Confianza y credibilidad, lo más importante del líder

La fe mueve montañas. O eso dicen los eruditos. Lo cierto y verdad es que todo nuestro día a día está compuesto por pequeños actos de fe en los demás: pagamos el café sin rechistar porque no dudamos de que la cuenta esté bien hecha, subimos al autobús y confiamos en que el conductor no se estrabiará por el camino, quedamos con un amigo y no dudamos de que acudirá a la cita, enviamos un email con la esperanza de obtener una respuesta del otro lado…

Todo nuestro día a día está plagado de actos de fe. Somos animales sociales que confiamos en otros individuos en los que depositamos el principio de confianza, mientras no se demuestre lo contrario. La fe en los demás nos mueve a cada paso de cada día.

Por ello, la principal cualidad de un líder es afianzar esa confianza que nos prestan los demás, aumentando la credibilidad en el voto de confianza que se les pide en un proceso electoral, en una gestión de equipo de trabajo o en una charla de formación. Cualquier ámbito de relación humana y laboral se fundamenta en la credibilidad y la confianza.

Fe en la marca comercial

La confianza es con toda seguridad uno de los atributos más valorados, ya sea en la vida privada o en la laboral. Esto se debe a que es una de las medidas más utilizadas para calificar tanto personas como relaciones. Éstas abarcan un amplio espectro, desde cómo es la forma en la que una persona se relaciona con sus amigos y muy especialmente con su familia, pasando por las relaciones interpersonales que entre sí tengan los miembros de un equipo en una organización.

Pero aún más: la propia organización generará con sus productos y servicios confianza en su clientela.  La confianza en una marca es vital en la relación emocional que se establece entre el consumidor y el producto. También en el ámbito de lo público, en que el máximo ejemplo para calificar la confianza es la valoración que los ciudadanos hacen de determinados políticos y la aprobación o no de sus medidas. En términos generales, podemos afirmar que el único juez al que tiene que enfrentarse la confianza es uno mismo.

En el deporte de alta competición, el atleta que supera nuevos récords y se crece porque sabe que hasta ese momento sus marcas son las ganadoras, está aumentando la confianza que tiene en sí mismo. Está seguro de sus capacidades, lo que se traduce credibilidad por parte de sus seguidores.

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La confianza parte del interior, representa nuestra fuerza anímica y moral. En la valoración que los demás hacen de otra persona, surgirá entonces la credibilidad, que es una cualidad que depende de la puntuación que se haga en función de los logros obtenidos: el atleta, un determinado equipo de trabajo, o el líder de una organización.

Lo que está claro, es que la valoración que genera credibilidad en las acciones de un líder o un equipo, se nutre básicamente en la confianza que genera en los demás. Por tanto, confianza y credibilidad son las dos caras de una misma moneda.

Pero, ¿puede quebrarse la confianza en algún momento de la relación? ¡Claro que sí! ¿Es suficiente con que se cometa un error? ¿O los errores cometidos y subsanados inmediatamente, liberan de dicha quiebra de confianza a la persona responsable?  Los errores cometidos tienen que servir necesariamente de experiencia, al mismo tiempo que aprendizaje, de aquellas personas responsables de las acciones que condujeron al error. Pero no deben obsesionar ni al que los ha cometido ni a la organización que se ha visto implicada en ello. Anclarse en el error, es poner el sello de finiquito al proyecto que se está gestionando, y comprometiendo seriamente la sostenibilidad de la organización.

No hay un número indicativo que diga que cometer dos errores sea positivo, ni que cometer cinco sea negativo.

La quiebra de la confianza

¿Pueden un líder y su equipo ser creíbles, pero al mismo tiempo notar que se ha perdido la confianza en ellos? O por el contrario, ¿la confianza depositada por parte de terceros no depende de la credibilidad, y sí de ciertas actitudes que no tienen relación directa con la preparación técnica y profesional?

Esto supone un punto crucial del análisis. Parece ser que en la recta final, cuando hay que emplearse a fondo, la quiebra de confianza es aún más perjudicial para las personas que la pérdida de credibilidad. La credibilidad es, en esencia, la fe y la confianza que otros tienen en las decisiones que tome el líder.

Entonces la cuestión es cuándo y por qué se quiebra esta moneda de dos caras que irremediablemente, como en un juego de mesa, nos hace regresar a la casilla de salida. Todos sabemos que para tener éxito en la vida, es más importante no cometer fallos que lograr aciertos, especialmente en las cuestiones trascendentales que afectan el desarrollo personal y profesional.

¿Se puede ganar la credibilidad? No se puede hacer un máster ni se puede comprar. Es algo que se debemos ganarnos.

Recetas para generar fiabilidad

Algunas recomendaciones para los jefes de equipo ante la pérdida de confianza:

– El líder tiene que poner tanto toda su experiencia personal como los recursos que tiene el equipo a disposición para que, tanto la dirección como los terceros interesados, constaten que la actitud del equipo es la de siempre, aquella por la cual se granjeó un determinado prestigio. Esto requiere buena comunicación interna y externa.

– El líder tiene que saber qué personas tienen que salir del equipo para salvar tanto a éste como a los proyectos que tiene en curso, buscando el mal menor y reasignando a una o más miembros a otros equipos. Que se vea desde fuera que hay cambios, no por estética, sino por necesidad. El cambio por cuidar las formas es habitual en los ambientes políticos, pero la confianza no se recupera porque la ciudadanía percibe inmediatamente cuando una decisión es solamente maquillaje.

– El líder tiene que comunicar con suma claridad los cambios, explicando las motivaciones que llevaron a tomar tal decisión en aras del éxito del proyecto y de cuidar el nivel de competitividad y buen posicionamiento de marca y organización. Es una forma de manifestarse como representante de la empresa, transmisor de ideas y metodologías, con verdadera transparencia.

En el mundo de la empresa, en la política y en cualquier ámbito de actividad humana, la credibilidad lo es todo. En muy difícil de construir, a veces se tarda años. Pero es muy fácil derribarla en días, incluso horas. Él éxito dependerá tanto de la credibilidad construida como de la sostenibilidad de la misma frente a los demás.

Ser más o menos creíble, es una especie de mensaje que una persona emite casi de manera inconsciente respecto a cómo es, si se puede contar con ella en cualquier momento que se la solicite, pero lo más importante, se sabe qué se puede esperar de ella.

Obviamente, la credibilidad es también el factor determinante para el desarrollo exitoso de la carrera profesional. De alguna manera puede inferirse, cuál será el alcance de los logros y objetivos cumplidos basados en toda una conducta y actitudes a lo largo del tiempo que han convertido a una persona en exitosa.

La forma más simple de probarla es comparar lo que una persona dice o promete con lo que finalmente hace. La brecha entre la acción y lo que ha prometido. Es una propiedad muy potente de nuestra personalidad, que permite proyectar el futuro.

Artículo realizado por: Salvador Molina, presidente de ECOFIN, José Luis Zunni ,director de ecofin.es y Eduardo Rebollada Casado miembro del blog de Management & Leadership de ECOFIN.

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