrollo de su carrera personal como a la organización. Son situaciones que se producen en los ámbitos de trabajo, que generan cierta presión porque siempre hay otra persona en situación similar que se cree también en el derecho al cambio para su mejora, lo que a veces sin darse cuenta provoca en el compañero que ha renunciado un sentimiento de culpa profundo, a pesar que incluso la persona que cambió de departamento le deja libre el camino al que queda y le puede traer beneficios. Este es el ejemplo típico, lo hemos experimentado, en que un responsable de determinada función, a pesar de su preparación, experiencia y otras habilidades, no llega a dimensionar el alcance del cambio que se ha producido y en cuánto le beneficia, por el simple hecho de que se enfrenta no a problemas sino a nuevas oportunidades. Es habitual que el líder de la organización o también el director de departamento, tengan que esforzarse en explicar los beneficios de la nueva situación.

¿Cuáles son los factores emocionales que están limitando la capacidad de renuncia a un proyecto, trabajo, etc.?

Renunciar es difícil, especialmente cuando hemos invertido tiempo (nuestro esfuerzo por hacer las cosas bien y ascender posiciones), dinero (porque hemos sacrificado mejores salarios en aras de nuestro proyecto personal en la organización), pero muy especialmente, nuestro estado emocional, porque cuando hemos puesto amor y pasión en el trabajo, la convivencia con compañeros de equipo, las relaciones interpersonales que hemos intensificado y alimentado con nuestra buena predisposición y lealtad, etc., es entonces que queramos o no, nos pasará factura. La cuestión, es saber gestionar este impacto para que el coste de esta factura no influya demasiado negativamente en nuestra actitud para nuestros próximos pasos profesionales, sean en la misma organización o en otras.

Renunciar no es un proceso fácil. No es conveniente renunciar por renunciar (probablemente un capricho o nuestro ego muy grande). Es altamente aconsejable que siempre se luche en lo que se cree y en lo que se ama (nuestra pasión por un trabajo, cargo, proyecto, etc.). Pero esto no implica que hay que estar ciego a situaciones que pueden comprometer nuestro futuro o incluso, hacernos un daño (aunque nadie lo quiera) en nuestra trayectoria profesional.

Para que sirva de reflexión a nuestras lectores, les vamos a relatar una experiencia real que entendemos sirve para reflexionar al respecto de cómo se debe gestionar y qué actitud tomar cuando decidimos renunciar, ya que afecta de manera directa a nuestra reputación profesional. El contexto en el cual se produce una renuncia profesional es vital para determinar qué pasos deben darse de manera tal de no herir susceptibilidades ni generar ningún tipo de conflicto, por más leve que parezca.

Hace quince años , en pleno proceso de globalización y de compras, fusiones, etc. de empresas, un importante grupo de medios británico, le pidió consejo a uno de sus principales asesores externos, sobre qué es lo que tenían que hacer para evitar el enfrentamiento que se estaba produciendo entre el director de planificación y medios con el director de Marketing y Comunicación, que ya excedía la cuestión técnica para pasar a una cuestión personal.

Ambos daban resultados muy positivos a la empresa en sus respectivos departamentos. Tenían un ratio de resultado/empleado parecido y también era similar la cantidad de personal que tenían a su cargo. La dudas eran, cómo hacían para que ninguno decidiera irse (cualquiera de los dos tenía puerta abierta en cualquier otra empresa del sector y no habíamos entrado en crisis). Tampoco querían que ninguno se sintiera ni humillado, ni maltratado, pero la situación así como estaba era insostenible. El consejo que se dio fue mucho más simple de lo que todos los miembros del consejo de administración esperaban.

– “¿Qué es lo que haría usted?” – fue la pregunta del presidente del consejo.

– Ya que estamos en momento de adquisiciones de otras empresas, tomas de participación, etc. sugiero que tanto el departamento de planificación y medios como el de marketing y comunicación, los conviertan en sociedades limitadas jurídicamente independientes; pero que por supuesto siguen perteneciendo desde el punto de vista operativo al grupo y también tendrán que seguir las directivas de este consejo. Objetivo: no habrá más celos por bonus y ratios, sino que cada uno tratará de buscar los mejores beneficios para su empresa, lo que les hará que colaboren y no se enfrenten, porque serán dos empresas del mismo grupo.

¿Qué cuál es la moraleja de esta historia real? Que la alta dirección buscó (haciendo caso al consejero) que se cuidaran ambas reputaciones profesionales y que en el caso de que por fin uno de ellos decidiera renunciar, fuere mucho más fácil reemplazarlo desde la propia organización (la nueva empresa que antes era departamento) con alguna de las personas más cualificadas y experimentadas.

Un segundo objetivo: la normalidad. Que no hay ni rencillas ni incertidumbre. Tampoco dudas sobre si alguien se va o se queda. Se da otra entidad a dos poderosos departamentos (ahora empresas) y esto cambia la manera en cómo se sentirán ambos responsables. Se han convertido en líderes de dos empresas y tendrán que actuar en consecuencia. O sea, que la segunda moraleja, es que la reputación profesional en una organización, hay que cuidarla hasta en los más pequeños detalles. Porque de cómo se proceda, no sólo afectará la reputación de los directivos como en este caso en cuestión, sino la propia reputación de la organización, lo que no es bueno para la marca.

Artículo coordinado por José Luis Zunni director de ecofin.es en colaboración con Salvador Molina presidente de ECOFIN, Javier Espina Hellín miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

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